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lunes, 5 de agosto de 2013

LAS GUERRAS SIOUX 6: Un desconocido río de Montana (Parte 1)



George Armstrong Custer y el río Little BigHorn, son dos entidades ya totalmente indivisibles en la historia militar, pero lo mismo ocurre con el gran número de mitos que circulan tanto sobre la batalla como acerca del mítico militar norteamericano. Pocas veces un personaje y su batalla emblemática han desencadenado tantos errores, versiones y opiniones encontradas.

De entrada, el personaje del teniente coronel Custer ha sido objeto de los más enconados debates. Último de su clase en West Point (recibiendo el título de “cabra” o “chivo” de la promoción), al igual que otros grandes generales americanos que estaban en los últimos puestos, como Pickett, Jefferson Davis, o James Longstreet, y sin olvidar los que estaban de la mitad hacia abajo como Patton, Einshenhower o el propio Ulisses Grant (que era llamado antes y después con el cruel mote de “Useless” Grant). Se le ha acusado de impetuosidad, ser un carnicero, un tirano con sus hombres, no tener sentido táctico, así como de estar más preocupado de su imagen personal y de su popularidad, con vistas a una posible carrera política.

El cadete George A. Custer.

La carga de Pickett en la batalla de Gettysburg.
Custer tuvo que enfrentarse a muchos desafíos durante su vida militar, y la gran mayoría, los cumplió con acierto. En primer lugar, tener que enfrentarse a la magnífica caballería confederada con las mediocres unidades de la Unión. Desde Hannover en Pennsilvania en 1863, hasta Yellow Tavern en Virginia, en 1864; su comportamiento en el campo de batalla, y el de sus hombres sometidos a una rígida pero muy necesaria disciplina, no paró de mejorar. Después, durante las guerras indias, tuvo que enfrentarse a enemigos muy hábiles y aguerridos, con unos soldados habitualmente mal pagados, mal abastecidos, en destinos detestados, y con un grave peligro siempre. Combatiendo habitualmente con mal tiempo, y casi siempre en inferioridad numérica, tuvo que ser aún más draconiano, pues la propia naturaleza de sus raids de caballería así lo exigía.

Custer era muy cuidadoso con la imagen. Se dice que fue más fotografiado que Lincoln...


Sin ser uno de los grandes militares de su era, tampoco era el loco o el incompetente que muchas películas de Hollywood han retratado. Y realmente, en la campaña de verano de 1876, quizás fue el único mando que pese a la derrota, estuvo a la altura de las circunstancias, y se comportó, pese a sus errores, de forma audaz y agresiva.

Ya hemos visto que, de entrada, la estrategia de dicha campaña era nefasta, y lo empeoraba la presencia de ciertos mandos que no tenían experiencia alguna en la lucha en la frontera, como su propio mando, el General Alfred Terry. Pero además, Custer tenía otro problema grave, y éste tenía que ver con un subordinado suyo: el capitán Alfred W. Benteen, acerca de un suceso ocurrido ocho años antes, a las orillas del río Washita.

El capitán Alfred Benteen. Su comportamiento en la batalla daría origen a múltiples discusiones.

El 26 de noviembre de 1868, en plena guerra contra los Cheyennes, Custer asaltó el campamento invernal del jefe Caldero Negro (siempre me ha parecido que quedaba mejor su nombre en inglés, Black Kettle), en lo que sería conocido como la batalla de Washita (aunque para los Cheyennes, y dadas las tácticas que ya empleaba la caballería de los EEUU contra ellos, sería más bien la masacre de Washita). La batalla fue un gran éxito, y contribuyó en gran medida a la derrota de dichas tribus indias.

Lo que debería haber sido una gran victoria, se convirtió rápidamente en un quebradero de cabeza. Muchos periódicos del este acusaron a Custer y a su superior, Sheridan, de haber masacrado a indios pacíficos que iban a la reserva, y de haber capturado y asesinado sin razón a mujeres, ancianos y niños indefensos. Fue en ese momento, en el que la leyenda negra comenzó a acompañar, y nunca abandonar a George Amstrong Custer. Pero además, ocurrió otro incidente más peliagudo…

Grabado de la época de la batalla de Washita.

Un deficiente reconocimiento no permitió descubrir que dicho campamento no era el único de la región, y pronto la columna de Custer, tras su victorioso ataque, se vio asediada por un fuerte contingente indio, lo que obligó a una rápida retirada del lugar. Un subordinado de Custer, el mayor Joel Elliot, al mando de un destacamento, y sin órdenes específicas, se separó del grupo principal, siendo rápidamente cercado y masacrado por los vengativos Cheyennes. Su destino fue conocido días más tarde, y Benteen, amigo personal de Elliot reprochó siempre a Custer haberlo abandonado a su suerte; y lo peor de todo, con los años incrementó su odio, y además no se cortaba en absoluto en sacar, siempre que podía, el tema, incluso en presencia de su superior.

El mayor Joel Elliot.

Personalmente, nunca he entendido la postura de Benteen. No era un novato, y había participado en varios raids en territorio confederado durante la guerra. Y era, o debía ser plenamente consciente, que en una operación similar, ante una persecución por fuerzas muy superiores, los incursores deben romper contacto lo antes posible, y el que quede atrás, se las tiene que apañar él solito. Volver atrás, o intentar buscar un destacamento perdido, simplemente, es sellar un destino fatídico para tus fuerzas. Tampoco he entendido bien la postura de Custer. Debería haber trasladado a Benteen de forma fulminante, sin embargo, tendría otros problemas más, y además, según allegados, siempre se sintió apenado y responsable por el trágico destino de Elliot y sus hombres. Pese a las críticas de su subordinado, siempre lo consideró como un soldado experto y bien capaz.

Antes de la campaña, Custer había sido desposeído de su mando debido a un escándalo político de grandes proporciones: el affaire Belknap. En 1870, el secretario de la guerra William W. Belknap logró que el Congreso y el Senado le otorgasen la potestad de las concesiones de puestos de comercio en los fuertes del ejército. Dichos puestos eran muy jugosos, y daban sus buenos beneficios. Pronto, el sistema comenzó a corromperse, y al parecer, el secretario, comenzó a aceptar sobornos para concederlos. Uno, en especial, el de Fort Still en Lawton, Oklahoma, fue concedido a través de un soborno pagado a su segunda mujer, Carita. Poco después murió de tuberculosis al poco de dar a luz, y el soborno se siguió pagando como forma de “mantener a su hijo “huérfano”. El niño murió poco después, y Belknap y su tercera mujer, Amanda (hermana de Carita…¡si es que uno encuentra folletines familiares hasta en la historia militar!), siguieron cobrando la “ayuda”.

