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jueves, 1 de agosto de 2013

EL MEJOR INSTRUMENTO DE GUERRA JAMÁS IDEADO (Parte 2)



(Dedicado a mi buen amigo Luis (otro Luis diferente), gran amigo, gran maestro en la avancarga, y poseedor, también, de otro rifle Garand M1).


Otra leyenda asegura que es imposible recargar el peine una vez introducido. Bien, pues es falsa, sí se puede recargar el peine, mediante el procedimiento de echar hacia atrás la palanca de montar el arma, sujetarla con la palma de la mano, e introducir en el peine los cartuchos precisos. Sin embargo, la maniobra requiere coordinación y cierta fuerza, lo que la hace notoriamente incómoda. Es mucho más sencillo, una vez echada hacia atrás la palanca, accionar el botón rectangular del lado izquierdo del cajón de mecanismos, para expulsar el peine ya cargado, e introducir seguidamente uno con los ocho disparos. Tampoco es cierto que precise de un peine para ser usado, puedes alimentarlo tiro a tiro sin muchos problemas, pero exige que con un par de dedos bajes la teja de elevación para que el cierre pueda completar su recorrido. De hecho, dicha manipulación puede verse en uno de los episodios de Hermanos de Sangre (creo recordar que en Crossroads - Encrucijada).

A fin de eliminar el ruido metálico que hacía al caer, se diseñaron peines de material plástico. Pese a mis esfuerzos no he podido localizar ni uno sólo, ni tampoco he encontrado una sola fotografía. E igual le pasa a la mayoría de autores consultados, por lo que se afirma que nunca se llegó a fabricarlos en masa, y por supuesto jamás fueron usados.

Y una última anécdota con el clip. En 1943, (se discute que si en Túnez o en Sicilia), un buen grupo de GIs se dieron cuenta que se podía usar… ¡para esposar prisioneros! La técnica es la siguiente: se les pone las manos a la espalda, y los pulgares se introducen por los extremos del mismo, dejando la parte posterior del clip hacia fuera. A ésta, se le da un golpe seco con la palma de la mano para terminar de encajarlo, quedando así como si fuera una esposa de pulgares. Al cabo de un par de minutos, los pulgares se hinchan, aumentando la presa que hace la pieza, y cualquier intento de quitárselo uno mismo, sólo obtiene un importante aumento del dolor, y excoriaciones causadas por los labios del citado clip. En una ocasión probé si era verdad, y tras pedir ayuda a mi mujer, el asunto terminó jocosamente, pues hasta que no golpeó los labios con el mango de la bayoneta (como se hacía en la guerra) no hubo maldita forma de poderme quitar el dichoso clip de los dedos…

Posición inicial del Clip para usarlo como esposa de pulgares. Sólo falta dar un golpe en la parte inferior del mismo, y ya está colocado.

Al término de la Segunda Guerra mundial, se decidió proceder al almacenamiento de un importante número de rifles M1. Previamente pasaron por un programa de reparaciones y reacondicionamiento para garantizar su estado. Se comprobó que la mayoría de los rifles, pese a su intenso uso, seguían en buenas condiciones. Solamente, había que cambiar, no en muchos, la palanca de armado, que mostraba ya alguna grieta. El único problema de mención lo mostraban los usados en el Pacífico: pese al cuidado y limpieza, y al contrario curiosamente que otras armas como las carabinas M1, muchos cañones presentaban signos de óxido, pero sin afectar el rayado y la precisión del arma. Así que se fabricaron cerca de 355.000 cañones nuevos, para sustituir todos aquellos que presentasen la más mínima tara.

Se almacenaron de una forma realmente ingeniosa, forma que se repetiría en otras armas, y durante muchos años. Se seleccionaron barriles de buena calidad, y un soporte para dichas armas, que en el caso del Garand tenía capacidad para diez rifles. En el centro, había un contenedor para piezas, clips, manuales, etc. Los M1 fueron limpiados, y aceitados con una pequeña y fina capa, montados en los soportes, e introducidos en el barril. Los barriles tenían atmósfera controlada, garantizando una mejor conservación, y consiguieron que tuviesen una flotabilidad positiva. Para abrirlos había diseñados ciertos “abrelatas” algunos manuales y otros mecánicos que se almacenaban junto con los barriles, pero aún así, y por si acaso, se podían abrir con un simple martillo y un escoplo. La idea era que si era preciso, nada más abrir los barriles, se pudiesen usar sin tener que someterlos a limpieza ni acondicionamiento de ningún tipo. Muchos de los Garand en manos ahora de coleccionistas civiles han salido de esos barriles; y sí, es cierto se podían disparar nada más salir de sus contenedores.


Tres fotos que muestran el ingenioso sistema de almacenaje. No sólo se almacenaron así Garands, sino también Thompsons, carabinas M1, BAR...

