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martes, 21 de agosto de 2012

LA HISTORIA DE OSKAR

Me pide la mejor de todas las esposas (es decir, la mía), que ya que tengo un blog de historia militar, que vuelva a contar una vez más una anécdota, que siempre le ha encantado, acerca de uno de los personajes más curiosos y fascinantes de la guerra naval: Oskar.
El 27 de mayo de 1941, tras una increíble historia iniciada el 19 de mayo, que no se le hubiese ocurrido jamás a ningún buen guionista de Hollywood (ni de videojuegos que es ahora donde están las buenas historias), el orgullo de la marina de guerra de Hitler, El acorazado KMS Bismark se hundía, tras desigual batalla con los acorazados británicos HMS Rodney y HMS King George V.

KMS Bismarck
Tras hundirse, los navíos ingleses comenzaron la búsqueda y rescate de los supervivientes, interrumpida por posibles avistamientos de periscopios de submarinos alemanes. Sólo sobrevivirían 114 de una dotación de 2200 hombres.


En uno de los últimos barridos, el destructor HMS Cossack se detuvo, pues uno de los marineros juraba que le parecía oír el llanto de un niño en el agua…enfocado el lugar con un proyector, resultó que en medio de las aguas había un gato negro y blanco…subido a un tablón y maullando a la asombrada tripulación del destructor. Un emprendedor marinero se lanzó al agua con un salvavidas y atado con una cuerda, y cuando llegó donde el animal, éste le saltó majestuosamente a la chepa y no se movió hasta que fue izado a bordo.

Ya en cubierta, el gato, sin hacer caso alguno a la expectación que generaba, se dedicó a acicalarse con esmero. Desde luego que la situación era bien peculiar. Se miró el collar que portaba, y se encontró una plaquita con su nombre: Oskar. Y otra más, en la que se anunciaba que era parte de la dotación del KMS Bismarck, y que ostentaba el rango de KorvettenKapitan. No sólo procedía el gato del acorazado alemán hundido, sino que además, formaba parte de la oficialidad. Así que merecía trato especial.
Fue llevado en brazos al lugar más caliente y cómodo para él, al lado de las cocinas del destructor, donde se le preparó un rinconcito confortable. Durante unos días, Oskar no aceptaba la comida, sino que decidía robar la suya propia, de la propia cocina o del comedor. Se desató una gran polémica sobre si era adecuado dejarlo suelto por el barco, a fin de cuentas podía ser un espía alemán…eso y que no se ponían de acuerdo si era o no era nazi. Se resolvió felizmente la hilarante cuestión cuando el gato comenzó a aceptar comida de la tripulación. Se le declaró desnazificado, y se le puso una plaquita que demostraba su pertenencia a la tripulación del destructor.
Desde luego que Oskar no se iba a aburrir. El HMS Cossack era uno de los mejores destructores de la marina real. De la clase Tribal, con un desplazamiento de 2520 toneladas, un armamento de ocho cañones de 114 mm en cuatro montajes dobles, un montaje antiaéreo cuadruple de 40 mm y cuatro tubos lanzatorpedos de 21 pulgadas, eran barcos soberbios, que estaban siempre en lo más duro de los combates, y que pagarían un precio muy alto: 12 se perderían en combate, de una clase de 16.

HMS Cossack
Inmediatamente encontró un lugar privilegiado (con esa capacidad que tienen estas bolitas de pelo cálidas, mimosas y cabronas para estar siempre bien cómodas y no perderse ni una) para supervisar las operaciones: la toldilla del montaje X doble de 114 mm (en la Royal Navy, las torres de armamento principal se denominaban como A, B, y C las de proa; las de popa con X. Y, Z). Allí seguía atento las operaciones de combate, y en especial las acciones antisubmarinas, maullando con excitación a los atareados marineros que servían las cargas de profundidad a popa del destructor.
El 23 de octubre de 1941, mientras escoltaba un convoy desde Gibraltar al Reino Unido, fue torpedeado por el submarino alemán U-563 mandado por Klaus Bargsten. Quedó muy dañado (el torpedo impactó en la zona del puente de mando, y la explosión mató al capitán y a 127 hombres), y fue remolcado en dirección a Gibraltar. Sin embargo, en medio de mala mar, el cable se rompió tres días más tarde, el 26 de octubre; hundiéndose el HMS Cossack al día siguiente, el 27 de octubre, con la pérdida de 159 hombres (entre el ataque y el hundimiento posterior) de una tripulación de 219. Oskar saltó con tranquilidad y dignidad a una de las balsas con algunos supervivientes, fallando el salto y acabando en el agua, de la que fue rescatado por una mano salvadora. Si es que la veteranía es un grado…
Un grupo de supervivientes, entre los que se encontraba Oskar, fueron trasladados al portaaviones de la Mediterranean Fleet británica HMS Ark Royal. Y éste era otro navío mítico. De 22000 toneladas de desplazamiento, y con un complemento aéreo de 50 a 60 aeroplanos, era uno de los mejores portaaviones de la Royal Navy. Al principio se encontró confuso, pero un par de visitas “guiadas” a las cocinas le acabaron por aclimatar a su nuevo hogar.