El secretario de la Guerra, William W. Belknap.

El escándalo se descubrió por los artículos que un anónimo mando de caballería enviaba regularmente a los periódicos del este, denunciando que a los indios se les vendían armas más avanzadas de lo deseable, y que los soldados debían comprar allí, material de peor calidad y a precios exorbitantes. Siempre se sospechó de Custer como el autor de los escritos, y al ser llamado a declarar en la comisión especial del Senado, en los sobornos, además, incluyó a Orvill Grant, hermano del presidente. Ulises S. Grant. Magnífico general durante la Guerra de Secesión, fue un mal presidente en sus dos mandatos, principalmente al manejar muy mal la economía, y al fiarse y defender demasiado a muchos personajes, familiares incluidos, que se enriquecieron ilícitamente de forma notoria. No es necesario aclarar, que Grant no se lo perdonó a Custer y le privó del mando. Si volvió a comandar el 7º de caballería fue debido a la intercesión de los generales Terry y Sherman.

Ulisses S. Grant como presidente de los Estados Unidos. Sus dos mandatos se vieron ensombrecidos por el fracaso de sus políticas económicas y los numerosos escándalos de corrupción de sus gabinetes.

Con respecto al tema del armamento y material, los mitos son aún mayores. Veamos los más notorios.

El mito de las ametralladoras Gatling es uno de los mejores ejemplos. Siempre se ha dicho que de haberlas llevado, Custer hubiese derrotado con facilidad a los Sioux. Pero veamos con cuidado el material. La Colt – Gatling modelo 1875 del calibre 45-70 Goverment distaba mucho de ser un modelo fiable y transportable como los inventados por Hiram Maxim años después. Se alimentaba con un cargador vertical que funcionaba por gravedad, pero que provocaba interrupciones múltiples. Además, la extracción tendía a desculotar los deficientes cartuchos de la época, los percutores se rompían, y los cañones se calentaban con gran rapidez.

Colt Browning 1875. Pesada, poco robusta y escasamente fiable, no era el buen arma que sería años más tarde. Este magnífico ejemplar pertenece al museo de Artillería Fields of Thunder.

Cuando tiras con réplicas de armas de la época, adviertes otra limitación, y es la pólvora negra que todavía contenían los cartuchos de dichos años. Tras una buena sesión de tiro el arma queda bien sucia y con numerosos residuos. Unos mecanismos relativamente simples como los de un Colt Single Action Army, un Winchester o un Springfield, resisten bastante bien ese nivel de suciedad, algo que no ocurre con los delicados mecanismos de una ametralladora, aunque sea de accionamiento manual. De hecho, las Gatling no comenzaron a funcionar bien hasta el advenimiento de pólvoras modernas, que dejaban mucho menos residuo y hacían más fiable el arma. Así pues, las Colt Gatling mod 1875 solían dejarse en las guarniciones y en los fuertes, y de hecho, causó bastante sorpresa que Terry decidiese llevar tres de estas piezas en su columna.

En esos años, no se encuentra tampoco ningún relato en los que el uso de dicha arma en las guerras indias supusiese alguna diferencia o éxito de ningún tipo, por lo que es lógico pensar que fue acertada la decisión de Custer de no llevar ninguna.

Otra posibilidad que se apunta es la de haber llevado en su columna uno o dos cañones de montaña. Los de la época eran todavía de avancarga, y aunque ligeros y resistentes, chocaba su uso con una doctrina táctica imperante, que se remontaba a la guerra de Secesión. El General confederado Joseph Selby era famoso por llevar una o dos piezas de artillería de montaña en sus famosos y exitosos raids, pero era debido a que encontraba muchos pequeños destacamentos de la Unión atrincherados en resistentes blocaos, imposibles de someter sin artillería. Y casi era del único general de caballería de ambos mandos que en sus incursiones las llevaba, pues se estimaba que ralentizaban en exceso los movimientos en territorio enemigo. Los Sioux, tampoco eran muy conocidos por llenar de fortificaciones las Grandes Praderas, y además, el terreno del Rosebud y del Little Bighorn, es muy escabroso, y transportarlas por él (como comprobaría el propio Terry) era una tortura. Eran muy útiles en columnas de infantería, pero un estorbo para la caballería ligera.

Recreadores modernos con uno de los cañones de montaña de la época. La magnífica fotografía está tomada del blog de Cristopher Zimmerman, dedicado al periodo. Está contenido en la página de True West, cuya dirección es Truewest.nig.com.

 Sí que hubiera causado honda impresión de haber contado con una pieza que entraría en servicio en 1884: el cañón de montaña Hotchkiss de 2 libras. Era muy ligero, pero a la vez resistente, de tiro rápido, y retrocarga con vaina metálica de una pieza. Servido por un equipo de tres hombres, en una emergencia, podía colocarlo en posición y manejarlo uno solo, y al disponer de un primitivo sistema de amortiguación del retroceso, no era necesario volver a colocarlo tras cada disparo. Los indios no tenían defensa alguna contra ese soberbio cañón, y su aparición supuso su derrota definitiva.


Cañón Hotchkiss de 2 libras, y 1,65 pulgadas de calibre. Colección, también, del museo Fields of Thunder.

Otro de los grandes mitos, que una simple investigación histórica desmiente, es la superioridad armamentística de los indios, en especial de rifles de repetición Winchester (y otros similares, como los Whitney Kennedy) tenían sobre las tropas del ejército. Fue un bulo que tras la derrota cundió entre muchos periódicos, y que servía para atacar con fuerza a ciertos miembros de la administración Grant (entre ellos el ya mencionado Belknap) por la polémica ya mencionada de los puestos de comercio en los fuertes.

De hecho no eran, a largo plazo, buenas armas para los indios. No tenían la tecnología precisa para reparar muchas de sus piezas, más frágiles que los duros rifles de pedernal que solían usar, y además, la munición, no podían fabricarla ellos mismos. Y entonces, como ahora, el precio de los cartuchos metálicos era bien caro. De hecho, muchos indios, de poder elegir, preferían las carabinas o los rifles monotiro Springfield del ejército, al ser más resistentes y fiables.