El fin de la Segunda Guerra Mundial no significó el fin de la carrera militar del M1 Garand…todo lo contrario, fue el comienzo. En 1950, los EEUU se vieron abocados a intervenir en la guerra de Corea tras la invasión del Sur por el belicoso norte comunista. El US Army estaba casi desmantelado, y era una sombra de lo que fue en 1945. Fue preciso volver a partir desde casi cero para crear nuevamente un ejército potente, y en su ayuda vino la disponibilidad y gran dureza y fiabilidad del Garand

Si en la guerra anterior se portó de maravilla, Corea no fue una excepción. Los veteranos recuerdan con cariño dicho rifle, y su excelente fiabilidad y precisión, aún bajo las peores condiciones climatológicas. Pese al brutal frío, los Marines que combatieron en la reserva de Chosin recuerdan que seguía funcionando, y sólo había que preocuparse de limpiarlo un poco para que no se acumulase ni hielo y ni barro congelado en el cerrojo, y de darle un golpe (como ya se ha dicho) a la palanca de armado al final de su recorrido para asegurarse que estaba correctamente colocado.

Reserva de Chosin. Otro campo de batalla que demostró la dureza y utilidad del rifle M1.

A pesar de las labores de conservación antes mencionadas, el advenimiento de la guerra fría significó la necesidad de rearmar a un buen número de aliados, aparte de las fuerzas armadas norteamericanas; por lo que se decidió volver a fabricar el M1 Garand en 1951. Se encargó a Springfield, a Harrington & Richardson y a Internacional Harvester la fabricación de los nuevos Garand. Y aquí surge otro de los mitos del Rifle M1. Las dos primeras tenían experiencia en la fabricación de armas ligeras, pero Internacional Harvester no. De hecho su contrato era una subcontrata del de Springfield, según malas lenguas por mediación de ciertos políticos locales.

No es de extrañar que tuviese problemas con las primeras series, y de hecho, al principio, tuvieron que limitarse a ensamblar las partes proporcionadas por las dos anteriores. Al final, fabricarían unos 337.623 rifles, desde 1952 hasta 1956, pero debido a los antes mencionados, siempre tuvieron una mala reputación, lo que ha conseguido que su precio de venta sea siempre inferior a los de otros fabricantes. Es curioso, pues los rifles pasaban por la inspección del US Army Ordenance, que no aceptaba los defectuosos. Y de hecho, no son malos, sino que son más precisos que otros por una curiosa razón: Internacional Harvester no fabricaba sus cañones. Se los encargó a la Line Material Company de Birmingham, Alabama (están marcados con LMR en un lateral), que los fabricaba con una calidad muy superior al resto de competidores.


También hubo que volver a fabricar más lanzadores de granadas M7, para la bocacha del arma. El citado lanzador, para ser usado, precisaba cartuchos especiales, y usar una llave para abrir más el cilindro de gases. Pero al hacer ésto, el rifle sólo funcionaba en repetición manual con munición normal, lo que motivaba que muchos G.I. simplemente “perdiesen” el lanzagranadas tras unos pocos usos. No sería hasta julio de 1945, con la aparición de la versión M7A1, cuando este problema sería resuelto, pudiendo disparar granadas con la munición de combate habitual. En la postguerra, se fabricarían las versiones mejoradas M7A2 y M7A3.


La guerra de Corea, además, vio un mayor uso de las versiones de francotirador. Realmente, no era un rifle de francotirador como tal, las versiones C y D, sino modificaciones someras sobre rifles estándares que habían demostrado en las pruebas que tenían más precisión que otros. Durante la Segunda Guerra mundial se habían producido unos 7.971 rifles M1C. En Septiembre de 1944, salió el modelo M1D, del cual sólo unos pocos ejemplares se fabricaron durante la guerra, pero que verían luego mayor uso y mayor número fabricados en la inmediata postguerra y en Corea. De Hecho, muchos M1C serían convertidos al modelo M1D mediante un kit diseñado al efecto.

Garand M1D.


Los norteamericanos fueron de los primeros defensores del uso del tirador selecto para abatir blancos de gran valor como oficiales o especialistas de tropa. No hay más que recordar las bajas de oficiales británicos que causaron los rifles Kentucky y Pennsylvania durante la Guerra de Independencia. Sin embargo, siempre, al final del conflicto olvidaban todo lo aprendido, y en el siguiente debían empezar desde cero…y es curioso, pues en aquellos años sí que contaban con una excelente versión de precisión del Garand.

A John C. Garand le preguntaron cómo mejorar la precisión de su arma. La respuesta fue sencilla: modificarlo para que el cañón tocase solamente con el cilindro de gases, y con nada más, ni siquiera con la madera del guardamanos; es decir, lo que todos sabéis que se hace hoy en día con los buenos rifles de precisión, con el concepto del cañón flotante. Además, un buen número de armeros aprendieron a modificar el gatillo y dejarlo en presiones menores de 4 libras en el segundo tiempo. Otros armeros, además, constataron que los que tenían más ajustada la palanca de armado al cajón de mecanismos, tendían a tener mayor precisión.

