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martes, 18 de marzo de 2014

AL SERVICIO DE SU MAJESTAD 4 (Parte 2)

VALENTINE (1943 - 1960)


En la operación Husky de julio de 1943, no participó ya ningún Valentine en las unidades acorazadas británicas. El Sherman ya se fabricaba en número suficiente para sustituirlos, con la ventaja de ser un carro de combate mejor y más polivalente. Los que quedaron en el Norte de África fueron destinados a los franceses libres, que no los aceptaron tan mal como a los Crusader, pero aún así siguieron exigiendo Shermans y cazacarros M10. Y también a los polacos, que entrenaron con ellos sin parar, y que los acogieron de maravilla, pero huelga decir que esa gente le tenía tantas ganas a los alemanes que eran capaces de irse a combatirlos incluso subidos a un triciclo armado con un tirachinas…

Sí que participó un derivado del Valentine que se había estrenado en la campaña de El Alamein: el cañón autopropulsado Bishop. Dicho nombre, obispo, seguía la broma del GMC M7 americano de 105 mm, que debido a su curioso montaje en púlpito de su ametralladora AA ma deuce del calibre cincuenta, era apodado como Priest, cura. Era el primer intento serio de los británicos de producir en serie un vehículo similar, y para ello encargaron a nuestros viejos amigos de la Birmingham Railway Carriage and Wagon Co. Así que cogieron el bien probado cañón OQF de 25 libras y el bien probado chasis del carro de combate Valentine: fue un fiasco…


La pieza era demasiado grande y pesada para la estrecha cámara de combate, lo que obligó a montarla bastante alta. Su peso, empeoró las prestaciones de los Valentine II y III usados para la conversión. Y lo peor es que los diseñadores se empeñaron en colocarla en una casamata cerrada y con blindaje de 30 mm. De resultas, el “invento” tenía una silueta muy alta, y la pieza un movimiento transversal de sólo 4º a cada lado. Peor era la elevación, limitada a 15º, lo que implicaba que su alcance quedaba disminuido a unas 6.400 yardas, contra las casi 14.000 del cañón original. Y la munición, reducida a 32 proyectiles, repartidos en 21 de alto explosivo y 11 perforantes anticarro (no olvidemos que se usaba ese cañón como pieza antitanque a la desesperada). La cámara de combate sólo aceptaba a tres tripulantes en la torreta, en condiciones atroces de estrechez incluso para un Hobbit… sólo se fabricarían 149 vehículos, que se usarían en el Norte de África, algunos en Sicilia, y en muy escaso número, hasta recibir piezas mejores como el M7 o el Sexton, en la campaña italiana.


Dos vistas de la estrecha cámara de combate del Bishop.

Poco a poco, los Valentine que quedaban en servicio eran reemplazados por Shermans, Churchills y luego A27M Cromwells, lo que significaba que quedaban un buen número de chasis, en buen estado, y muy fiables mecánicamente para los más variados proyectos. Nuevos vehículos que se veía que serían muy necesarios en la invasión de Francia, la que sería la operación Overlord. ¿Hacía falta un transportador pesado? Valentine. ¿Se precisaba un carro que iluminase por la noche las operaciones? Valentine. ¿Se debían mejorar los Scorpion barreminas?, pues Valentine… Tres serían sin embargo las modificaciones que más fama alcanzarían.

La más exitosa, curiosamente, es la menos conocida: el Valentine Lanzapuentes. Hasta ocho compañías fabricarían un total de 282 de estos carros de ingenieros, con precios muy variables, desde las 643 libras hasta las 1.150 libras esterlinas, por cada puente. Se usarían en todos los terrenos de operaciones, desde Italia pasando por Birmania, y hasta el final de la guerra, desde su entrada en servicio en Otoño de 1942. En Italia, se decía que uno sólo de ellos era más valioso que un regimiento de carros Churchill, y no se escatimaba esfuerzo alguno en proteger su vital labor. Por ejemplo, la 27ª Brigada Acorazada, el día D, planeó su desembarco en la tarde del 6 de junio con vistas a proteger sus tres valiosísimos Valentine Scissors Bridgelayers. En 1949, en el ejército británico quedaban todavía unos 21 en inventario, y los dos últimos se retiraron en 1959.



Los desembarcos de Madagascar, Sicilia y Salerno revelaron la gran necesidad de toda fuerza de asalto anfibia en los primeros momentos: es imprescindible contar con apoyo de carros en la primera oleada misma. Desembarcarlos directamente desde los barcos exponía a éstos a un fuego hostil de forma inaceptable. Y la otra posibilidad, equiparlos con dispositivos de vadeo profundo no era del todo ideal. Algo tan simple como un cráter provocado por el bombardeo de la artillería naval podía hacer que se hundieran e impedir su llegada a la playa. Era preciso, por tanto, que los carros de combate pudiesen navegar por sus propios medios.

Hasta entonces los intentos habían sido muy diversos, y poco exitosos. Desde los complicados y farragosos Tauchpanzer sobre PzIII germanos, a los excesivamente ligeros, voluminosos y mal armados Type 2 Ka Mi nipones. Pero los aliados tuvieron la inmensa fortuna de contar con un extraordinario inventor e ingeniero de automoción de origen Húngaro: Mr. Nichols Straussler.

Tauchpanzer alemán
Type 2 Ka Mi japonés.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial emigró a Gran Bretaña a trabajar con la Alvis Ltd en sus proyectos de automóviles. Era ya un reputado ingeniero en su Hungría natal, aunque era famoso por sus diseños excéntricos y futuristas. La idea que tuvo para crear carros de combate anfibios no podía ser más sencilla a la par que innovadora. De entrada pensó en usar botes de asalto de lona plegables que pegados a los laterales proveyeran de suficiente flotabilidad, pero la idea no le pareció lo suficientemente buena: la idea de ver playas llenas de dichos botes, que además eran demasiado frágiles, no le satisfacía.

Nichols Straussler

Así que en 1941, logro hacerse, gracias a la casa Vickers, con un carro ligero Mk VII Tetrarch y modificarlo con su revolucionario diseño. Lo presentó en Londres, en Hendon Reservoir en Junio de 1941 a una comisión encabezada por el general sir Alan Brooke. Todos quedaron realmente impresionados…el citado carro ligero flotaba gracias a una pantalla de lona plegable, que seguía funcionando aún siendo dañada por fuego de ametralladora, y se propulsaba por su propio motor, que trasmitía su energía a una hélice trasera que se podía plegar en tierra. No podía ser más sencillo a la par que eficaz.