Foto clásica de dos Sioux con sendos Winchesters. El fotógrafo S.J. Morrow recorrió todo el oeste tomando fotografías de todos los temas. Muchas de las fotos de los libros que tratan de la época son de sus cámaras...

Actualmente, las estimaciones más optimistas de indios armados con rifles de repetición estilo Winchester o Henry, en la batalla de Little Bighorn, no pasan de un 30%, teniendo mayor consenso cifras menores del 20%. El resto, seguían usando viejas armas de avancarga, y en especial Trade Musketts, de chispa; que eran más resistentes, más sencillos de reparar y más fácil obtener el pedernal, la pólvora a granel y el plomo precisos para dispararlos. Además, se calcula, que no llegaban a un 60% los indios armados con armas de fuego, llevando el resto armas más tradicionales como arcos y flechas o lanzas.

Otro gran mito tiene que ver con la pésima calidad de varias partidas del cartucho usado en las carabinas, el .45 – 70. Varios fabricantes, para abaratar costes de producción de las vainas (el componente más complicado de fabricar de un cartucho metálico) decidieron hacerlos en dos partes. El cuerpo de la vaina se hacía del correspondiente latón militar, pero el culote era de una barata aleación de cobre, que se unían mediante calor. Cuando se hacía fuego muy prolongado con un Springfield, el calor de la recámara debilitaba la unión, lo que provocaba que la potente extracción del sistema trapdoor, desculotase la vaina, dejando gran parte en recámara e inutilizando así el rifle. En el US Army se sabía de se defecto, y a tal fin, a las columnas solían acompañar mulas cargadas con rifles nuevos, de tal forma que al soldado se le pasaba uno de estos, mientras que personal de segunda fila se dedicaba, con sus cuchillos, a extraer esas vainas de las recámaras, y volver a poner, nuevamente en funcionamiento, esas armas.


Se ha dicho que las tropas de Custer sufrieron de dichos fallos, y que debido a ello, tuvieron que luchar sólo con sus revólveres, de menor alcance y potencia, lo que favoreció su derrota. Sin embargo, el desarrollo de la batalla, y el relato de los indios que allí lucharon, permite descartar este defecto como decisivo en la derrota sufrida.

Y una curiosidad que no me resisto a contar: el 7º de caballería ya no usaba sables en aquella época. Muchos de los soldados eran antiguos miembros de la caballería confederada, que ya en 1863, consideraba como inútil dicha arma, prefiriendo llevar todos los revólveres, precargados, que pudiesen portar; realizando así las cargas con los mismos, y confiando en la masiva potencia de fuego que desarrollaban a corta distancia en un escaso periodo de tiempo. Dicha táctica demostró ser muy útil, y muy superior al uso del sable, por lo que no es de extrañar que se adoptase en masa.

Recreadores modernos reconstruyendo una carga de caballería confederada del final de la guerra.

jueves, 1 de agosto de 2013

EL MEJOR INSTRUMENTO DE GUERRA JAMÁS IDEADO (Parte 2)



(Dedicado a mi buen amigo Luis (otro Luis diferente), gran amigo, gran maestro en la avancarga, y poseedor, también, de otro rifle Garand M1).


Otra leyenda asegura que es imposible recargar el peine una vez introducido. Bien, pues es falsa, sí se puede recargar el peine, mediante el procedimiento de echar hacia atrás la palanca de montar el arma, sujetarla con la palma de la mano, e introducir en el peine los cartuchos precisos. Sin embargo, la maniobra requiere coordinación y cierta fuerza, lo que la hace notoriamente incómoda. Es mucho más sencillo, una vez echada hacia atrás la palanca, accionar el botón rectangular del lado izquierdo del cajón de mecanismos, para expulsar el peine ya cargado, e introducir seguidamente uno con los ocho disparos. Tampoco es cierto que precise de un peine para ser usado, puedes alimentarlo tiro a tiro sin muchos problemas, pero exige que con un par de dedos bajes la teja de elevación para que el cierre pueda completar su recorrido. De hecho, dicha manipulación puede verse en uno de los episodios de Hermanos de Sangre (creo recordar que en Crossroads - Encrucijada).

A fin de eliminar el ruido metálico que hacía al caer, se diseñaron peines de material plástico. Pese a mis esfuerzos no he podido localizar ni uno sólo, ni tampoco he encontrado una sola fotografía. E igual le pasa a la mayoría de autores consultados, por lo que se afirma que nunca se llegó a fabricarlos en masa, y por supuesto jamás fueron usados.

Y una última anécdota con el clip. En 1943, (se discute que si en Túnez o en Sicilia), un buen grupo de GIs se dieron cuenta que se podía usar… ¡para esposar prisioneros! La técnica es la siguiente: se les pone las manos a la espalda, y los pulgares se introducen por los extremos del mismo, dejando la parte posterior del clip hacia fuera. A ésta, se le da un golpe seco con la palma de la mano para terminar de encajarlo, quedando así como si fuera una esposa de pulgares. Al cabo de un par de minutos, los pulgares se hinchan, aumentando la presa que hace la pieza, y cualquier intento de quitárselo uno mismo, sólo obtiene un importante aumento del dolor, y excoriaciones causadas por los labios del citado clip. En una ocasión probé si era verdad, y tras pedir ayuda a mi mujer, el asunto terminó jocosamente, pues hasta que no golpeó los labios con el mango de la bayoneta (como se hacía en la guerra) no hubo maldita forma de poderme quitar el dichoso clip de los dedos…

Posición inicial del Clip para usarlo como esposa de pulgares. Sólo falta dar un golpe en la parte inferior del mismo, y ya está colocado.

Al término de la Segunda Guerra mundial, se decidió proceder al almacenamiento de un importante número de rifles M1. Previamente pasaron por un programa de reparaciones y reacondicionamiento para garantizar su estado. Se comprobó que la mayoría de los rifles, pese a su intenso uso, seguían en buenas condiciones. Solamente, había que cambiar, no en muchos, la palanca de armado, que mostraba ya alguna grieta. El único problema de mención lo mostraban los usados en el Pacífico: pese al cuidado y limpieza, y al contrario curiosamente que otras armas como las carabinas M1, muchos cañones presentaban signos de óxido, pero sin afectar el rayado y la precisión del arma. Así que se fabricaron cerca de 355.000 cañones nuevos, para sustituir todos aquellos que presentasen la más mínima tara.