Surgió así el Garand más caro de todos: el National Match Rifle, cuya fabricación, comenzó en marzo de 1953 con unas 800 unidades, en Springfield Armory. Las piezas que usaban eran especiales, realizadas con unos estándares más estrictos y con mucho mayor mimo, siendo marcadas con las letras NM para distinguirlas de las normales. Estos rifles no fueron al ejército, sino que fueron usados de forma deportiva, en las populares competiciones de tiro de precisión con rifle que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea. En total se fabricarían unos 40.000 National Match Garands, pero si pegas un pelotazo de la lotería y tienes dinero para hacerte con uno, hay que tener cuidado, pues dentro de este gran número se incluyen muchas modificaciones (más o menos amplias) posteriores realizadas con piezas con los marcajes NM.



La llegada de la normalización de los calibres de los países miembros de la OTAN al 7,62x51 mm, significó también un renovado interés del US Army, US Navy y USMC por un nuevo rifle, que aprovechase todas las bondades del M1, pero que eliminase sus defectos. Así nació, sobre la base bien probada del Garand, el rifle M14. Pero quedaban muchos Garand en servicio, y además otros muchos millares se habían suministrado a aliados, por lo que una versión en el nuevo calibre era el paso más lógico.

En un primer momento, solamente cambió el grupo del cerrojo, adaptado a las presiones y dimensiones del nuevo cartucho, siendo así denominado como “US Rifle, Navy (la marina fue la principal impulsora del proyecto), Mk2, Model 0”. Sin embargo, y de forma sorprendente, y a pesar que teóricamente no debía dar problemas, mantener el cañón original del .30-06 se traducía una pérdida importante de fiabilidad, por lo que se tuvo que fabricar cañones específicos del nuevo calibre, siendo éstos conocidos (tanto los de nueva fabricación como los modificados por el siempre presente kit específico) como “US Rifle, Navy (la marina fue la principal impulsora del proyecto), Mk2, Model 1”.

Ejemplo del marcaje del cañón de un US Rifle, Bavy, Mk2, Mod 1.

El Garand también sería fabricado en Italia, bajo licencia, por Beretta, tanto en sus versiones de .30-06 como en la de 7,62x51. Y al igual que en los EEUU, sería el germen de un nuevo rifle, el BM59. Tanto compartirían su diseño, que los argentinos que habían recibido unos 30.000 rifles M1, lograron adaptarlos para usar los cargadores de petaca de éste último, en vez del consabido clip.

Rifle Beretta BM-59, versión de culata fija.


Y aquí hay una curiosidad. En la inmensa mayoría de los textos hablan de los M1 de Beretta como algunos de los más precisos y mejor fabricados Garand. Sin embargo, (algo que ha sorprendido cuando lo he comentado en algún foro de los USA o Canadiense), en España, el aficionado tiende a no quererlos por considerarlos como malos y poco fiables. ¿La razón? Muy posiblemente que los que llegaron a nuestro país, procedieran de restos del ejército italiano, y que hubiesen sido usados durante mucho tiempo en instrucción de reclutas, con el consiguiente pésimo cuidado, y alto número de “barrigazos” recibidos.

Garand original arriba, abajo el modificado por los argentinos (tomado del foro de la página web razonyfuerza.com) .

El final de la guerra de Corea y el advenimiento del M14 primero, y luego después, del M16, no significó el final del uso bélico del Garand. Los norteamericanos lo usarían ampliamente en Vietnam, en especial la versión M1D; así como sus aliados vietnamitas y mercenarios laosianos. De hecho, las últimas piezas las fabricaría Springfield en 1967. También fue suministrado ampliamente a países de la OTAN y otros aliados de la esfera occidental, pero veamos algún uso curioso…

US Marine usando su Garand M1C en la República Dominicana, 1965.

El M1 fue suministrado a la National Police Reserve del Japón, en 1950, lo que constituiría luego uno de los gérmenes del renacimiento de las JDSF. De hecho, si os fijáis, todavía en muchas ceremonias militares, el rifle usado al efecto es el M1 Garand, lo cual no deja de ser irónico.

Soldados de la JDSF en parada ceremonial.

No podía faltar...foto del impresionante Silent Drill del USMC.

El Garand sirvió bien a las fuerzas que representaban los valores de la democracia y el respeto a los derechos humanos durante mucho tiempo, pero también cayeron en malos “maléficas” de dictadores y terroristas. Quienes quizás se llevan la palma fueron los temibles milicianos haitianos “Tonton Macoute”, las milicias de la familia Duvalier (tanto de Papá Doc Duvalier como de Baby Doc Duvalier), que fueron profusamente equipados con el mismo.