El primero: Tetrarch DD

En un nuevo testimonio a su fiabilidad, se elegirían versiones con el motor GMC para los ejemplares de producción, la cual terminaría en diciembre de 1944. Para entonces, se fabricarían 137 Valentines DD sobre chasis del Mk V, unos 198 sobre el Mk X y 260 sobre el Mk XI. Se reunirían en una unidad: la 27ª Brigada Acorzada, constituida por el 4th/7th Dragoon Guards, 13th/18th Hussars y the East Riding Yeomanry (habría un cambio en febrero de 1944, quedando la 27ª acorazada sólo con los Dragoon Guards como unidad con DD, y pasando el 13th/18th de húsares a la 8ª Brigada acorazada, los East Riding Yeomanry volverían a usar blindados normales, dejando su equipo DD a los Sherwood Rangers). Entrenarían con gran intensidad las especiales características de sus nuevas monturas, y extraerían lecciones muy valiosas de su empleo: la primera, que no se debían usar en mar con más de fuerza 3, que la distancia máxima para ser botados desde los LST era de 4500 yardas, y que el momento más peligroso era al salir por la rampa de dichos LST; momento en el que se corría el riesgo, si no se conducía con cuidado, de hacer extensos rasgones en la lona de la pantalla.



Dichas lecciones no saldrían gratis, habiendo numerosos accidentes en el entrenamiento. Uno de los más graves lo sufriría el 4th/7th en la bahía de Studland, el 4 de abril de 1944. Un cambio brusco en la intensidad del viento ocasionaron olas de más de 5 metros, que terminaron por hundir a 6 Valentines DD con la muerte de 6 tripulantes; llegando el resto de carros a la costa prácticamente inundados.

Valentine Mk IX DD, conservado en la actualidad, y propiedad del coleccionista John Pearson.

Es cierto que al final quien se llevaría la fama el Día D serían los DD sobre el carro norteamericano Sherman, pero por poco. Por ejemplo, el 12th/18th Hussars cambiarían sus últimos Valentine DD por Shermans DD de fabricación norteamericana, justo el día antes de la invasión, el 5 de junio de 1944. Pero su contribución a entrenar tripulaciones y mandos en el difícil empleo de los nuevos carros anfibios no debe ser olvidada. Sólo comparando el éxito de los Duplex Drive en las playas británicas y canadienses con el desastre de los batallones de tanques 743 y 741 del US Army en la playa de Omaha (dos unidades que sólo llevaban entrenando desde finales de abril) se puede dar uno cuenta de la gran importancia que tuvo disponer durante esos cruciales meses de los Valentine DD.

Al final se llevó toda la gloria: Sherman DD.

Pocas acciones de combate verían los Valentines anfibios, y sería en teatros secundarios: con el 7th Hussars en el cruce del río Adige, en Italia, el 29 de abril de 1945; y con el 25 de Dragones en Birmania, también en abril de 1945.

Es increíble la cantidad de lecciones que los constructores de carros de combate británicos no supieron aprender de sus homólogos alemanes. Una de ellas fue el cómo montar un buen cañón antitanque de éxito en un blindado. A finales de 1942 los británicos creían haber dado con “su” 88 mm, el cañón OQF de 17 libras, y como es lógico, se lanzaron colocarlo en el mayor número de blindados posibles.

OQF de 6 libras...
...y OQF de 17 Libras. Vencer a los carros de combate sólo con energía cinética comenzaba a requerir piezas cada vez más masivas y pesadas.

Los germanos ya conocían esas conversiones y sus problemas, y el fundamental era que un cañón anticarro tiene unas necesidades y características en su diseño que no lo hacen del todo apto para un blindado. Es más pesado, y su recorrido del retroceso suele ser mayor. Así que los modificaban a las versiones KwK (kampfwagenkanone), adaptados a su uso en carros de combate. No hacerlo significaba o bien renunciar a blindaje o bien tener blindados de gran tamaño.

Los primeros 17 libras iban montados sobre cureñas de cañones de artillería de campaña de 25 libras. Colocarlos en la torreta de un blindado tenía sus buenos problemas...

Al final sólo saldría bien montar el 17 libras en dos blindados de origen americano, el Sherman y el cazacarros M10, dando lugar al Firefly y al Achilles, respectivamente. Sólo saldría bien su montaje en un blindado de origen británico, en el fiable Valentine. Su nombre: el cazacarros Archer.


El primer prototipo fue mostrado al ejército británico en abril de 1943. Y de entrada supuso un buen shock. El frontal del Valentine había sido sustituido por el glacis modificado del cancelado carro Vanguard, la velocidad había sido aumentada a 20 millas por hora (sin que la suspensión sufriese por ello), la cámara de combate no tenía techo blindado, y lo más increíble…como era imposible que el cañón se montase de forma tradicional, por alterar de forma dramática el equilibrio, se colocó… ¡disparando hacia atrás! No es de extrañar que un memorando de fecha del 7 de junio de 1943 dijese “que el War Office no estaba del todo satisfecho con el vehículo”.

Si se hubiese destinado a unidades normales de carros, seguramente hubiese sido un desastre. Pero se mostró a la Royal Artillery, que era la que tenía la potestad de uso de las piezas antitanque. Y eso fue un gran acierto.

El cañón anticarro de 6 libras se consideraba pesado ya, con sus 1.140 kilogramos. Pero es que el 17 libras ya se subía a los 3.000 kilogramos, y era por tanto engorroso y complicado de maniobrar y colocar en posición. Y de repente, a los sufridos artilleros británicos se les entrega un vehículo que lo monta, fiable, fácil de mantener, y con una maniobrabilidad aceptable. Quedaron encantados casi de inmediato.