Se almacenaron de una forma realmente ingeniosa, forma que se repetiría en otras armas, y durante muchos años. Se seleccionaron barriles de buena calidad, y un soporte para dichas armas, que en el caso del Garand tenía capacidad para diez rifles. En el centro, había un contenedor para piezas, clips, manuales, etc. Los M1 fueron limpiados, y aceitados con una pequeña y fina capa, montados en los soportes, e introducidos en el barril. Los barriles tenían atmósfera controlada, garantizando una mejor conservación, y consiguieron que tuviesen una flotabilidad positiva. Para abrirlos había diseñados ciertos “abrelatas” algunos manuales y otros mecánicos que se almacenaban junto con los barriles, pero aún así, y por si acaso, se podían abrir con un simple martillo y un escoplo. La idea era que si era preciso, nada más abrir los barriles, se pudiesen usar sin tener que someterlos a limpieza ni acondicionamiento de ningún tipo. Muchos de los Garand en manos ahora de coleccionistas civiles han salido de esos barriles; y sí, es cierto se podían disparar nada más salir de sus contenedores.


Tres fotos que muestran el ingenioso sistema de almacenaje. No sólo se almacenaron así Garands, sino también Thompsons, carabinas M1, BAR...

El fin de la Segunda Guerra Mundial no significó el fin de la carrera militar del M1 Garand…todo lo contrario, fue el comienzo. En 1950, los EEUU se vieron abocados a intervenir en la guerra de Corea tras la invasión del Sur por el belicoso norte comunista. El US Army estaba casi desmantelado, y era una sombra de lo que fue en 1945. Fue preciso volver a partir desde casi cero para crear nuevamente un ejército potente, y en su ayuda vino la disponibilidad y gran dureza y fiabilidad del Garand. 

Si en la guerra anterior se portó de maravilla, Corea no fue una excepción. Los veteranos recuerdan con cariño dicho rifle, y su excelente fiabilidad y precisión, aún bajo las peores condiciones climatológicas. Pese al brutal frío, los Marines que combatieron en la reserva de Chosin recuerdan que seguía funcionando, y sólo había que preocuparse de limpiarlo un poco para que no se acumulase ni hielo y ni barro congelado en el cerrojo, y de darle un golpe (como ya se ha dicho) a la palanca de armado al final de su recorrido para asegurarse que estaba correctamente colocado.

Reserva de Chosin. Otro campo de batalla que demostró la dureza y utilidad del rifle M1.

A pesar de las labores de conservación antes mencionadas, el advenimiento de la guerra fría significó la necesidad de rearmar a un buen número de aliados, aparte de las fuerzas armadas norteamericanas; por lo que se decidió volver a fabricar el M1 Garand en 1951. Se encargó a Springfield, a Harrington & Richardson y a Internacional Harvester la fabricación de los nuevos Garand. Y aquí surge otro de los mitos del Rifle M1. Las dos primeras tenían experiencia en la fabricación de armas ligeras, pero Internacional Harvester no. De hecho su contrato era una subcontrata del de Springfield, según malas lenguas por mediación de ciertos políticos locales.

No es de extrañar que tuviese problemas con las primeras series, y de hecho, al principio, tuvieron que limitarse a ensamblar las partes proporcionadas por las dos anteriores. Al final, fabricarían unos 337.623 rifles, desde 1952 hasta 1956, pero debido a los antes mencionados, siempre tuvieron una mala reputación, lo que ha conseguido que su precio de venta sea siempre inferior a los de otros fabricantes. Es curioso, pues los rifles pasaban por la inspección del US Army Ordenance, que no aceptaba los defectuosos. Y de hecho, no son malos, sino que son más precisos que otros por una curiosa razón: Internacional Harvester no fabricaba sus cañones. Se los encargó a la Line Material Company de Birmingham, Alabama (están marcados con LMR en un lateral), que los fabricaba con una calidad muy superior al resto de competidores.


También hubo que volver a fabricar más lanzadores de granadas M7, para la bocacha del arma. El citado lanzador, para ser usado, precisaba cartuchos especiales, y usar una llave para abrir más el cilindro de gases. Pero al hacer ésto, el rifle sólo funcionaba en repetición manual con munición normal, lo que motivaba que muchos G.I. simplemente “perdiesen” el lanzagranadas tras unos pocos usos. No sería hasta julio de 1945, con la aparición de la versión M7A1, cuando este problema sería resuelto, pudiendo disparar granadas con la munición de combate habitual. En la postguerra, se fabricarían las versiones mejoradas M7A2 y M7A3.


La guerra de Corea, además, vio un mayor uso de las versiones de francotirador. Realmente, no era un rifle de francotirador como tal, las versiones C y D, sino modificaciones someras sobre rifles estándares que habían demostrado en las pruebas que tenían más precisión que otros. Durante la Segunda Guerra mundial se habían producido unos 7.971 rifles M1C. En Septiembre de 1944, salió el modelo M1D, del cual sólo unos pocos ejemplares se fabricaron durante la guerra, pero que verían luego mayor uso y mayor número fabricados en la inmediata postguerra y en Corea. De Hecho, muchos M1C serían convertidos al modelo M1D mediante un kit diseñado al efecto.

Garand M1D.


Los norteamericanos fueron de los primeros defensores del uso del tirador selecto para abatir blancos de gran valor como oficiales o especialistas de tropa. No hay más que recordar las bajas de oficiales británicos que causaron los rifles Kentucky y Pennsylvania durante la Guerra de Independencia. Sin embargo, siempre, al final del conflicto olvidaban todo lo aprendido, y en el siguiente debían empezar desde cero…y es curioso, pues en aquellos años sí que contaban con una excelente versión de precisión del Garand.

A John C. Garand le preguntaron cómo mejorar la precisión de su arma. La respuesta fue sencilla: modificarlo para que el cañón tocase solamente con el cilindro de gases, y con nada más, ni siquiera con la madera del guardamanos; es decir, lo que todos sabéis que se hace hoy en día con los buenos rifles de precisión, con el concepto del cañón flotante. Además, un buen número de armeros aprendieron a modificar el gatillo y dejarlo en presiones menores de 4 libras en el segundo tiempo. Otros armeros, además, constataron que los que tenían más ajustada la palanca de armado al cajón de mecanismos, tendían a tener mayor precisión.