Dos fotos de los temibles Tonton Macoute haitianos. En Creolé, el término es equivalente a nuestro "hombre del saco"...

Cierto número de rifles M1 pasaron de los EEUU a Irlanda del Norte en los años 70 y 80, y acabaron en manos del IRA. Gran número de testimonios de soldados británicos aseveran haberse enfrentado al temible y preciso fuego de Garands en manos de terroristas irlandeses, incluso durante los años 90.

Y ya que estamos en las islas, otra curiosidad. Antes de un año los M1 en poder de la Home Guard británica, durante la Segunda Guerra Mundial, pasaron a almacén; al ser dotados de subfusiles Sten, más baratos y adecuados a las nuevas tareas a realizar una vez desestimada una invasión germana a las islas. Y el destino posterior de 10.000 de ellos fue bien exótico…acabaron cayendo en manos de una empresa oscura (la International Armament Corporation o Interarmco) controlada por el aventuro y traficante Sam Cummings. Un personaje curioso, que logró amasar una buena fortuna con el comercio de armas sobrantes de diversos conflictos. Contratado como especialista en armas por la CIA, aprovechó sus contactos para traer un montón de armas alemanas de la Segunda Guerra Mundial primero, y luego del bloque del este después, a los USA, y muy en especial a los armeros de las producciones de Hollywood.

Revolucionarios cubanos con el Garand.

Esos diez mil Garands se los logró vender al dictador cubano Fulgencio Batista a finales de los 50, cayendo como es de esperar, un buen número, en manos de los revolucionarios. También le vendió un buen número de rifles AR-10, pero éstos fueron capturados en puerto por los castristas antes de ser pagados. Ni corto ni perezoso, escribió a Castro pidiendo el pago o su devolución, a los que Castro le respondió invitándole a Cuba a que hiciese una demostración. Con gran valor se plantó en La Habana, siendo recibido por el notorio comandante revolucionario, el cual impresionado por la demostración y ligereza del arma, aceptó pagárselos. Peor lo tuvo con el dictador Dominicano Rafael Trujillo, el cual estuvo a punto de matarlo, en una reunión, con uno de sus propios AR-10 que había sido capturado a un opositor. Al final, su negocio sufriría un gran revés con el acta de control de armas de 1968, pero sobrevivió mediante la importación de armas exóticas al mercado civil. Como anécdota, decir que un número importante de pistolas Star o Astra españolas llegaron allí gracias a su empresa.

Sam Cummings.

Fidel Castro... y detrás un M1 Garand compartiendo plano con un Johnson.  


Otro uso importante del M1 tuvo lugar en la revolución Sandinista de 1979. El Garand equipaba a la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza, y fue capturado en gran número por los revolucionarios. Impresionó en gran medida a éstos, que lo levaron al Olimpo de los fusiles junto con el AK y el FAL, y le llegaron a dedicar una simpática canción revolucionaria que trataba de su despiece y limpieza.


Guardia Nacional Nicaragüense.
Guerrilleros Sandinistas...con el Garand.

Rifle AR-10 del 7,62x51 NATO.

Hace años que no veo al M1 Garand en ningún conflicto, pero dada su difusión no es de extrañar que volvamos a verlo. Springfield Armory de Illinois, de forma intermitente fabrica un bello ejemplar conmemorativo (y bien caro) de la batalla de Iwo Jima, acompañado de caja funda, y un K-Bar (en el mercado americano, claro, aquí te lo venden pelado, y gracias). El último uso bélico en manos norteamericanas del Garand fue durante la guerra del Golfo de 1991, tanto en los ejemplares de la US Navy todavía en los armeros de los barcos, como en manos de la USAF. Un cierto número de M1D de francotirador, reconvertidos al 7,62 NATO fue hallado en un almacén de la base Rammstein, en Alemania, y enviado a Arabia Saudí, para ser usados tanto en funciones de guarda, como para “desactivación” de pequeños artefactos explosivos. Me hubiera gustado ver la cara de sorpresa de más de un soldado al ver que le asignaban para el servicio un rifle “como el del abuelo”. Los últimos ejemplares del Garand serían retirados de algunos barcos de la US Navy en fecha tan tardía como en 1995…



El Garand entre los tiradores civiles seguirá teniendo muchos, muchos años de uso. Es uno de los mejores, de los más grandes, y muy pocas armas serán capaces de transmitirte unas sensaciones al cogerlo o al tirar con él como este gran rifle.

El M1 Garand del autor...Off course, fabricado por Springfield.