La producción del mismo empezó en mayo de 1944 y terminó en febrero de 1945, con cerca de 400 ejemplares construidos. No entró en combate hasta principios de noviembre de 1944, con el 21 Grupo de Ejércitos. Y el que disparase hacia atrás el cañón, lejos de ser una desventaja se convirtió en una apreciada virtud. Sus tripulantes usaban tácticas propias de cañones anticarro, no de carros de combate. En acción, el conductor abandonaba su puesto dejando el motor en marcha (si no lo hacía, el retroceso de la pieza le podía fracturar el cráneo) y se colocaba como otro cargador más (había almacenes de munición a ambos lados de la pieza). Se disparaban varios proyectiles en sucesión rápida, y continuación volvía a su puesto y salía disparado hacia delante a colocarse en una nueva posición.


A lo largo del invierno de 1944 – 45, muchos contraataques blindados germanos se encontraron súbitamente enfrentados a un fuego preciso y asesino de piezas de 17 libras que parecían desvanecerse y volver a reaparecer en otro lugar. El éxito del cazacarros Archer, con estas tácticas fue enorme. Y había otra ventaja que no tenían los tripulantes del Achilles. Éstos, al tener torreta y disparar hacia delante, muchas veces se veían obligados por mandos inexpertos, que no daban la necesaria importancia y cautela de uso que imponía su techo descubierto y su escaso blindaje, a actuar de cañones de asalto en apoyo directo a la infantería, con las lógicas altas bajas de tripulantes y vehículos. En Italia, donde habitualmente las escasas tropas de Achilles apoyaban regimientos de carros Churchill, fue preciso que el alto mando emitiera una orden que prohibiese su uso en misiones que no fuesen las antitanque.



Archers en los combates de 1944 - 1945. Las tres fotos están tomadas en suelo alemán, entre febrero y marzo de 1945.

El Archer, con su exótica posición del cañón no tenía ese riesgo. Muchos de esos mandos inexpertos no le encontraban utilidad de cañón de asalto a un cazacarros que tenía que atacar haciendo la marcha atrás…Sería de los últimos Valentine en servicio, pues el ejército británico los mantendría en uso hasta el año 1955. Un gran número (sobre unos 200) serían cedidos a Egipto, donde combatirían (con poco éxito) contra sus antiguos dueños, menos de un año después.

Archer en el ejército egipcio. Nótese el T-34-85 en segundo plano.

Y lo divertido del uso del Archer fue que devolvió a primera línea a los carros de combate Valentine con torreta y cañón. No se había fabricado una versión de mando del Archer, y las baterías deseaban un vehículo blindado para la misma. Además, al no estar dotados de ametralladoras los cazacarros, se deseaba tener alguna medida de protección contra saltos de infantería. La elección era lógica: echarle mano a los Valentine de últimas series que languidecían en los depósitos de las Islas. Se eligieron los Mk X (6 libras) y Mk XI (75 mm) por tener ya incorporada en la torreta una Besa coaxial, y disponer de munición de alto explosivo para ambos cañones. Se les denominaría en su nueva función como Chargers.

Valentine MK XI Charger en Holanda, 1945.

Es cierto que existieron versiones de mando del Valentine, fabricadas años antes, y también versiones de uso de observadores de artillería, las Observation Post, a los que se les desmontaba el cañón principal (se dejaba uno falso para engañar) y se les aumentaba el complemento de radios. En los Chargers sólo se colocaban radios nuevas, a expensas de parte de la munición, dejando el armamento intacto, pues interesaba que siguiese allí para protección cercana de los cazacarros. Sólo era tripulado por su comandante y artillero en combate, pues éstos viajaban en un vehículo de ruedas de manera habitual, por lo que la gran estrechez sólo se notaba en acción. Y acción fue lo que vieron de nuevo estos Valentines, y en gran número, a lo largo de las campañas de finales de 1944 y de 1945. Fueron muy útiles en esta función, lo que da fe que en un memorando del 21 Grupo de Ejércitos de fecha 27 de abril de 1945, pedía 91 Valentines Mk XI para sustituir vehículos perdidos operacionalmente o al límite de su vida útil…

y otro Charger, éste ya en Alemania, concretamente en Hopsten.

El Valentine, y sus versiones, fue un carro con gran vocación internacional, sirviendo en los ejércitos británico, canadiense, jordano, egipcio, portugués, sudafricano, turco…pero hubo en dos en los que alcanzó un éxito arrollador: con el ejército soviético y el neozelandés.

Los soviéticos recibieron sus primeros Valentine a finales de octubre de 1941. Y al igual que el Matilda, no pudieron venir en mejor momento. Vapuleados sin descanso desde el mes de junio, los alemanes estaban casi a las puertas de Moscú y de la victoria. Sólo les estaban salvando dos cosas en otoño: el “general barro” que las lluvias creaban en las primitivas carreteras de la URSS y su mejor “general”, que no era soviético, sino un aprendiz alemán metido a caudillo y general de Panzers: el propio Führer.

A punto de embarcar en un convoy ártico...


Vía Persia, más lenta pero más segura que la anterior. Foto tomada de internet, claramente de escaneada, pero no soy capaz de encontrar el libro...

Los primeros 20 llegaron a Arcángel el 11 de octubre de 1941 con el convoy ártico PQ1. Al final de año llegarían cerca de 279 Valentines a la URSS. Parece un número pequeño, pero bien concentrados contra las desechas y depauperadas divisiones panzer, era un número a tener en cuenta. Y no se puede olvidar que la mayoría de los carros germanos del teatro de operaciones eran PzIII con cañón corto de 50 mm, o peor aún: obsoletos Pz35t o Pz38t ex-checos con “cerbatanas” de 3,7 cm. El valentine era un carro competente y muy bien blindado para la época. Y además a los soviéticos les encantaba: era ligero, se adaptaba mejor al frío que el Matilda y además era muy fiable y muy sencillo de reparar. De acuerdo, era muy, muy inferior al soberbio T-34. Pero en aquellos difíciles meses quedaban pocos, y todavía la producción del mismo en las fábricas trasladas más allá de los Urales no era muy rápida que digamos, pues por ejemplo en noviembre sólo se produjeron un total de 250 de esos magníficos carros (la mayoría en la mítica factoría STZ de Stalingrado). Y esos casi 300 Valentine fueron muy bien bienvenidos.

recién llegado al Frente de Moscú: Valentine Mk II.

Al final, tanto por la vía Ártica como por la más segura pero mucho más lenta ruta persa, los soviéticos recibirían unos 4.643 Valentine durante la guerra, de los que se perderían en el mar unos 674. Y seguirían pidiendo envíos de los mismos hasta bien entrado el año 1944.

