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jueves, 12 de diciembre de 2013

LA CURIOSA HISTORIA DEL CAÑÓN L7

Lo divertido de la historia militar es que registra ciertos acontecimientos, en especial con el desarrollo de nuevo equipamiento y armas, que más parecen ser sacados de un buen culebrón que de un sesudo ensayo militar. Y afecta tanto a armas extrañas como a las que acabaron por implementarse en gran cantidad y que contaron posteriormente con muchos años de exitoso servicio. Historias, además, poco conocidas para muchos aficionados, y sorprendentes una vez que se conocen. Una de ellas, es la del cañón de 105 mm británico Royal Ordnance L7.



En un trivial con preguntas de temática militar, si hablamos del cañón de carro de combate montado en un mayor número de modelos diferentes, la respuesta, sin duda alguna sería la de esta pieza británica. Y es extraño, pues de no haber sido por un par de acontecimientos de la guerra fría, dicho cañón, no hubiese pasado de ser una mera anécdota en la historia de un par de esos modelos. Pero volvamos al pasado.

Año 1956. Si hay unos militares felices en ese año, sin duda son los miembros del Royal Armored Corps (RAC) británico. Y tienen una buena razón: tripulan el mejor carro de combate medio del mundo: el Centurión. Tras los pésimos modelos (os remito a la serie “Al servicio de su Majestad” de este mismo blog) de la Segunda Guerra Mundial, sobre el final de la misma han conseguido el sueño del “Universal Tank”. Y además lo han probado en combate, durante la guerra de Corea. Prueba de la que ha salido con un sobresaliente bien alto. Cierto que les preocupa el carro pesado soviético Josif Stalin III, pero para eso están desarrollando su carro de combate pesado Conqueror. Y conocen los defectos y dificultades de construcción de dicha serie de pesados gracias a un golpe increíble de suerte: tienen en su poder un ejemplar en perfecto estado de su antecesor, el IS-2; encontrado en su sector de Berlín, en 1946, durante el desescombro de un edificio de apartamentos (y ello pese a que los soviéticos hicieron una minuciosa limpieza de todo tipo de material militar, en especial del suyo propio, antes de entregarles el sector).

JS-III desfilando en Berlín. Su aparición causó honda impresión.
Centurion Mk 3 en Corea. 

El resto de los carros de combate soviéticos no dejan de ser de la Segunda Guerra Mundial o evoluciones de los mismos: el bien conocido T-34-85, el cazacarros SU-100 y el nuevo T-54 (que empezó su desarrollo en 1946, y que comienza a ser construido sobre finales de 1953), que según inteligencia no deja de ser un T-34 con esteroides, un poco mejor blindado pero que sigue con casi el mismo cañón de 85 mm…

El antecesor del T-54: T-44 con cañón de 85 mm ¿confundió a los servicios de inteligencia occidentales?

Pero ese año, y el siguiente, muchas cosas van a cambiar. La primera viene de la intervención soviética en Hungría, del 23 de octubre al 10 de noviembre. Dicha intervención, desde el 4 de noviembre hasta su conclusión acabó con fuertes enfrentamientos entre patriotas húngaros y soldados rusos, con 2.500 muertos por el lado húngaro, y unos 772 soldados del Pacto de Varsovia fallecidos. Durante esos combates la inteligencia militar británica obtuvo un premio gordo: la posibilidad de hacer un examen minucioso (aunque breve) de un T-54 capturado por húngaros. Se cuenta incluso, que mediante valija diplomática, ciertas piezas y hasta proyectiles llegaron al Reino Unido.

T-54 con patriotas húngaros. El examinado fue, al parecer, conducido hasta la misma Embajada Británica. 


Dos fotos que muestran la dureza de los enfrentamientos.