Surgió así el Garand más caro de todos: el National Match Rifle, cuya fabricación, comenzó en marzo de 1953 con unas 800 unidades, en Springfield Armory. Las piezas que usaban eran especiales, realizadas con unos estándares más estrictos y con mucho mayor mimo, siendo marcadas con las letras NM para distinguirlas de las normales. Estos rifles no fueron al ejército, sino que fueron usados de forma deportiva, en las populares competiciones de tiro de precisión con rifle que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea. En total se fabricarían unos 40.000 National Match Garands, pero si pegas un pelotazo de la lotería y tienes dinero para hacerte con uno, hay que tener cuidado, pues dentro de este gran número se incluyen muchas modificaciones (más o menos amplias) posteriores realizadas con piezas con los marcajes NM.



La llegada de la normalización de los calibres de los países miembros de la OTAN al 7,62x51 mm, significó también un renovado interés del US Army, US Navy y USMC por un nuevo rifle, que aprovechase todas las bondades del M1, pero que eliminase sus defectos. Así nació, sobre la base bien probada del Garand, el rifle M14. Pero quedaban muchos Garand en servicio, y además otros muchos millares se habían suministrado a aliados, por lo que una versión en el nuevo calibre era el paso más lógico.

En un primer momento, solamente cambió el grupo del cerrojo, adaptado a las presiones y dimensiones del nuevo cartucho, siendo así denominado como “US Rifle, Navy (la marina fue la principal impulsora del proyecto), Mk2, Model 0”. Sin embargo, y de forma sorprendente, y a pesar que teóricamente no debía dar problemas, mantener el cañón original del .30-06 se traducía una pérdida importante de fiabilidad, por lo que se tuvo que fabricar cañones específicos del nuevo calibre, siendo éstos conocidos (tanto los de nueva fabricación como los modificados por el siempre presente kit específico) como “US Rifle, Navy (la marina fue la principal impulsora del proyecto), Mk2, Model 1”.

Ejemplo del marcaje del cañón de un US Rifle, Bavy, Mk2, Mod 1.

El Garand también sería fabricado en Italia, bajo licencia, por Beretta, tanto en sus versiones de .30-06 como en la de 7,62x51. Y al igual que en los EEUU, sería el germen de un nuevo rifle, el BM59. Tanto compartirían su diseño, que los argentinos que habían recibido unos 30.000 rifles M1, lograron adaptarlos para usar los cargadores de petaca de éste último, en vez del consabido clip.

Rifle Beretta BM-59, versión de culata fija.


Y aquí hay una curiosidad. En la inmensa mayoría de los textos hablan de los M1 de Beretta como algunos de los más precisos y mejor fabricados Garand. Sin embargo, (algo que ha sorprendido cuando lo he comentado en algún foro de los USA o Canadiense), en España, el aficionado tiende a no quererlos por considerarlos como malos y poco fiables. ¿La razón? Muy posiblemente que los que llegaron a nuestro país, procedieran de restos del ejército italiano, y que hubiesen sido usados durante mucho tiempo en instrucción de reclutas, con el consiguiente pésimo cuidado, y alto número de “barrigazos” recibidos.

Garand original arriba, abajo el modificado por los argentinos (tomado del foro de la página web razonyfuerza.com) .

El final de la guerra de Corea y el advenimiento del M14 primero, y luego después, del M16, no significó el final del uso bélico del Garand. Los norteamericanos lo usarían ampliamente en Vietnam, en especial la versión M1D; así como sus aliados vietnamitas y mercenarios laosianos. De hecho, las últimas piezas las fabricaría Springfield en 1967. También fue suministrado ampliamente a países de la OTAN y otros aliados de la esfera occidental, pero veamos algún uso curioso…

US Marine usando su Garand M1C en la República Dominicana, 1965.

El M1 fue suministrado a la National Police Reserve del Japón, en 1950, lo que constituiría luego uno de los gérmenes del renacimiento de las JDSF. De hecho, si os fijáis, todavía en muchas ceremonias militares, el rifle usado al efecto es el M1 Garand, lo cual no deja de ser irónico.

Soldados de la JDSF en parada ceremonial.

No podía faltar...foto del impresionante Silent Drill del USMC.

El Garand sirvió bien a las fuerzas que representaban los valores de la democracia y el respeto a los derechos humanos durante mucho tiempo, pero también cayeron en malos “maléficas” de dictadores y terroristas. Quienes quizás se llevan la palma fueron los temibles milicianos haitianos “Tonton Macoute”, las milicias de la familia Duvalier (tanto de Papá Doc Duvalier como de Baby Doc Duvalier), que fueron profusamente equipados con el mismo.


Dos fotos de los temibles Tonton Macoute haitianos. En Creolé, el término es equivalente a nuestro "hombre del saco"...

Cierto número de rifles M1 pasaron de los EEUU a Irlanda del Norte en los años 70 y 80, y acabaron en manos del IRA. Gran número de testimonios de soldados británicos aseveran haberse enfrentado al temible y preciso fuego de Garands en manos de terroristas irlandeses, incluso durante los años 90.

Y ya que estamos en las islas, otra curiosidad. Antes de un año los M1 en poder de la Home Guard británica, durante la Segunda Guerra Mundial, pasaron a almacén; al ser dotados de subfusiles Sten, más baratos y adecuados a las nuevas tareas a realizar una vez desestimada una invasión germana a las islas. Y el destino posterior de 10.000 de ellos fue bien exótico…acabaron cayendo en manos de una empresa oscura (la International Armament Corporation o Interarmco) controlada por el aventuro y traficante Sam Cummings. Un personaje curioso, que logró amasar una buena fortuna con el comercio de armas sobrantes de diversos conflictos. Contratado como especialista en armas por la CIA, aprovechó sus contactos para traer un montón de armas alemanas de la Segunda Guerra Mundial primero, y luego del bloque del este después, a los USA, y muy en especial a los armeros de las producciones de Hollywood.

Revolucionarios cubanos con el Garand.