Al igual que con el Matilda, se hicieron experimentos con cañones rusos. Descartado el 76 mm, algunos Valentines fueron equipados con el cañón soviético 20KL de 45 mm. La abundancia de munición británica que recibieron hicieron innecesarias las conversiones.

La mayoría de los llegados en el otoño e invierno de 1941 e inicios de 1942, se perderían en las pésimamente planeadas ofensivas de la primavera de 1942. Para el verano de dicho año, les quedaba bien claro, al igual que a los británicos, que ya no era un carro de combate de primera línea. Pero el frente del este era muy amplio, y siempre había necesidad de apoyo blindado en todos los lugares.

Pérdidas: en el sector de Bryansk 1941...
...Jarkov en la primavera de 1942...
...y camino de Stalingrado.

Así que los ingeniosos rusos decidieron usar ese blindado en teatros de operaciones donde la oposición blindada fuese casi inexistente y las armas anticarro escasa. y aunque los usarían con unidades de reconocimiento toda la guerra, donde alcanzarían todo su potencial sería con las unidades de caballería.

El soldado a caballo seguía siendo muy útil en el difícil terreno de la URSS. Bosques y pantanos eran su terreno predilecto de despliegue, y allí, pese a su gran relación peso potencia, el T-34 no era muy útil por su tonelaje y tamaño. En cambio el Valentine, con sus escasas 16 toneladas, y más pequeño, era magnífico. Era eso, u operar con el espantoso carro ligero T-70… El carro británico estaba bien blindado, con un armamento que con el paso del tiempo mejoraría con cañones que disparaban ya alto explosivo (de hecho la insistencia soviética lograría una buena producción de proyectiles HE para los cañones de 6 libras) y su fiabilidad y facilidad de mantenimiento eran ideales para unidades que recibían un soporte logístico mecánico escaso (al fin y al cabo los caballos no precisan bujías sino avena).

Valentine Mk X rescatado recientemente de una marisma en Polonia.

Además, los cuerpos de caballería operaban en sectores del frente donde lo habitual era que se encontrasen tropas auxiliares de la Wehrmacht, divisiones de infantería de 3ª clase o mejor aún, divisiones de seguridad o de policía. Todas ellas con muy escaso apoyo blindado (la mayoría viejos carros T-26 o BT dejados atrás durante el año 1941) y con escasas y poco eficaces armas anticarro. En ese terreno y contra dichas unidades, el Valentine era muy útil y eficaz, y acompañaría al ejército rojo hasta las mismas puertas de Berlín. De hecho, corre una historia que comenta que le primer carro de combate en entrar en la capital del Reich no fue un T-34 ni un IS-2, sino un modesto Valentine MK XI de una unidad de reconocimiento…Junto con el Sherman, sería un blindado del préstamo y arriendo que la historia oficial de la Gran Guerra Patriótica trataría con afecto.

Hasta el final de la guerra: en 1944...


...y en 1945. Esta última fotografía está informada como cerca de Berlín. 
Los neozelandeses serían otros de los usuarios encantados con el Valentine. Pedirían a los británicos unos 306 (llegarían unos 256 en total) Valentines, junto con unos 34 Matilda CS. El Matilda les parecería complicado y se lo cederían con gusto a los australianos, pero antes, les desmontaron los cañones de 3 pulgadas. Y otra curiosidad: el Valentine no tenía una versión Close Support, al contrario que el resto de los carros británicos de la época.

Valentine CS en Nueva Zelanda.

Así que los emprendedores neozelandeses, usaron esos cañones para crear su propia versión. El primero se produjo en febrero de 1943, y al final se construirían unos 18. Lo divertido de la historia es que el general británico Percy Hobbart pidió en la primavera de 1943 a la Vickers si se podía dotar con ese cañón de 3 pulgadas a algunos Valentine DD, para dar apoyo de fuego en los desembarcos, más eficaz que el que podían proporcionar los cañones de 2 y 6 libras. Tras un estudio de varios meses le contestaron que era del todo imposible…


Valentine neozelandeses en Green Island. Dieron un soberbio resultado.

Al final sólo verían su uso, con gran éxito, en febrero de 1944, durante la operación Squarepeg, el asalto a Green Island, dentro del plan general de aislar la fortaleza japonesa de Rabaul. Los neozelandeses serían los usuarios más longevos del Valentine, retirando los últimos en 1960, sustituyéndolos por M41 Walker Bulldogs norteamericanos.

El sustituto de los venerables Vals de Nueva Zelanda. Los usaron hasta que no pudieron más...


El carro de combate Valentine es el gran olvidado de la historia militar británica. Una apuesta privada que llegó en el momento justo para triunfar, y aún teniendo una concepción obsoleta, su gran fiabilidad y la suerte que tuvo al operar en entornos menos exigentes que otros blindados, garantizaron su éxito. Se puede decir que no fue sólo gracias a sus virtudes, si no a pesar de sus defectos, que terminó convirtiéndose en uno de los más famosos blindados de todos los tiempos. 

El regreso a casa del viejo guerrero: el Valentine canadiense nº 838, enviado a la URSS, y hallado recientemente en una ciénaga. Actualmente reposa en el Canadian War Museum de Ottawa.

martes, 28 de enero de 2014

AL SERVICIO DE SU MAJESTAD 4 (parte 1)

VALENTINE (1938 - 1943)

Haced un pequeño experimento: abrid una nueva pestaña o pantalla, y en ella, en vuestro proveedor favorito de libros militares, buscad el primer carro de combate de fabricación británica que se os ocurra. Y a continuación, haced lo propio con el Valentine. Oh, sorpresa... apenas hay publicado nada del que es el carro de combate más fabricado por los británicos de todos los tiempos…como si se avergonzaran de un blindado que les dio, a cambio de muy poco, un gran servicio.



El Valentine comenzó como un desarrollo privado de la casa Vickers – Armstrong, que ya tenía su buena experiencia en la fabricación de vehículos blindados. De entrada, el fabuloso Vickers six-ton, gran éxito de ventas pero despreciado por su propio ejército. Y más recientemente, los carros cruceros A9 y A10. Éste último era un intento de desarrollar un “crucero pesado” muy cercano al carro de infantería. Fue un desastre, no era lo uno ni lo otro, y reunía todos sus defectos y pocas de las virtudes de ambos conceptos.