El disgusto, con los datos obtenidos, fue mayúsculo. Todo lo que se pensaba del T-54 era erróneo…El blindaje por ejemplo, del frontal del casco era mayor de lo esperado, de unos 100 mm con una inclinación de 60º; mientras que la torre, con una excelente forma balística, arrojaba unos 205 mm en el frontal y unos 80 mm en los laterales. En teoría, las pruebas del cañón de 20 libras que armaba a los modelos de Centurión habituales del ejército británico, los MK 3 y Mk 5, garantizaban que esos espesores podían ser perforados por la munición APDS en servicio, a sus buenas 2000 yardas. ¿Pero qué pasaría si se le aumentaba el blindaje? ¿y si salía un modelo mejorado?.  Y además había que contar con que el cañón que montaba no era de 85 mm, era el D10T de 100 mm. Y eso eran palabras mayores.

el cañón D10T...lo cambiaba todo.

T-54 soviéticos en Budapest. Una historia de la guerra fría asegura que había un equipo de boinas verdes en Austria preparado para hacerse con uno de los nuevos carros soviéticos más cercanos a la frontera.
Se había asumido que en un conflicto convencional en tierras Europeas, por ejemplo, los Centurión serían casi invulnerables en combate carro contra carro contra los más numerosos T-54 en un rango que iba de esas 2000 yardas mágicas, hasta las 1000 – 1200 yardas. Y por debajo de las mismas, pruebas realizadas con cañones de 85 mm de T-34-85 capturados en Corea, mostraban una gran resistencia del carro británico. Todo eso se desvanecía con el nuevo cañón soviético.

Cierto es que el Conqueror mantenía su buena superioridad con su blindaje y con su cañón de 120 mm, pero estaba ideado para enfrentarse a los JS-3, y se pensaba fabricar en escaso número a partir de 1955 – 1956. Y justo en toda esa preocupación, el 1 de mayo de 1957, en el desfile de la Plaza Roja de Moscú apareció el sustituto del JS-3: el temible T-10, cuyo blindaje ya ascendía a los 250 mm en el frontal de la torreta, y 230 mm en su bien angulado casco. Y lo peor de todo, es que su “némesis”, el citado Conqueror, estaba siendo un desastre a su entrada en servicio: lento, poco fiable y con una autonomía ridícula. Todo eran problemas…

Conqueror con cañón de 120 mm. Sólo se fabricarían 200 que estarían en servicio hasta 1966.

Era preciso, por tanto, proceder a rearmar los Centurions, tanto los que estaban en servicio como los nuevos modelos ya en inicio de fabricación, los Mk 7 y Mk 8. Y para buena fortuna de los británicos, disponían de un excelente cañón de 105 mm, al final de su desarrollo iniciado en 1950: el Royal Ordnance L7 de 105 mm.

Centurion Mk 5 con el OQF de 20 libras.

¿Y qué tenía de bueno esta pieza? La respuesta era bien sencilla: todo. De entrada era del calibre soñado por aquellos años, el 105 mm. Hasta entonces lo más cercano que se había desarrollado era de 90 mm o de 100 mm (franceses, y como hemos visto, los soviéticos). Por encima de esos calibres, la recámara era muy pesada y enorme, al igual que el tubo, cuyo desgaste era importante. Además, el peso del proyectil obligaba a cargas importantes, que de reunirse en un solo cuerpo ambos componentes, resultaba en munición muy larga y pesada. Ello obligaba a torres mayores, y a tener dos tripulantes haciendo función de cargadores, con el engorro consiguiente. Los americanos lo habían sufrido de lo lindo en su pesado T-29, por ejemplo. Y no habían quedado nada satisfechos de la experiencia.
El nuevo cañón británico, desarrollado en Fort Halstead, mediante la aplicación de nuevas técnicas metalúrgicas, eliminaba todos esos inconvenientes, y gracias a su ánima rayada poseía una precisión encomiable. Y lo mejor, su capacidad antiblindajes era soberbia. El desarrollo terminó a finales de 1955, y la idea era proceder a fabricarlo en un número aproximado de 1.700 unidades para rearmar viejos Mk 5 y dotar a nuevos Mk7. Curiosamente el desarrollo se vería más entorpecido por el retraso en el desarrollo de munición APDS y HESH para el nuevo cañón, que impedía rediseñar los nuevos almacenes de municiones, que el propio montaje del cañón en la torreta; pues la cureña era de casi las mismas dimensiones que el OQF de 20 libras. El coste de cambiarle el cañón a un Centurión armado con el 20 libras no era muy caro: cerca de 2.100 £ de la época; siendo en total precisas unas 250 horas de trabajo para el Mk 5; y algo menos, 130 horas para los Mk 7 y Mk 8. Los carros así transformados recibían el añadido /1 en su denominación, es decir, Mk 5/1, Mk7/1 y así.