Si ya lo cantaban con gran acierto los sandinistas: “ENTRE TODOS LOS FUSILES ESTE GARAND ES LA LEY!…”


jueves, 18 de julio de 2013

EL MEJOR INSTRUMENTO DE GUERRA JAMÁS IDEADO (Parte 1)



(Dedicado a mi gran amigo Luis, uno de los grandes responsables de haber hecho realidad muchos sueños al conseguirme muchas de las piezas de colección que habitan ahora el armero, incluido como no...mi M1 Garand)

Muchas veces al comenzar a escribir un tema, como bloguero aficionado no dejas de sentirte un poco plagiador. A fin de cuentas, sólo intentas dar un poquito de tu prosa a excelentes trabajos que otros realizan mucho mejor que . Pero cuando llegas al extremo de copiar descaradamente una de las mejores citas de uno de los mejores generales de todos los tiempos, a todo un George S. Patton; más te vale tener una buena excusa. Y yo la tengo… mi rifle M1 Garand fabricado por Springfield en 1943, habla por mi.



Cuando eres aficionado y coleccionista de armas, puedes tener el mayor número de piezas, y las más raras y las más valiosas, pero si no tienes un Garand, siento decirlo así de crudo, sólo tienes una asombrosa colección de “hierros”. Decir en una reunión de grandes aficionados a la historia militar (¡o de viciosos del Call of Duty!): “tengo un Garand original”, ya hace que te suban de categoría, aunque sólo sea medio peldaño. Y dispararlo, es entrar en otra dimensión.

Sobrevalorada pistola alemana. Tengo amigos que por tener esto piensan que ya tienen una gran colección...je, je ¡pobres infelices!


El Duke no usa Lugers...
Y como es costumbre en este blog, no será esta entrada una historia detallada, sino una colección de anécdotas curiosas.

La primera: los antecedentes. Todos los textos dan dos, el magnífico rifle semiautomático Mondragón y el danés M1922 Bang. El primero, fue una gran tarea de ingeniería realizada por el general mexicano Manuel Mondragón; que llegaría a ser fabricado por la SIG suiza, e incluso usado por el ejército alemán durante la primera guerra mundial. El segundo, que sería fabricado en los EEUU, era obra de un ingeniero danés, de nombre Soren H. Bang. Y sería éste último, el que daría muy buenas ideas para el desarrollo del suyo a un oscuro ingeniero de la Springfield Armory, un tal John Cantius Garand.

Rifle Bang.

Rifle Mondragon.

John C. Garand, no era norteamericano de nacimiento, sino canadiense, nacido en Québec, pero de niño se mudó con su familia a Jewett City, en Connecticut. Fue a la escuela sólo hasta los 11 años, cuando empezó a trabajar en una empresa textil. Rápidamente se dieron cuenta de su gran e innata habilidad con la maquinaria, lo que motivó su rápido ascenso. Unido a su gran pasión por el tiro, de forma amateur comenzó a diseñar diversas armas. En 1917, sería contratado por el ejército norteamericano para mejorar el diseño de ametralladoras ligeras, y al final de la guerra obtendría un buen puesto en el arsenal militar de Springfield Armory en Connecticut (no confundir con la compañía que obtuvo el nombre en 1974, y está en Illinois). Ahí comenzaría el diseño de su inmortal rifle.


Realmente, en los años veinte, el ejército y la marina norteamericanos no necesitaban un rifle nuevo. Tenían uno sensacional, el Springfield  mod. 1903 del calibre .30-06. Es uno de los fusiles sistema mauser más bonitos y mejor fabricados del mundo, con una excelente precisión y suavidad de la acción del cerrojo, aparte de haber mostrado su gran fiabilidad y resistencia. Pero la opción de conseguir un gran volumen de fuego se tropezó con un obstáculo importante: la gran potencia del cartucho.

Se había ideado para el citado rifle el conocido como dispositivo Pedersen que lo convertía en un semiautomático, pero al precio de no poder usar el .30-06, sino un cartucho intermedio, el conocido como Cal. 30 auto, y era alimentado por un cargador de 40 disparos. No llegó a tiempo de usarse en la guerra, y en 1920, la inmensa mayoría de las modificaciones, inexplicablemente, se destruyeron. Se quería algo más…



Dos vistas del dispositivo Pedersen

Tanto el US Army como el USMC, tomaron en consideración otro cartucho, el .276 Pedersen; menos potente, pero útil a las distancias de combate requeridas. A los concursos había varias propuestas, pero siempre fallaban en algo primordial: o no eran fiables, o bien los cartuchos precisaban pasar por almohadillas impregnadas en aceite. Todos menos el rifle de John Garand, ese funcionaba como fuese.

Al principio de los años 30, el jefe del estado mayor del ejército, un ya bien conocido Douglas MacArthur se empeñó en que no se usase ese cartucho por los problemas de logística que planteaba, y que el rifle que se seleccionase tendría que funcionar sí o sí con el .30-06. Y eso que en esa época, era un apestado de la escena política y social, al mandar disolver con gases lacrimógenos y bayoneta calada (con el resultado de dos muertes) al Bonus Army, un numeroso grupo de veteranos de la primera guerra mundial, muy empobrecidos con la crisis de 1929, que habían acampado en Washington DC con sus familias, para protestar por su situación y el incumplimiento de las promesas que se les habían hecho. Aún así, sacó adelante el que se dotase a los militares con el nuevo y revolucionario rifle. Años después, muchos lo agradecerían.
Protestas del Bonus Army.