Vickers Six Ton del ejército polaco, 1939.

Los ingenieros de la Vickers tampoco estaban muy contentos con el modelo A12 Matilda II de la Vulcan Foundry, y estaban seguros de poder hacer algo mejor, aprovechando su experiencia. Así en 1937, comenzaron a desarrollar un nuevo Infantry Tank, aprovechando componentes ya en uso, y con alguna que otra idea revolucionaria en mente.

Cruiser A9...

y Cruiser A10, versión CS, restaurado. (¡qué bonito! ¿verdad?)

De entrada, un blindaje máximo de 65 mm por costado y glacis (más que de sobra para aguantar los cañones antitanque del periodo, y un poco más), más homogéneo que el del Matilda II; propulsado con por un fiable motor de gasolina AEC 189 de 135 CV, una torreta de dos hombres (comandante y artillero) dotada de un cañón de 2 libras con cargador automático que tenían en desarrollo. Al final, el peso máximo era de 16 toneladas, lo que le daba una relación peso potencia y una movilidad mejor que la del Matilda I, que precisaba dos motores Leyland de 95 CV cada uno, y con un peso de casi 27 toneladas. Y lo mejor de todo: en las horas que costaba fabricar un Matilda II se podían fabricar tres Valentines, y además con un coste menor, de unas 10.000 Libras, comparadas con las poco más de 30.000 del Matilda II.

Curiosamente, al War Office, en un principio no le interesó este chollo. Sobre todo pusieron pegas por la torreta biplaza, y por el cañón con cargador automáitico, pues no deseaban incluir otra pieza o nuevos repuestos en la cadena logística. Al final, la Vickers, cedió, y montó la pieza habitual de 2 libras, el OQF 2 Pdr. Esa torreta de dos tripulantes, sería uno de los motivos de queja más habituales sobre el Valentine.

Con el rearme acelerado de finales de los años 30, se consideró fabricar el Valentine, por sus innegables ventajas antes expuestas. Así el 10 de febrero de 1938, y tras un tiempo récord, los planos del nuevo carro de infantería, se enviaron al War Office, el cual lo aceptó para el servicio, con la denominación de Infantry Tank Mk III Valentine I. los diez primeros ejemplares de serie, saldrían de las cadenas de montaje en mayo de 1940, justo a tiempo para dar esperanza y reponer pérdidas del RAC (Royal Armored Corps), tras su debacle en Francia.

La cuenta del vencido...Cruisier Mk IV A13 dañado y abandonado en Francia.

El nombre de Valentine tiene su propia leyenda, de hecho tiene cuatro. Una de ellas asegura que fue un homenaje al diseñador jefe de la Vickers, Sir John Valentine Carden, fallecido poco antes en un extraño accidente aéreo. Otra, que al ser presentado al ejército el día 14 de febrero recibió su nombre de la festividad de ese día, San Valentín (¡ya no tenéis excusa para olvidarlo!), aunque se argumenta que fue el día 10 de febrero, y ésta es falsa. Otra, que es un acrónimo de Vickers Armstrong Limited Elswick Newcastle upon Tyne, el nombre completo de la empresa. Y otra, que se deja de cosas raras, y que al no tener un código A del ejército (al ser una aventura privada), simplemente, como otros proyectos de la casa, recibió un nombre propio, que por casualidad, sería el de Valentine. Fuese cual fuese el origen, el nombre gustó de forma inmediata, y así lo llamarían sus tripulación, o con el afectuoso diminutivo de Vally.

A los alemanes les valía todo...y al fiable Valentine no le hacían ascos: Valentine V Beutepanzer 749 (e) capturado por la 10ª División Panzer en Túnez, 1943.

Las primeras unidades operativas con el Valentine, empezaron su andadura en agosto de 1940. Justo a tiempo para constituir una fuerza blindada anti-invasión. Soldados como los del 48 Royal Tank Regiment (o RTR de ahora en adelante) comenzaron a enfrentarse con los problemas que toda arma nueva ocasiona. El peor de todos, era que debido a un mal diseño de los pines de las cadenas, éstas se rompían con facilidad, dejando en las marchas inmovilizados hasta cerca del 80 % de los Valentine. Nuevos pines y cadenas, diseñados con rapidez, solucionaron el problema. Y aparte del mismo, y al contrario que con otros carros británicos, la fiabilidad era magnífica, precisando pocas horas de mantenimiento, con gran alborozo de sus agradecidos tripulantes.

Nuevo material: Valentine I llegando a sus unidades.

A finales de 1940, comenzó a fabricarse un nuevo modelo: el Valentine II. Aparte de pulir diversos fallos, cambiaba el motor de gasolina, por uno de gasoil, el AEC 190, con 131 CV. La aparente pérdida de potencia es engañosa, pues su transmisión mejorada, y su par permitían mejores prestaciones al Valentine. Y era aún más fiable que su predecesor. Por cierto, es falso que fuese un motor de autobús. Sus diseñadores habían trabajado en varios motores de autobús, pero éste en concreto, se diseñó desde el inicio para ser usado en vehículos blindados.

Valentine del Musée des Blindés de Saumur. Foto del autor.

Poco antes de la guerra se pensó en que el Valentine se podía fabricar en los dominios, más concretamente en Canadá. Aunque no tenían experiencia en fabricación de blindados, la facilidad con la que se podía hacer el nuevo carro hizo pensar en que se podía intentar.

Aunque se hizo un pedido de 100 en septiembre de 1939, el proyecto recibió baja prioridad, pues muchos mandos desconfiaban de que los canadienses fuesen capaces. Otro problema era que éstos usaban estándares industriales algo diferentes a los británicos. Por ejemplo, el sistema eléctrico funcionaba con un voltaje de 24 V, que no era muy adecuado para los 12 V de las radios No.11 y No.19. y lo mejor de todo: increíblemente parte de los planos fueron declarados secretos y no se les cedieron, lo que les obligó a hacer ingeniería inversa de un par de ejemplares de muestra que se les suministró.  No sería hasta bien entrado 1940, que comenzarían (ahora sí, azuzados por unos angustiados británicos) la fabricación. Sus modelos recibirían la denominación Valentine VI y VII. Al final fabricarían unos 1.420, sólo se quedarían con 30, enviando el resto a la URSS.