Ark Royal. Le sobrevuelan varios Swordfish
Y si un destructor le había encantado, el portaaviones era muchísimo mejor. Oskar se convirtió de manera inmediata en un asiduo espectador de las operaciones aéreas. Se pasaba horas y horas viendo el despegue y aterrizaje de los Fairey Swordfish, Albacores y Fulmars, bien aposentado en alguno de los montajes antiaéreos pompoms octuples de 40 mm, situados a proa o popa de la isla. Y moviéndose lo imprescindible para no molestar (pero no perderse nada) durante los zafarranchos de combate.


Montajes antiáreos óctuples pompoms. Si es que los gatos se buscan cada sitio...

Fairey Fulmar

Fairey Albacore
El historial de combate del HMS Ark Royal es impresionante (como curiosidad mencionar que de ese portaaviones había partido el ataque de los aviones torpederos Fairey Swordfish que al torpedear el KMS Bismarck le destrozaron los timones, facilitando así su hundimiento posterior), y era considerado un buque con suerte. Pero ésta se le acabó el 13 de noviembre de 1941. El submarino alemán U-81, al mando de Friedrich Guggenberger, le alcanzó con un solo torpedo en la amura de estribor. No parecía grave, así que se le comenzó a remolcar hacia Gibraltar. Sin embargo, y sigue habiendo mucha polémica al respecto, ya fuese por defectos de diseño o fallos de los equipos de salvamento y contención de daños, su escora aumentó muchísimo, por lo que se hundió al día siguiente, el 14 de noviembre de 1941, a sólo 20 millas de puerto.

Oskar que había quedado un poco magullado en el torpedeamiento (estaba al parecer subido en uno de los montajes antiaéreos y fue lanzado contra un mamparo) se mantuvo en su posición preferida, supervisándolo todo como sólo un gato es capaz de hacer (y sin perder detalle que es lo peor que le puede suceder a un gato), y no subió a un bote salvavidas hasta que la inclinación de la cubierta estaba a punto de lanzar los aviones, aparcados en ella, al agua. De todos modos, en este hundimiento les dio a los marineros algo más de suerte, pues sólo falleció un tripulante, y fue por la explosión del torpedo.
Y así empezó una nueva vida en la base naval de Gibraltar, con múltiples correrías, aventuras y robos de comida del comedor de oficiales. Se hizo bien popular, pero generó, sin desearlo un problema importante. Siguiendo su vocación marinera, intentaba colarse nuevamente en otro buque de guerra, de donde era expulsado sin contemplaciones. A fin de cuentas, el animalito no era consciente que ya había “hundido” el mejor acorazado alemán, uno de los mejores destructores británicos y el mejor portaaviones que tenían los ingleses en el Mediterráneo, en una fase bien crítica de la guerra. Desde luego que no eran nada buenas sus referencias…
La solución vino dada de un capitán trasladado desde la base de Belfast a Gibraltar. En una comida en la cantina de oficiales, salió a relucir el tema de Oskar, y recordó que en el hogar del marino jubilado de Belfast había muerto hacía poco el gato que tenían, y que podía nuestro pequeño protagonista ocupar la “plaza” vacante. Dicho y hecho.
            Esa misma noche, se metió a Oskar en un avión (se ve que nadie quería llevarlo en barco), y se le trasladó a su nuevo hogar. Y allí vivió tranquilo, feliz y dichoso muchos años más, muriendo en 1955. Se dice, que su lugar preferido era una ventana del último piso, desde la que se veía el puerto y la mar, lugar donde se pasaba horas y horas, quizás recordando antiguas aventuras…

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