Centurion Mk 7/1.
Pero en 1956, habían tenido lugar la alocada intervención Franco-británica en Egipto, tras la nacionalización del canal de Suez. Una arrolladora victoria militar se había transformado en una debacle política, donde habían logrado lo impensable en plena guerra fría: cabrear al unísono, y ponerlos en su contra, tanto a rusos como a americanos. El final de la crisis significó el final de la carrera política del primer ministro Anthony Eden; y su sucesor, el conservador Harold McMillan venía con ideas muy diferentes.

Centurion en Suez...
y uno de sus enemigos. Cazacarros Archer de la Segunda Guerra Mundial...de origen británico.
 Maurice Harold McMillan sería primer ministro del Reino Unido de 1957 a 1963, y sería recordado por una gestión particularmente exitosa en numerosas políticas de gobierno. Defensa no fue una de ellas. Decidido a recortar el enorme gasto en defensa, por aquel entonces de un 8% del PIB, hasta un más manejable 3 – 4 %, estableció una serie de prioridades que el tiempo demostraría, en alguna de ellas, que eran totalmente erróneas. De entrada, un éxito, decidió en 1960 abolir el servicio militar obligatorio, reduciendo de forma considerable el tamaño de las fuerzas armadas, pero volviéndolas más eficaces y profesionales. Pero, confundidos con los cantos de sirena de la época nuclear, se convenció (con la aquiescencia tanto de su partido como de los laboristas) que la época de los conflictos convencionales había pasado. Así que centró su política de defensa en misiles antiaéreos, mejora de armas nucleares, y un gasto enorme en la que sería llamada la fuerza V, de bombarderos estratégicos con capacidad nuclear. Hasta gastó un dineral en construir una especie de primitivo misil de crucero: el Blue Steel, y en dotarlos de bombas nucleares de caída libre mejoradas: Yellow Sun y Blue Danube.

Harold McMillan.
Esta política anunciaba al mundo una idea bien clara: la vieja Britania dejaba de ejercer de potencia mundial, y se retiraba a sus fronteras. El contribuyente estaba encantado, pero sus aliados de la OTAN estaban que rugían. Significaban estos recortes que la inversión en armamento convencional se reducía notoriamente, y más en un momento en el que el rearme del bloque comunista era más que notorio. Y sobre todo quedaba afectada una de las mejores unidades del ejército: el British Army of the Rhine (BAOR).



La fuerza V. De arriba abajo: Valiant, Victor y Vulcan, con un misil Blue Steel. La verdad es que son de los bombarderos más bonitos jamás fabricados.
El BAOR era una unidad acorazada, de gran nivel, y que se veía como clave para detener una embestida blindada soviética a través de Alemania. La idea era retirarlo de allí, pues ya muchos civiles germano occidentales la veían con malos ojos, y como una rémora del pasado. Por supuesto que los políticos alemanes opinaban de otra manera. Y es más, la querían modernizada y a buen nivel.
Con este clima estaba claro que la dotación presupuestaria para la modernización de los Centurions estaba en claro peligro. Por ejemplo, el programa de añadir blindaje supletorio de 55 mm al glacis recibió la exigua dotación de 235.000 £, lo mismo que costaba fabricar un Centurión Mk 3. Al final, por las presiones de los aliados, se llegó al compromiso de rearmar uno de cada cinco Centurión del BAOR, en una proporción parecida a la que se había hecho respecto al Sherman Firefly en la Segunda Guerra Mundial.