El primer Valentine VI fabricado en Canadá.

La principal dificultad que tuvieron fue el motor AEC 190, cuyos planos fueron de los que no se compartieron. En vez de perder el tiempo intentando clonarlo, se decidieron a montar un diésel de origen norteamericano, el GMC 6-71 (también conocido como el GMC 6004 o Detroit Diesel). No sólo costaba menos, son que era aún más fiable que el AEC 190, y daba mejores prestaciones (mejor par motor, y 138 CV). Al final, resultó que los Valentine Canadienses eran más baratos y sencillos de fabricar, y muchas de sus innovaciones, entre ellas el citado motor GMC, se incorporaron a los fabricados en el Reino Unido (serían conocidos como Valentine IV).

En aquellos primeros años de guerra, la fabricación de carros de combate se encontró con el inesperado problema del deficiente sistema de control de calidad de las planchas de acero usadas como blindaje. El ministerio de aviación impuso en la producción aeronáutica controles de calidad exhaustivos y comprensibles, que aunaban una alta tasa de fabricación con una buena calidad. No se aplicaron medidas similares en los blindajes de vehículos terrestres hasta bien entrado el año 1943. La multitud de pequeñas fundiciones, sin un buen control, competían por conseguir mejores números en su producción, a expensas, muchas de veces de una calidad aceptable. Esas planchas llegaban a las cadenas de montaje de los vehículos, y allí recibían su primer control serio. Como no se podía, en aquellos desesperados meses, prescindir de nada, se decidió usarlas, aún sabiendo sus defectos. Los carros así montados, eran marcados en su interior con pequeños triángulos rojos, y destinados a entrenamiento. Sin embargo, alguno de ellos (sobre todo Valentines) llegó a unidades de combate, con el lógico disgusto de la tripulación a la que le tocaba en suerte.

Durante el entrenamiento de las nuevas unidades comenzaron a surgir otra serie de problemas. Por ejemplo, el bajo peso del nuevo carro, entre otras cosas, se había logrado disminuyendo el blindaje de la parte inferior a unos 7 – 10 mm (según zonas). Pero la soldadura empleada en ciertas partes, en especial en el inferior del glacis no era muy buena, lo que dio lugar a una curiosa anécdota. Durante un entrenamiento en tácticas anticarro de infantería, un emprendedor teniente de ingenieros decidió añadirle un poco de “picante” a las bombas de humo, en forma de un par de latas de TNT (lo que hacía que la carga fuese de aproximadamente medio kilogramo), sin conformar la carga. Durante las maniobras, dos Valentine que recibieron debajo de su frontal esas cargas, quedaron con el rodillo tensor casi desmontado, y el glacis parcialmente abierto por la soldadura. El buen teniente esquivó de milagro el consejo de guerra, pero sí que el tema, hasta que se solucionó, fue causa de notable preocupación entre mandos y tripulaciones.

La torreta y su distribución, centraba casi todas las críticas. De entrada, era bien estrecha, y su ergonomía no era muy adecuada. Además, la Vickers, había cambiado la distribución de la tripulación que normalmente se seguía en el ejército británico. En casi todos los carros, jefe y artillero se sentaban a la izquierda, mientras que el cargador lo hacía a la derecha. Al descartar el 2 libras con cargador automático, el jefe quedó en el lado derecho, y su papel no era nada fácil: tenía que cargar el cañón y la ametralladora BESA coaxial (y arreglar sus interrupciones), atender a la radio (y si era jefe de escuadrón o de tropa, coordinarlos y mandarlos), dirigir su vehículo, montar y servir el dispositivo Lakeman (un ingenioso artefacto que portaba una ametralladora ligera Bren para protección antiaérea), manejar los lanzadores de botes de humo, y encima, ocuparse de todo el papeleo. Y sin aumento de sueldo…No es de extrañar que muchos jefes de carro, optasen por ocupar el asiento del artillero y comandar desde ahí.

El estrecho interior de la torreta del Valentine...

El Valentine, en manos británicas, entraría en combate, por primera vez, en el Norte de África, durante la operación Crusader de noviembre de 1941. El 8 RTR fue el primero que lo llevó a la batalla, y de forma inmediata, gustó. Era muy fiable, y contaba con una excelente maniobrabilidad. Aunque su velocidad máxima era de 24 Km/h, la misma que la del Matilda II, en la realidad era, gracias a su motor y transmisión, mucho más veloz. Esos 24 Km/h los mantenía durante bastante tiempo, si el terreno lo permitía; y aunque los carros crucero eran más rápidos, su poca fiabilidad mecánica en el caso del Crusader, y lo desechos que estaban los Cruiser Mk IV A13 después de mucho servicio, no hacía muy aconsejable la alegría con el acelerador. Eso significaba que podía desempeñar funciones propias de los Cruiser, con una eficacia muy similar.

Valentine II con las famosas marcas de la Operación Crusader

El armamento principal, el 2 libras, pese a carecer de munición explosiva, tenía un comportamiento adecuado contra sus rivales germanos e italianos del momento. No tenía dificultad alguna en penetrar cualquier parte de los carros italianos, incluido el más moderno M13/40. Respecto a los germanos, el blindaje frontal de los PzIII y PzIV que tenía el Afrika Korps, a finales de 1941, no pasaba como máximo de 30 mm no angulados en absoluto. En teoría, y podía perforarlos desde más de 500 metros, pero eso nunca ocurría. En primer lugar, ya aportaban esos modelos un blindaje más endurecido, y además, muchos proyectiles perforantes de dos libras estaban muy mal fabricados, por lo que al impacto, a esas distancias, se desintegraban al alcanzar el blindaje de sus contrarios.

PzIII del Afrika Korps.

De todos modos, la mira de sólo x1.8 aumentos, y el hecho de que la elevación fina se hacía con apoyo del hombro del tirador, hacía que impactos por encima de los 200 metros fuesen excepcionales. Y más aún si se cuenta que en Gran Bretaña, durante los entrenamientos, se imponía la táctica de disparar en marcha, sin detenerse. Así los impactos más frecuentes tenían lugar por debajo de los esos doscientos metros, y ahí las penetraciones, incluso al glacis frontal eran mucho más probables. Aún así, la mala calidad de los proyectiles causaban un buen número de rebotes.