Patentado en 1934, comenzó a ser producido en masa, en la Springfield Armory en 1936, con un contrato inicial de 155.000 ejemplares, pues no iban a hacer falta más…sólo en dos años, de 1943 a 1945, Springfield fabricó 3.455.000…

Adoptado inmediatamente con entusiasmo por el ejército, cuyas pruebas incluyeron tanto a reclutas recién alistados como a veteranos de más de 15 años de servicio activo, fue inicialmente descartado por los Marines. La razón bien curiosa: no les gustaba el engarce de la bayoneta. La razón es que los primeros ejemplares llevaban en la bocacha una pieza para mejorar la cantidad de aire disponible para la acción semiautomática, la denominada Gas Trap. Sin embargo, los gases y restos de la combustión de la pólvora del cartucho ocasionaban acumulación de suciedad, lo que terminaba por aflojarla y moverla, con el peligro (que realmente sucedió en ocasiones) de que una bala se llevase el invento por delante al salir del cañón. Al final fue omitida por innecesaria, pero los Garand que así fueron fabricados se han convertido en codiciada pieza de coleccionista.

Detalle de la Gas Trap

Al comienzo de su uso, no se sabía muy bien si necesitaba mucha lubricación o poca. Así que los mandos para probar cambiaban una y otra vez las instrucciones a las tropas, por lo que las inspecciones se convertían en un horror. Rápidamente los soldados descubrieron que en muchas unidades, se inspeccionaba solamente una parte de la compañía, así que parte de los rifles se limpiaban de acuerdo a las anteriores y la otra según las nuevas. Ahorraron mucho trabajo y muchos castigos también.

De fábrica los Garand nuevos venían con una sustancia grasa llamada Cosmoline que garantizaba su almacenamiento sin corrosión durante muchísimos años. De hecho la egiptología moderna ha demostrado que algo muy similar se usaba en los procesos de momificación. Quitarla a mano es un peñazo sin igual, pero hay un truco: desmontar el rifle, sumergir las piezas en agua a punto de ebullición (si está viejo el cosmoline, se usan antes ciertos aceites para darle viscosidad de nuevo), sacarlas (las partes más rebeldes se terminan de limpiar con algún compresor de agua a chorro), secarlas con esmero y aceitarlas con rapidez. Nunca le dijeron esto a los soldados, a pesar de saberlo, pues en el ejército de entreguerras, se prefería tenerlos ocupados en algo. Así que les tocaba hacerlo a mano, cada vez que se recibía un nuevo cargamento.


El Garand sólo tuvo un rival, el rifle Johnson. Diseñado por Melvin Jonson, un antiguo oficial del USMC, siempre se quejó de haber sido maltratado en las pruebas realizas con su rifle. Nuevas pruebas en 1940, demostraron que era similar al de Garand, pero con la desventaja de estar éste ya en servicio. En pruebas realizadas por los Marines a principios de 1941, comparando el M1903, el Garand y el Jonson, sin embargo, quedó éste en último lugar. Aún así, el debate GarandJohnson sigue siendo un clásico de los aficionados a los rifles militares.
Johnson Rifle
Detalle de su recarga

  El primer uso del M1 Garand durante la segunda guerra mundial fue en la defensa de las Islas Filipinas de los invasores japoneses. Quedaron enormemente impresionados por el nuevo rifle, que causó un gran impacto pese a su escaso número. De hecho se pensó incluso en recamarar los capturados al 6,5x50 mm Arisaka; quedando en nada el proyecto. Según avanzó la guerra, y la difusión del Garand, la alarma fue aún mayor, llegándose incluso a realizar una copia del mismo, para la defensa de las islas del archipiélago japonés. Sería el rifle semiautomático Type 4 (otros textos lo llaman el type 5), en calibre 7,7x58 mm. Tenía un cargador fijo de 10 cartuchos, alimentado con peines de cinco; y se fabricaron cerca de unos 200. Su precio actual, como os podéis imaginar, es astronómico.

Rifle Type 4, el "Garand nipón"


Varios ejemplares de Garand participaron con Rangers americanos en la desastrosa operación Jubilee sobre Dieppe, de agosto de 1942, en ella, varios comandos británicos recuerdan que consiguieron reembarcar gracias al voraz fuego de contención que dichos rifles, en manos de un pequeño grupo de Rangers, les proporcionaron. Hubo planes de proporcionar gran número de Garands a los británicos, pero fueron descartados por motivos ignotos. Los pocos que llegaron en virtud de préstamo y arriendo, acabaron en manos de la Home Guard.

Amanecer en Dieppe...