S.M Isabel II pasando revista al BAOR, en 1977.
Y entonces de forma sorprendente, un sector del RAC se opuso a ello. Y tenían sus buenas razones. Por aquel entonces, Vickers estaba desarrollando un nuevo carro de combate, con todas las ventajas del carro pesado y del medio juntas, y ninguno de sus inconvenientes. La idea, era que reemplazase tanto al Centurión como al desastroso Conqueror. Con buena movilidad, buen blindaje y un nuevo cañón de 120 mm, pasaba del concepto de Universal Tank, al más actual y moderno de Main Battle Tank (MBT). Su código era el de FV4201, y el tiempo lo conocería como uno de los mejores carros de combate de la guerra fría: el Chieftain.
Otro desfile en el Berlín de la guerra fría. Esta vez son Chieftains de la Berlin Brigade del BAOR.
A pesar del buen avance del desarrollo, se estipuló que no comenzaría a aparecer en las unidades hasta pasado 1966. Así que se decidió una solución de compromiso. Rearmar sólo los Centurión Mk 7 en adelante, éstos cambiándoles el cañón de 20 libras, y los siguientes modelos, ya de nueva construcción, con el L7. Los Mk 3 y Mk 5 serían retirados a la reserva estratégica del Reino unido, y o bien destinados a exportación o bien rearmados si las circunstancias lo requiriesen. Al final, con los lógicos retrasos del Chieftain, todos los Centurión del BAOR y del ejército británico serían dotados del nuevo cañón de 105 mm.

Conqueror, Centurion Mk 7/1 y el nuevo Chieftain...foto de familia.
Y aquí terminaría el post, como una mera anecdótica del rearmado de un carro británico, de no haber intervenido dos nuevos protagonistas: norteamericanos y franceses.
Si los ingleses estaban preocupados, los americanos estaban al borde del pánico con los informes sobre las capacidades reales del T-54. Su carro de combate más numeroso, el M-48 Patton, poseía un blindaje más liviano que el Centurión y estaba equipado con el cañón M41 de 90 mm, el cual no dejaba de ser una evolución del cañón M3 que montaba el Pershing. Además, habían suministrado casi 7.000 carros de combate del modelo anterior, el M47, a franceses, italiano, alemanes y otros aliados, el cual estaba armado con el M36 de 90 mm. Ambos cañones quedaban justitos, y nunca acabaron de satisfacer del todo al US Army. Y su carro de combate pesado, el M103 con cañón de 120 mm, presentaba problemas similares a los del Conqueror. Un pesado que no cuajaba, y dos medios, que habían sido desarrollados a toda prisa, sin mucho cuidado, mezclando componentes de diversos prototipos, y con problemas en su movilidad, fiabilidad, autonomía, blindaje y cañón ante los nuevos (y más numerosos) carros de combate soviéticos. No tenían fuerzas acorazadas: tenían un inmenso parche. Y los aliados a los que habían ayudado (incluyendo a nosotros, los españoles, también).

M47 de la República Federal Alemana, en los años 50.
y M47 españoles, del inmortal regimiento Numancia.
Ya desde mediados de los cincuenta diversos programas intentaban solucionar esta crisis. Apostaron por los cañones de ánima lisa de 90 y 105 mm (los T208 y T210, respectivamente). Fallaron, ninguno estaba a la altura, sobre todo en precisión. Y de hecho nunca desarrollarían un buen cañón de ánima lisa: para el Abrams, en los 8,0 tuvieron que comprar el Rheinmetall germano de 120 mm.
El programa más prometedor era el del carro medio T-95. Era el típico proyecto de armas occidental: metemos todas las nuevas tecnologías posibles, lo más prometedoras y menos desarrolladas que se puedan, aumentamos los costes sin parar y al final elegimos (después de unos cuantos milloncejos de dólares de impuestos dilapidados) una solución más barata, útil y de compromiso.
Como es de esperar, a finales de los cincuenta, el programa, pese a intentar abaratarse con componentes del M48 (sobre todo su torreta) hacía aguas en un punto: el cañón. La única pieza rayada, el T140 de 105 mm había sido probado en el curioso diseño del T54E1. Una especie de M48 con torreta dotada de cargador automático del cañón, muy al estilo de los AMX 13 franceses. Pero las prestaciones del T140 eran discretas, no mucho mejores que las del M41. Otro callejón sin salida.