Dispositivo Lakeman en un carro Matilda. El cargador de tambor era destinado a las Bren de estos montajes.

A un Panzer III con cañón corto L/42 de 50 mm le costaba lo suyo perforar a un Valentine. Al frontal, las perforaciones se obtenían a distancias en las que el dos libras podía perforarlo con facilidad. Los laterales eran, en teoría, vulnerables, desde los 300 metros, pero la realidad mostraba que era a distancias inferiores. Respecto a los cañones anticarro, era inmune al Pak 36 de 3,7 cm; el 4,7 cm italiano sólo lograba dañarlo a distancias muy cercanas; e incluso al escaso PaK 38 de 50 mm le costaba perforarlo. Obviamente, el 88 mm lo hacía picadillo desde más de 2.000 metros…

colocando en posición un 88 mm. Pobre del carro británico que se pusiese a su alcance...

Así que teóricamente, un Panzer III que se enfrentase a un Valentine podía pasarlo muy mal…pero eso no lo hacían los tanquistas alemanes del Afrika Korps, más que en situaciones desesperadas. Combatían con la ventaja de una torreta de tres hombres, con el jefe dedicado a coordinar a su tripulación y mandarla. Y además, de todos es sabido la soberbia cooperación interarmas, con artillería, aviación y cañones anticarro, que practicaban las fuerzas de Rommel. Sin embargo, el Valentine era un carro respetado y que no podía ser tomado a la ligera.


La operación Crusader terminó con una costosa victoria británica. Y si el carro Crusader no funcionó bien, el Valentine fue muy apreciado por sus tripulaciones. Durante la misma se descubrió otro defecto en la torreta. En el lado izquierdo de la misma había una trampilla para deshacerse de vainas usadas. Por dentro, se había pulido a espejo, lo que servía de improvisado retrovisor al ocupante del lado izquierdo (una razón más para que los jefes de carro se sentaran ahí). Pero el lado derecho, tenía un portillo de observación y uso de pistola, cuyo cierre era nefasto, lo que hacía que con el traqueteo del movimiento, acabara por abrirse completamente. Mandos del 8 RTR ordenarían su selle con soldadura, después de que dos desgraciadas ráfagas de ametralladora entrasen por ahí y matasen a dos cargadores.

Valentines de la 16ª brigada de tanques polaca. Se aprecia el portillo de pistola que tantos problemas dio al principio. 

Desde finales de 1941 y principios de 1942 entró en servicio una nueva variante: el Valentine Mk III (si llevaba el diésel de Detroit, el GMC, se le denominaba Valentine V). El mayor cambio fue su torreta, con un blindaje reducido en laterales a 50 mm, pero ampliada para permitir un tercer hombre. El cargador siguió a la derecha, el artillero a la izquierda, y el jefe, un poco por encima del cañón de dos libras, ocupando la parte posterior de la torreta. En los modelos anteriores, la trampilla de la torreta era de dos hojas, que se abrían hacia delante y hacia atrás. Era muy apreciada, pues desde lejos no parecía que ninguna estuviese abierta, y permitía al jefe, dejarla en parte abierta, para echar fugaces vistazos con prismáticos, y volver con rapidez al interior. En la nueva torreta, era escotilla única, pero amplia y de tres cuerpos, permitiendo el del jefe de carro lo mismo. Las otras hojas podían abrirse de forma independiente, lo que si moría el jefe o quedaba incapacitado, permitía posibilidades de escape a los otros dos tripulantes.

Valentine III (o V) en una vista superior. Se aprecia el detalle de la escotilla de la torreta.

Hasta la segunda batalla de El Alamein, el Valentine sería el carro británico más numeroso en el desierto. La torreta del modelo III mejoraba y mucho, pese a su estrechez, la eficacia en combate. Pero el cañón seguía siendo el mismo, y ahora los nuevos Panzer III y IV venían con un blindaje añadido en el frontal de 20 mm, lo que elevaba a 50 mm de acero lo que tenía que perforar. Eso significaba que eran invulnerables a disparos en el frontal hasta distancias muy, pero que muy, cortas. Seguía sin existir un proyectil de alto explosivo, y ahora los alemanes tenían más cañones anticarro de 50 mm. Y para empeorarlo aún más, el Afrika Korps comenzó a recibir los nuevos PzIIIJ, equipados con el cañón largo L/60 de 50 mm, y los PzIVf2 con el L/48 de 75 mm. Ya el blindaje del Valentine, no le salvaba en distancias habituales en las que las magníficas miras germanas podían asegurar un impacto. Sólo el escaso número de ambos, que durante los meses de mayo, junio y julio de 1942, nunca sobrepasaron los 21 PzIIIJ y los 9 PzIVf2 en estado operativo, permitiría que las pérdidas de Valentine se disparasen aún más. Y eso, sin olvidar, que el Panzerjäger I con cañón checo de 47 mm, había sido sustituido por el Marder III, con cañones de 76,2 mm capturados a los rusos…

Un uso cada vez más habitual del Valentine: remolcando un cañón AT de 6 libras.

Pese a ello, combatiría, con gran distinción, durante todo el año 1942. Y estaría en primera línea en las grandes ofensivas que terminarían por quebrar, en ese año, el espinazo de las fuerzas italogermanas del Norte de África. Las pésimas tácticas británicas ahondarían el sufrimiento de sus tripulaciones, no permitiendo aprovechar las cualidades que le quedaban. En la historia, queda el desastre de la 23ª Brigada Acorazada, en la segunda batalla de la sierra de Ruweisat, el 22 de julio de 1942. En un ataque mal planeado, la citada unidad quedó sin apoyo de la 2ª División Neozelandesa de Infantería, así como de la 5ª brigada india de infantería motorizada, ejecutando una alocada carga en solitario. El resultado, es que los Panzers se cebaron con las dos formaciones de infantería, en especial los neozelandeses, y una emboscada de cañones anticarro acabó con 93 Valentines de los 104 de los 40 RTR y 46 RTR. Aún así, el castigo que aguantaron los carros supervivientes se hizo legendario. Mecánicos del 40 RTR recuerdan ver volver, a través del humo y del polvo, a sus líneas, carros Valentines carentes de faldones, faros, cañones…esqueletos auténticos de los pocos supervivientes de la masacre.