Cuando la primera división de marines desembarcó en Guadalcanal, debido a la tozudez de los mandos del USMC, todavía estaban armados con los rifles de cerrojo Springfield, y así tuvieron que luchar hasta la llegada en octubre de 1942, de las primeras unidades del US Army, que ya traían el Garand. Algunos de los Marines ya lo conocían, y apreciaban su efectividad, por lo que se idearon las más variadas estratagemas para hacerse con uno. Unas, más legales, como la de cambiárselos a los encargados de intendencia por apreciados y valiosos botines de guerra como banderas, espadas, rifles, pistolas, etc, japonesas, de las cuales los marines tenían amplia posesión debido a las durísimas batallas libradas. Otras, digamos que más directas, como la llamada “requisa bajo la luz de la luna”, que era lisa y llanamente hacerse con uno por la noche, bien yendo al depósito, o dándole el cambiazo a algún novato del ejército, que al despertar, contemplaba con estupor y luego cabreo, como su apreciado Garand, había sufrido un downgrade y ahora era un baqueteado Springfield. U otras más macabras…como la costumbre posicionarse en los pozos de tirador con elementos del ejército, en teoría para reforzar su combatividad con veteranos, pero no se tardaba ni un minuto en anunciarle al novato que no tardaría en recibir un tiro en el próximo combate, y que el marine quería estar bien cerca de ese Garandpara que no se perdiese.

Marines equipados todavía con el Springfield
 
...y uno que consiguió el nuevo rifle.

El brutal clima y terreno de Guadalcanal despejó todas las dudas sobre la fiabilidad del rifle M1. Mientras se limpiase con cierta frecuencia y esmero, el arma funcionaba como un reloj. Así, que siempre que se podía, se desmontaba y limpiaba. Para no estar sin defensa, lo normal era hacerlo por turnos, teniendo rifles listos y preparados y otros en proceso de limpieza. Si os fijáis bien, en las excelentes series de la HBO, The Pacific y Hermanos de Sangre, hay varias escenas al respecto.



Guadalcanal demostró ciertas debilidades de los primeros Garand, una era la aguja de percusión, un poco frágil en algunas series y la palanca de armado que tendía a resquebrajarse. Un defecto menor, era que algunos traían un muelle excesivamente duro, pero bastaba con cortarlo unas pulgadas para que el rifle funcionase a la perfección. Otro defecto fue más peliagudo: debido al clima y, sobre todo, al propelente de los cartuchos, el extremo externo del cañón y el receptáculo del cilindro de gases tendían a pulirse, y perder el pavonado, quedando así una zona del rifle que brillaba incluso con poca luz lunar, y que delataba la posición del tirador. Excepto el defecto de la palanca de armado, que siempre fue un pelín quebradiza, el nuevo rifle funcionaba mucho mejor de lo esperado en un entorno tan hostil. De hecho muchos Garand (incluido el mío) actualmente conservados, es la única pieza original que tienen cambiada.


uno de los primeros M1 mostrando el "pulido" tras muchos disparos
Y llegamos aquí el mayor creador de mitos del rifle M1: su peculiar peine de alimentación. Una de las mejores sensaciones del rifle es ese maravilloso y musical PIIIINNNGG!!!! Que resuena en tus oídos al terminar el cargador, y saltar por los aires el clip vacío. El ruido lo hace, principalmente, la pieza que lo expulsa, pero se oyen un par de clangs al caer el peine metálico al suelo. Tanto en la Segunda Guerra Mundial como en la de Corea, corrió la leyenda que el enemigo, así, oía que tenías un rifle descargado y podía ir a por ti…vayamos por partes.


Os aseguro que un campo de tiro, con todo el ruido y la cacofonía de diversas armas, a menos de cinco metros, no oyes nada de nada cuando el rifle expulsa el clip, así que mucho menos en un combate. Además no tengo otro rifle que se recargue a tal velocidad que mi querido M1 Garand: según salta, tú sí que oyes el clip, quedando el cerrojo además abierto. Con un rápido gesto accedes a las cartucheras, sacas otro clip, y con rapidez lo insertas, quedando el rifle otra vez listo. Lo haces, con entrenamiento en menos de dos segundos…y vuelves a tener, otra vez, ocho disparos del potente cartucho a tu disposición. Para pensarse lo de cargar…aún así, muchos veteranos guardaban algunos clips vacíos, para tirarlos cuando todavía les quedaba munición, y hacer creer a algún incauto que eran presa fácil.

Otra leyenda famosa del Garand, es la del famoso “pulgar del Garand”. La leyenda es cierta, pero hay que matizarla. Se decía, que muchas veces al meter el clip, el cerrojo se desplazaba por si mismo hacia delante, pillando dolorosamente el dedo del tirador contra la recámara. Es cierto, puede pasarte, pero el golpe que te da el cerrojo es suave, y en absoluto doloroso, sólo que tardas un poco más en recargarlo. Otra cosa es que la palanca de armado te pille los dedos 2º a 5º de la mano izquierda mientras disparas por ponerla en su recorrido, ahí sí que duele y mucho.