Esos diez mil Garands se los logró vender al dictador cubano Fulgencio Batista a finales de los 50, cayendo como es de esperar, un buen número, en manos de los revolucionarios. También le vendió un buen número de rifles AR-10, pero éstos fueron capturados en puerto por los castristas antes de ser pagados. Ni corto ni perezoso, escribió a Castro pidiendo el pago o su devolución, a los que Castro le respondió invitándole a Cuba a que hiciese una demostración. Con gran valor se plantó en La Habana, siendo recibido por el notorio comandante revolucionario, el cual impresionado por la demostración y ligereza del arma, aceptó pagárselos. Peor lo tuvo con el dictador Dominicano Rafael Trujillo, el cual estuvo a punto de matarlo, en una reunión, con uno de sus propios AR-10 que había sido capturado a un opositor. Al final, su negocio sufriría un gran revés con el acta de control de armas de 1968, pero sobrevivió mediante la importación de armas exóticas al mercado civil. Como anécdota, decir que un número importante de pistolas Star o Astra españolas llegaron allí gracias a su empresa.

Sam Cummings.

Fidel Castro... y detrás un M1 Garand compartiendo plano con un Johnson.  


Otro uso importante del M1 tuvo lugar en la revolución Sandinista de 1979. El Garand equipaba a la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza, y fue capturado en gran número por los revolucionarios. Impresionó en gran medida a éstos, que lo levaron al Olimpo de los fusiles junto con el AK y el FAL, y le llegaron a dedicar una simpática canción revolucionaria que trataba de su despiece y limpieza.


Guardia Nacional Nicaragüense.
Guerrilleros Sandinistas...con el Garand.

Rifle AR-10 del 7,62x51 NATO.

Hace años que no veo al M1 Garand en ningún conflicto, pero dada su difusión no es de extrañar que volvamos a verlo. Springfield Armory de Illinois, de forma intermitente fabrica un bello ejemplar conmemorativo (y bien caro) de la batalla de Iwo Jima, acompañado de caja funda, y un K-Bar (en el mercado americano, claro, aquí te lo venden pelado, y gracias). El último uso bélico en manos norteamericanas del Garand fue durante la guerra del Golfo de 1991, tanto en los ejemplares de la US Navy todavía en los armeros de los barcos, como en manos de la USAF. Un cierto número de M1D de francotirador, reconvertidos al 7,62 NATO fue hallado en un almacén de la base Rammstein, en Alemania, y enviado a Arabia Saudí, para ser usados tanto en funciones de guarda, como para “desactivación” de pequeños artefactos explosivos. Me hubiera gustado ver la cara de sorpresa de más de un soldado al ver que le asignaban para el servicio un rifle “como el del abuelo”. Los últimos ejemplares del Garand serían retirados de algunos barcos de la US Navy en fecha tan tardía como en 1995…



El Garand entre los tiradores civiles seguirá teniendo muchos, muchos años de uso. Es uno de los mejores, de los más grandes, y muy pocas armas serán capaces de transmitirte unas sensaciones al cogerlo o al tirar con él como este gran rifle.

El M1 Garand del autor...Off course, fabricado por Springfield.

Si ya lo cantaban con gran acierto los sandinistas: “ENTRE TODOS LOS FUSILES ESTE GARAND ES LA LEY!…”


jueves, 18 de julio de 2013

EL MEJOR INSTRUMENTO DE GUERRA JAMÁS IDEADO (Parte 1)



(Dedicado a mi gran amigo Luis, uno de los grandes responsables de haber hecho realidad muchos sueños al conseguirme muchas de las piezas de colección que habitan ahora el armero, incluido como no...mi M1 Garand)

Muchas veces al comenzar a escribir un tema, como bloguero aficionado no dejas de sentirte un poco plagiador. A fin de cuentas, sólo intentas dar un poquito de tu prosa a excelentes trabajos que otros realizan mucho mejor que tú. Pero cuando llegas al extremo de copiar descaradamente una de las mejores citas de uno de los mejores generales de todos los tiempos, a todo un George S. Patton; más te vale tener una buena excusa. Y yo la tengo… mi rifle M1 Garand fabricado por Springfield en 1943, habla por mi.



Cuando eres aficionado y coleccionista de armas, puedes tener el mayor número de piezas, y las más raras y las más valiosas, pero si no tienes un Garand, siento decirlo así de crudo, sólo tienes una asombrosa colección de “hierros”. Decir en una reunión de grandes aficionados a la historia militar (¡o de viciosos del Call of Duty!): “tengo un Garand original”, ya hace que te suban de categoría, aunque sólo sea medio peldaño. Y dispararlo, es entrar en otra dimensión.

Sobrevalorada pistola alemana. Tengo amigos que por tener esto piensan que ya tienen una gran colección...je, je ¡pobres infelices!


El Duke no usa Lugers...
Y como es costumbre en este blog, no será esta entrada una historia detallada, sino una colección de anécdotas curiosas.

La primera: los antecedentes. Todos los textos dan dos, el magnífico rifle semiautomático Mondragón y el danés M1922 Bang. El primero, fue una gran tarea de ingeniería realizada por el general mexicano Manuel Mondragón; que llegaría a ser fabricado por la SIG suiza, e incluso usado por el ejército alemán durante la primera guerra mundial. El segundo, que sería fabricado en los EEUU, era obra de un ingeniero danés, de nombre Soren H. Bang. Y sería éste último, el que daría muy buenas ideas para el desarrollo del suyo a un oscuro ingeniero de la Springfield Armory, un tal John Cantius Garand.

Rifle Bang.

Rifle Mondragon.

John C. Garand, no era norteamericano de nacimiento, sino canadiense, nacido en Québec, pero de niño se mudó con su familia a Jewett City, en Connecticut. Fue a la escuela sólo hasta los 11 años, cuando empezó a trabajar en una empresa textil. Rápidamente se dieron cuenta de su gran e innata habilidad con la maquinaria, lo que motivó su rápido ascenso. Unido a su gran pasión por el tiro, de forma amateur comenzó a diseñar diversas armas. En 1917, sería contratado por el ejército norteamericano para mejorar el diseño de ametralladoras ligeras, y al final de la guerra obtendría un buen puesto en el arsenal militar de Springfield Armory en Connecticut (no confundir con la compañía que obtuvo el nombre en 1974, y está en Illinois). Ahí comenzaría el diseño de su inmortal rifle.