Diversas propuestas del carro de combate medio T-95. Tengo la sensación de haber visto antes ese tren de rodaje...
Había otro proyecto, de Chrysler Corporation, con el nombre de M60 que prometía mejores y más rápidos resultados. Pero faltaba el cañón…

T54E1.
El US Army ya conocía el L7, no sólo por lo que les había comunicado los británicos, sino porque ya lo habían comprado, pero para Holandeses y Daneses. Ambos, equipados con Centurión Mk 5, fueron elegidos para recibir el kit de transformación del cañón de  20 libras al 105 mm. El coste fue pagado por el Programa de Ayuda Militar Norteamericano, y completado a principios de 1964. ¿Y si funcionaba esa transformación en los carros del US Army y del USMC? Así que se compró directamente a fábrica un cañón L7, junto con munición, se montó en un avión de transporte y se llevó directamente a Detroit.
Ese cañón se montó primero, oh sorpresa, en un prototipo del T95, que fue denominado como T95E3, y fue enfrentado en pruebas a otro T95 dotado con el cañón de 105 mm y ánima lisa de origen estadounidense, y código T95E4. La primera sorpresa… el montaje del inglés era mucho más sencillo, y de hecho el E4 requirió usar la torreta de otro proyecto, el T96. Y en las pruebas de tiro, no hubo color: el L7 barría ampliamente…
No se cortaron un pelo: hablaron inmediatamente con Royal Ordnance y le compraron la patente. Lo modificaron levemente, a fin de reducir el recorrido del retroceso, y lo llamaron M68 105 mm Rifled Tank Gun. Ya tenían cañón para el M60. Y tan exitoso fue, que el binomio M60 – M68 de 105 mm todavía sigue en servicio en múltiples países, ¡después de 50 años! Por cierto, a fecha de diciembre de 2013, en España seguimos teniendo en dotación el M60A3 TTS, encuadrado dentro del Tercio de la Armada (Infantería de Marina).

M60 de primeras series.
M60 A3TTS español.
Y una nota curiosa. Se planteó si se adaptaría el cañón al M48, y tal efecto se modificó un M48A2. Éxito total. Y la sorpresa: embarcados en la construcción del M60, el rearme de los M48 del US Army y del USMC no fue considerado. Los primeros M48 rearmados fueron los israelíes, con un programa que dio comienzo en 1967, poco antes de la guerra de los Seis días, recibiendo el código de M48A4 (de facto aprovecharon el viejo código pensado para tal modernización en el US Army). Los norteamericanos copiarían las mejoras hebreas a su proyecto inicial, pero ya en los 70, cuando la producción de M60 no fuese suficiente para reemplazar los viejos vehículos en poder de la Guardia Nacional.


Los siguientes protagonistas, de forma indirecta, fueron los franceses. A mediados de los cincuenta surgió un consorcio franco alemán, con el fin de conseguir un carro de combate medio mejor que el M47 de la ayuda norteamericana. Y a ese consorcio, se unieron los italianos, acuciados por el mismo problema.
Como de costumbre los gabachos fueron muy por libre. Se habían comprometido a suministrar el cañón. No en vano, poseían un excelente programa de piezas de 90 y 100 mm para sus proyectos AMX-50 y AMX-13; y estaban desarrollando otro buen cañón rayado de 105 mm, el F1. Pero por lo demás, se peleaban sin parar por el resto de especificaciones. Al final, el programa quedó dividido. Los italianos y germanos desarrollaron el Leopard 1, y los franchutes el AMX-30. Es curioso, pues ambos carros son muy similares en su concepto y características. Bueno el motor alemán era fiable, y el francés un desastre. Como comparar un Mercedes con un Citroên…Aunque bien pensado, la jugada no les salió de todo mal: pudieron vender su AMX-30 a quien les dio la gana, sin tener que pedir permiso a nadie.

AMX 30 español de la inmortal Cía. Bakkali. España, en aquellos años intentó comprar el Chieftain o el Leopard 1. Los británicos (debido a que seguí la dictadura) no quisieron vender el primero y vetaron, por el L7, la adquisición de los segundos. Los franceses ocuparon el lugar...