Una foto famosa de la guerra del desierto: Valentine de la infortunada 23ª brigada acorazada noqueado en Ruweisat. Se aprecian los numerosos impactos...

¡Al fin algo decente! Sherman II de la 9ª Brigada Acorazada entrenado en Egipto en Octubre de 1942.

Pese a su ya bien contrastada obsolescencia, los Valentine con cañones de dos libras seguirían dando un gran servicio al 8ª ejército, ya fuese en la operación Lightfoot, que abrió la victoria aliada en el Segundo Alamein, como en la persecución posterior. Un veterano del 50 RTR (parte de la masacrada 23ª Brigada Acorazada) recordaba, muchos años después de la guerra a un Valentine IV llamado RODNEY. Antes de llegar al Norte de África, había participado en un tour en el Reino Unido para recaudar fondos. Al llegar a Egipto ya había realizado por sus medios cerca de 3.000 millas. Fue puesto de combate unas 11 veces, y vuelto a reparar, heridos cuatro miembros de sus tripulaciones. Su conductor, ya desde la patria, se mantuvo en su puesto y llegó a ser jefe de carro…Finalmente, al poco de entrar en el Puerto de Trípoli, capturado el 23 de enero de 1943, el desgastado carro no pudo más, averiándose, y siendo usado como fuente de repuestos de otros Valentine semejantes. Pocos carros, en la Segunda Guerra Mundial podían presumir de una fiabilidad semejante.


Ya en 1942, se vio la necesidad de mejorar el armamento de los Valentines, del cañón de 2 libras al de 6 libras. El primer modelo, el Valentine VIII, fue sólo un prototipo que demostró la necesidad de diseñar una nueva torreta para albergar el nuevo cañón. La versión de producción, el Valentine IX, fue destinada, de manera inmediata a Túnez. Una de las primeras unidades en recibirlo, fue el ya mencionado 50 RTR, pero en escaso número, y sin llegar a sustituir los Valentine con cañón de dos libras.

PzIIIJ "Special" con cañón L/60 de 50 mm. Escaso en número, pero acababa con la ventaja en blindaje del Valentine.

Las tripulaciones, al verlo, se llevaron un gran disgusto. De entrada, hubo problemas con las cajas de cambio, lo que los tuvo en reparaciones constantes varias semanas. Y además, se volvía a la torreta de dos tripulantes, con peor ergonomía aún, al tener mayor tamaño tanto el cierre de la pieza como sus proyectiles. Y eso no era lo peor: por conflicto de espacio, se prescindió de la ametralladora coaxial. Genial… un carro de combate de infantería, con un cañón que no tenía (en realidad sí que estaba desarrollado, pero al no estar conforme con su escasa carga sólo se habían fabricado en un trimestre menos de 100.000 proyectiles HE, que tardaron en ser llevados a Túnez) proyectiles explosivos y antipersonal, y sin ametralladora coaxial. Y luego los latinos tenemos la fama de incompetentes en el mundo anglosajón…

Valentine IX, con cañón de 6 libras,

Al final, las tripulaciones resolvieron lo de la ametralladora coaxial de una forma curiosa, aunque bastante chapucera. Cortaron los culotes de vainas de 6 libras ya disparadas, y en el hueco, colocaron con un par de puntos de soldadura, ametralladoras de aviación Browning de calibre .303. Dejaron el espacio suficiente para manipular el cajón y recargarlas, y algunas tripulaciones, aprovecharon los solenoides de disparo eléctrico que tenían, para conectarlos al sistema de disparo del Valentine. Cuando se precisaba fuego de ametralladora, el cargador colocaba tan “especial” proyectil en la recámara del cañón de seis libras, y conectaba el cable, mediante un apaño, al sistema de disparo. Los tripulantes hablaban que se recalentaba el cañón de la ametralladora con gran facilidad, y que era como disparar un gran trabuco, sin precisión alguna. Pero con un generoso uso de proyectiles trazadores, la supresión por su fuego, más o menos se conseguía.

Valentine IX en el norte de África. la foto es de un carro de una brigada polaca durante un entrenamiento.

Ese año 1942, vería al Valentine demostrar sus cualidades en un lugar bien exótico: Madagascar. Para la operación IRONCLAD, es decir el desembarco el 5 mayo de 1942, se crearía el escuadrón B de servicios especiales del Royal Armored Corps, equipado con seis Valentines IV y cuatro carros ligeros Tetrarch. Los británicos no realizaban una operación anfibia semejante desde los Dardanelos en 1915, y éstos eran los primeros carros de combate que iban a desembarcar contra una costa defendida. Los franceses opusieron una tenaz e inteligente resistencia, apoyada en fosos antitanque y los famosos soixante-quinze de tiro rápido. Al finalizar el día 7 de mayo, sólo quedaba un Valentine operativo: tres habían sido puestos fuera de combate por los 75 mm franceses, y dos estaban atascados en fosos antitanques. Y tampoco quedaba sano ni un solo Tetrarch… por fortuna, se pudieron reparar y recuperar cuatro Valentines, sirviendo todos ellos hasta la conclusión de la campaña, en noviembre. La resistencia de nuestro carro protagonista resultó ser proverbial, siendo precisos varios disparos de los citados cañones para noquearlos.

cañón Mle 97/38 de 75 mm en maniobras con el ejército francés en 1940.

También haría su aparición en Birmania. Apoyando un ataque de la 55ª Brigada India de infantería contra Donbaik, el escuadrón C del 146º regimiento del RAC, se las ingenió para meter todos sus ocho carros Valentine II en un arrozal, dejándolos atascados y a merced de la artillería nipona. No encontraréis mucho de esta batalla ni en la red ni en los libros, pues parece haber sido “misteriosamente” olvidada por muchos historiadores anglosajones. En julio de 1944, tanto el 146º regimiento como, el también equipado con Valentines, 150º Regimiento del RAC  los cambiaron por Carros medios Lee o Grant.

Carros medios M3 Lee en Birmania.

Con el final de la campaña del Norte de África, quedaba claro que los días de primera línea del carro de la Vickers habían pasado ya. Y en la mayoría de los libros sobre carros, aquí se acaba la historia del Valentine. A lo sumo un pequeño párrafo más, sobre cuatro hechos más, y punto final.



Pero aún queda contar lo mejor, y lo más interesante…

Valetine III en Túnez, febrero de 1943.