Realmente, en los años veinte, el ejército y la marina norteamericanos no necesitaban un rifle nuevo. Tenían uno sensacional, el Springfield  mod. 1903 del calibre .30-06. Es uno de los fusiles sistema mauser más bonitos y mejor fabricados del mundo, con una excelente precisión y suavidad de la acción del cerrojo, aparte de haber mostrado su gran fiabilidad y resistencia. Pero la opción de conseguir un gran volumen de fuego se tropezó con un obstáculo importante: la gran potencia del cartucho.

Se había ideado para el citado rifle el conocido como dispositivo Pedersen que lo convertía en un semiautomático, pero al precio de no poder usar el .30-06, sino un cartucho intermedio, el conocido como Cal. 30 auto, y era alimentado por un cargador de 40 disparos. No llegó a tiempo de usarse en la guerra, y en 1920, la inmensa mayoría de las modificaciones, inexplicablemente, se destruyeron. Se quería algo más…



Dos vistas del dispositivo Pedersen

Tanto el US Army como el USMC, tomaron en consideración otro cartucho, el .276 Pedersen; menos potente, pero útil a las distancias de combate requeridas. A los concursos había varias propuestas, pero siempre fallaban en algo primordial: o no eran fiables, o bien los cartuchos precisaban pasar por almohadillas impregnadas en aceite. Todos menos el rifle de John Garand, ese funcionaba como fuese.

Al principio de los años 30, el jefe del estado mayor del ejército, un ya bien conocido Douglas MacArthur se empeñó en que no se usase ese cartucho por los problemas de logística que planteaba, y que el rifle que se seleccionase tendría que funcionar sí o sí con el .30-06. Y eso que en esa época, era un apestado de la escena política y social, al mandar disolver con gases lacrimógenos y bayoneta calada (con el resultado de dos muertes) al Bonus Army, un numeroso grupo de veteranos de la primera guerra mundial, muy empobrecidos con la crisis de 1929, que habían acampado en Washington DC con sus familias, para protestar por su situación y el incumplimiento de las promesas que se les habían hecho. Aún así, sacó adelante el que se dotase a los militares con el nuevo y revolucionario rifle. Años después, muchos lo agradecerían.
Protestas del Bonus Army.


Patentado en 1934, comenzó a ser producido en masa, en la Springfield Armory en 1936, con un contrato inicial de 155.000 ejemplares, pues no iban a hacer falta más…sólo en dos años, de 1943 a 1945, Springfield fabricó 3.455.000…

Adoptado inmediatamente con entusiasmo por el ejército, cuyas pruebas incluyeron tanto a reclutas recién alistados como a veteranos de más de 15 años de servicio activo, fue inicialmente descartado por los Marines. La razón bien curiosa: no les gustaba el engarce de la bayoneta. La razón es que los primeros ejemplares llevaban en la bocacha una pieza para mejorar la cantidad de aire disponible para la acción semiautomática, la denominada Gas Trap. Sin embargo, los gases y restos de la combustión de la pólvora del cartucho ocasionaban acumulación de suciedad, lo que terminaba por aflojarla y moverla, con el peligro (que realmente sucedió en ocasiones) de que una bala se llevase el invento por delante al salir del cañón. Al final fue omitida por innecesaria, pero los Garand que así fueron fabricados se han convertido en codiciada pieza de coleccionista.

Detalle de la Gas Trap

Al comienzo de su uso, no se sabía muy bien si necesitaba mucha lubricación o poca. Así que los mandos para probar cambiaban una y otra vez las instrucciones a las tropas, por lo que las inspecciones se convertían en un horror. Rápidamente los soldados descubrieron que en muchas unidades, se inspeccionaba solamente una parte de la compañía, así que parte de los rifles se limpiaban de acuerdo a las anteriores y la otra según las nuevas. Ahorraron mucho trabajo y muchos castigos también.

De fábrica los Garand nuevos venían con una sustancia grasa llamada Cosmoline que garantizaba su almacenamiento sin corrosión durante muchísimos años. De hecho la egiptología moderna ha demostrado que algo muy similar se usaba en los procesos de momificación. Quitarla a mano es un peñazo sin igual, pero hay un truco: desmontar el rifle, sumergir las piezas en agua a punto de ebullición (si está viejo el cosmoline, se usan antes ciertos aceites para darle viscosidad de nuevo), sacarlas (las partes más rebeldes se terminan de limpiar con algún compresor de agua a chorro), secarlas con esmero y aceitarlas con rapidez. Nunca le dijeron esto a los soldados, a pesar de saberlo, pues en el ejército de entreguerras, se prefería tenerlos ocupados en algo. Así que les tocaba hacerlo a mano, cada vez que se recibía un nuevo cargamento.


El Garand sólo tuvo un rival, el rifle Johnson. Diseñado por Melvin Jonson, un antiguo oficial del USMC, siempre se quejó de haber sido maltratado en las pruebas realizas con su rifle. Nuevas pruebas en 1940, demostraron que era similar al de Garand, pero con la desventaja de estar éste ya en servicio. En pruebas realizadas por los Marines a principios de 1941, comparando el M1903, el Garand y el Jonson, sin embargo, quedó éste en último lugar. Aún así, el debate Garand – Johnson sigue siendo un clásico de los aficionados a los rifles militares.
Johnson Rifle
Detalle de su recarga

  El primer uso del M1 Garand durante la segunda guerra mundial fue en la defensa de las Islas Filipinas de los invasores japoneses. Quedaron enormemente impresionados por el nuevo rifle, que causó un gran impacto pese a su escaso número. De hecho se pensó incluso en recamarar los capturados al 6,5x50 mm Arisaka; quedando en nada el proyecto. Según avanzó la guerra, y la difusión del Garand, la alarma fue aún mayor, llegándose incluso a realizar una copia del mismo, para la defensa de las islas del archipiélago japonés. Sería el rifle semiautomático Type 4 (otros textos lo llaman el type 5), en calibre 7,7x58 mm. Tenía un cargador fijo de 10 cartuchos, alimentado con peines de cinco; y se fabricaron cerca de unos 200. Su precio actual, como os podéis imaginar, es astronómico.

Rifle Type 4, el "Garand nipón"


Varios ejemplares de Garand participaron con Rangers americanos en la desastrosa operación Jubilee sobre Dieppe, de agosto de 1942, en ella, varios comandos británicos recuerdan que consiguieron reembarcar gracias al voraz fuego de contención que dichos rifles, en manos de un pequeño grupo de Rangers, les proporcionaron. Hubo planes de proporcionar gran número de Garands a los británicos, pero fueron descartados por motivos ignotos. Los pocos que llegaron en virtud de préstamo y arriendo, acabaron en manos de la Home Guard.