Uno de los prototipos del Leopard 1
Los alemanes poseían un buen cañón de 90 mm, mejor que el americano y el 20 libras, pero con los nuevos datos obtenidos del T-54 (y luego del T-55) vieron que podía quedarse corto. Y con gran pragmatismo, atajaron: compraron en 1959 unas 1.500 unidades del cañón L7A1 a la Royal Ordnance. Como su torreta inicial era un pelín baja, la parte superior de la cureña se recortó para permitir una depresión de – 9º. Al final, la torreta Porsche adoptada en el modelo final no lo precisaba, pero la modificación ya estaba hecha, y ese cañón recibió una nueva designación: L7A3.

El último modelo de Leopard 1: Leopard 1A5.
¿Y cómo les fue a los carros equipados con el 105 mm? Pues de pegada…todo carro soviético que se enfrentó a ese cañón acabó muy mal parado, desde las guerras árabe – israelíes de los 60, 70 y 80; pasando por la guerra Irán – Iraq, la guerra de Angola y la guerra del Golfo de 1991. En 1982, durante su invasión del Líbano, los hebreos que dotaban con el derivado norteamericano M68 a sus nuevos y flamantes Merkava 1 lograban perforar sin problemas el frontal del nuevo carro de combate soviético, el T-72.

Merkavas 1 en el Líbano.
Y por curiosidad ¿cómo les fue a los Centurión de 20 libras y los M48 con cañón de 90 mm? Pues curiosamente bien. El T-54/55 pese a sus grandes virtudes, tenía problemas de precisión por encima de las 1.300 yardas. Además su torreta imponía una recarga más complicada y lenta. Los Centurión Mk 5 indios, en 1965, le dieron buena estopa a los M47 y M48 Pakistaníes en un lugar llamado Assal Uttar; y los Mk 5 Jordanos aniquilaron una unidad blindada siria equipada con T-55 y t-62 en septiembre de 1970. Por su parte los M48 israelíes con cañón de 90 mm, en la guerra de los Seis días, y sus homónimos survietnamitas en las invasiones de 1972 y 1975, realizaron un excelente papel.

Assal Uttar...
¿Y el L7? Pues acabó armando carros de combate de muy diversa procedencia, no sólo los M48, M60, Centurión y Leopard 1. Incluid las primeras versiones del M1 Abrams, el Olifant sudafricano, el K1 surcoreano, el Type 74 japonés, el EE-T1 Osorio brasileño, el OF-40 italiano, los Merkavas I y II israelíes, los Pz61 y 68 suizos, el Tam argentino, el Stridsvagn 103 sueco, el Vijayanta indio…hasta llegó a rearmar los T-54 y T-55, en programas israelíes y egipcios. Y por supuesto, los chinos lo copiaron, en forma del type 79/81/83, y rearmaron type 59 con el mismo. Y no quiero olvidar los M47E2 del regimiento de carros de combate Córdoba nº 10, dotados con dicha pieza.

Pz68.
TAM.
Type 88.

Type 74.

M47E2.
El US Army sigue usando ese cañón, con excelentes resultados operacionales (pese a sus problemas iniciales), y dotado con cargador automático y denominación M68A1E4, en su vehículo blindado Stryker M1128 MGS.

M1128 MGS en Iraq.
Al L7 le queda todavía mucha vida operacional tras más de medio siglo de servicio. No está nada mal para una pieza que fue pensada para un apaño rápido…



3 comentarios:

  1. Wow! Estaba buscando otra cosa cuando de repente me topo con esta pekeña maravilla... Excelente presentación, ni sabía todas estas idas y vueltas del L7. Es más, siempre leí las historias de los T54/55, M103, Conqueror, Centurion y T10 por separado, pero la verdad, puesto todo en este contexto, es espectacular! Gracias y buena suerte!

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  3. Que buen trabajo. Desconocia la historia por completo, y eso que lo he vivido de cerca. Además hay muy poca información de este cañón en castellano por Internet.
    Te felicito!

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