Amanecer en Dieppe...

Cuando la primera división de marines desembarcó en Guadalcanal, debido a la tozudez de los mandos del USMC, todavía estaban armados con los rifles de cerrojo Springfield, y así tuvieron que luchar hasta la llegada en octubre de 1942, de las primeras unidades del US Army, que ya traían el Garand. Algunos de los Marines ya lo conocían, y apreciaban su efectividad, por lo que se idearon las más variadas estratagemas para hacerse con uno. Unas, más legales, como la de cambiárselos a los encargados de intendencia por apreciados y valiosos botines de guerra como banderas, espadas, rifles, pistolas, etc, japonesas, de las cuales los marines tenían amplia posesión debido a las durísimas batallas libradas. Otras, digamos que más directas, como la llamada “requisa bajo la luz de la luna”, que era lisa y llanamente hacerse con uno por la noche, bien yendo al depósito, o dándole el cambiazo a algún novato del ejército, que al despertar, contemplaba con estupor y luego cabreo, como su apreciado Garand, había sufrido un downgrade y ahora era un baqueteado Springfield. U otras más macabras…como la costumbre posicionarse en los pozos de tirador con elementos del ejército, en teoría para reforzar su combatividad con veteranos, pero no se tardaba ni un minuto en anunciarle al novato que no tardaría en recibir un tiro en el próximo combate, y que el marine quería estar bien cerca de ese Garand…para que no se perdiese.

Marines equipados todavía con el Springfield
 
...y uno que consiguió el nuevo rifle.

El brutal clima y terreno de Guadalcanal despejó todas las dudas sobre la fiabilidad del rifle M1. Mientras se limpiase con cierta frecuencia y esmero, el arma funcionaba como un reloj. Así, que siempre que se podía, se desmontaba y limpiaba. Para no estar sin defensa, lo normal era hacerlo por turnos, teniendo rifles listos y preparados y otros en proceso de limpieza. Si os fijáis bien, en las excelentes series de la HBO, The Pacific y Hermanos de Sangre, hay varias escenas al respecto.



Guadalcanal demostró ciertas debilidades de los primeros Garand, una era la aguja de percusión, un poco frágil en algunas series y la palanca de armado que tendía a resquebrajarse. Un defecto menor, era que algunos traían un muelle excesivamente duro, pero bastaba con cortarlo unas pulgadas para que el rifle funcionase a la perfección. Otro defecto fue más peliagudo: debido al clima y, sobre todo, al propelente de los cartuchos, el extremo externo del cañón y el receptáculo del cilindro de gases tendían a pulirse, y perder el pavonado, quedando así una zona del rifle que brillaba incluso con poca luz lunar, y que delataba la posición del tirador. Excepto el defecto de la palanca de armado, que siempre fue un pelín quebradiza, el nuevo rifle funcionaba mucho mejor de lo esperado en un entorno tan hostil. De hecho muchos Garand (incluido el mío) actualmente conservados, es la única pieza original que tienen cambiada.


uno de los primeros M1 mostrando el "pulido" tras muchos disparos
Y llegamos aquí el mayor creador de mitos del rifle M1: su peculiar peine de alimentación. Una de las mejores sensaciones del rifle es ese maravilloso y musical PIIIINNNGG!!!! Que resuena en tus oídos al terminar el cargador, y saltar por los aires el clip vacío. El ruido lo hace, principalmente, la pieza que lo expulsa, pero se oyen un par de clangs al caer el peine metálico al suelo. Tanto en la Segunda Guerra Mundial como en la de Corea, corrió la leyenda que el enemigo, así, oía que tenías un rifle descargado y podía ir a por ti…vayamos por partes.


Os aseguro que un campo de tiro, con todo el ruido y la cacofonía de diversas armas, a menos de cinco metros, no oyes nada de nada cuando el rifle expulsa el clip, así que mucho menos en un combate. Además no tengo otro rifle que se recargue a tal velocidad que mi querido M1 Garand: según salta, tú sí que oyes el clip, quedando el cerrojo además abierto. Con un rápido gesto accedes a las cartucheras, sacas otro clip, y con rapidez lo insertas, quedando el rifle otra vez listo. Lo haces, con entrenamiento en menos de dos segundos…y vuelves a tener, otra vez, ocho disparos del potente cartucho a tu disposición. Para pensarse lo de cargar…aún así, muchos veteranos guardaban algunos clips vacíos, para tirarlos cuando todavía les quedaba munición, y hacer creer a algún incauto que eran presa fácil.

Otra leyenda famosa del Garand, es la del famoso “pulgar del Garand”. La leyenda es cierta, pero hay que matizarla. Se decía, que muchas veces al meter el clip, el cerrojo se desplazaba por si mismo hacia delante, pillando dolorosamente el dedo del tirador contra la recámara. Es cierto, puede pasarte, pero el golpe que te da el cerrojo es suave, y en absoluto doloroso, sólo que tardas un poco más en recargarlo. Otra cosa es que la palanca de armado te pille los dedos 2º a 5º de la mano izquierda mientras disparas por ponerla en su recorrido, ahí sí que duele y mucho.

El dedo se ennegrece por las pequeñas pero continuas hemorragias que la presión de los bordes del clip producen en el pulpejo del pulgar. Y en absoluto es doloroso, es más bien una “medalla” que muestra lo bien que te lo has pasado en el campo de tiro. Por cierto, el clip carga en cualquier posición, es decir, que no hay un arriba ni una abajo, y es más sencillo cargar el rifle si te has preocupado que el proyectil superior (¡o inferior!) quede a la derecha del mismo. Y para evitar que te golpeé el cerrojo es bien sencillo: sólo hay que poner la palma de la mano derecha contra el cajón de mecanismos, preocupándote que la eminencia hipotenar (el canto de la mano, vamos), sujete la palanca de armado. Al terminar de insertar el clip, se echa un poco hacia atrás (por si no se había armado ya) y al terminar el recorrido se le da un pequeño golpe para asegurarse que el cerrojo ha completado su recorrido.



Dos fotos muy demostrativas de cómo se carga un Garand.