El dedo se ennegrece por las pequeñas pero continuas hemorragias que la presión de los bordes del clip producen en el pulpejo del pulgar. Y en absoluto es doloroso, es más bien una “medalla” que muestra lo bien que te lo has pasado en el campo de tiro. Por cierto, el clip carga en cualquier posición, es decir, que no hay un arriba ni una abajo, y es más sencillo cargar el rifle si te has preocupado que el proyectil superior (¡o inferior!) quede a la derecha del mismo. Y para evitar que te golpeé el cerrojo es bien sencillo: sólo hay que poner la palma de la mano derecha contra el cajón de mecanismos, preocupándote que la eminencia hipotenar (el canto de la mano, vamos), sujete la palanca de armado. Al terminar de insertar el clip, se echa un poco hacia atrás (por si no se había armado ya) y al terminar el recorrido se le da un pequeño golpe para asegurarse que el cerrojo ha completado su recorrido.



Dos fotos muy demostrativas de cómo se carga un Garand.

martes, 18 de junio de 2013

PRESIDENTE POR UNA HORA



Si hay un siglo en la historia de España que es un gran desconocido para el público en general, y muy rico en anécdotas históricas, ese es el siglo XIX. Y mira que tiene hechos bien curiosos, pero pocos llegan al nivel del famoso presidente de “una sola hora”.



Quede claro que este blog está alejado de cualquier postura y posicionamiento político, y aunque es preciso reconocer que con un buen puñado de reyes nos ha ido muy mal, cuando hemos puesto una república, nos hemos lucido, como si el propio estatus del estamento republicano nos activase un oculto mecanismo cerebral a los españoles que nos lleve a pelearnos con saña entre nosotros. Si en la primera república el final acabó en el vodevil del cantonalismo y la entrada del general Manuel Pavía (a pie y no a caballo como se dice en muchas crónicas), que dio lugar a la anécdota de los diputados saltando por las ventanas del congreso a la cercana calle de Fernanflor, con la frase del citado general de “sírvanse sus señorías de dejar de saltar por las ventanas cuando pueden salir tranquilamente por la puerta”; la segunda república terminó en cruel guerra, un millón de muertos, cientos de miles de exiliados y represaliados, cuarenta años de dictadura, y unas tremendas heridas en el alma histórica de nuestra nación que algunos inconscientes siguen empeñados en impedir su cicatrización.

Famoso grabado de la entrada del General Pavía en el Congreso.

General Manuel Pavía.

Junio de 1873 era un mes aún peor para la joven primera república española. El parlamento era un tremendo gallinero a diario, y la crisis económica, el carlismo en el norte, una nueva guerra en Cuba y el inicio del cantonalismo sacudían los cimientos del estado. Este último era un fenómeno bien curioso y que casaba con lo peor de los vicios del español medio. Aprovechando la infantil e inocente concepción del federalismo de uno de nuestros políticos más inteligentes del siglo XIX, Don Francisco Pi y Margall, todo el mundo se había lanzado a la independencia de los lugares más insospechados. Si caótica y divertida había sido la del Cantón de Sevilla, que a poco tiempo sufrió la secesión del Cantón libre de Triana; más seria sería la de Cartagena en Julio, con unión de una buena parte de la marina de guerra española, y que durante casi un año motivó que nuestra escuadra navegase bajo pabellón “pirata”. Si no fue aniquilada por los cañones de la Royal Navy o de la Marine Nationale, en pleno ejercicio del derecho internacional imperante, fue más bien debido a razones de Realpolitik, de su posible uso para compensar a la marina rival, que de cortesía diplomática con un vecino que vivía un pésima época.

Proclamación del Cantón de Cartagena.


Cantonalismo y Carlismo...y Cuba, y crisis económica. la pesadilla perfecta para tareas de gobierno.
Por aquel entonces, de presidente de la República teníamos a D. Estanislao Figueras y Moragas. Político catalán, licenciado en Derecho, y ferviente actor y partidario de la causa republicana desde su juventud. Hombre culto y trabajador, aunque con un notable carácter, que por aquel entonces se decía melancólico, y hoy en día calificamos como ciclotímico. Y su sueño dorado, la República en España, se estaba transformando, en virtud de su puesto, en una nueva roca de Sísifo.

Los presidentes de la 1ª República.


            Sufriendo otra crisis de gobierno más, a principios de junio de 1873, se decidió una nueva dimisión del gabinete y elección de nuevos ministros. Por aquel entonces, el presidente de las cortes, D. José María Orense Milá de Aragón Herrero, político oportunista, de esos que tanto abundan todavía en nuestro país, y a quienes les da igual la que esté cayendo, con tal de lograr sus objetivos personales, maniobró para conseguir que la crisis de gobierno se decantase por el logro definitivo de la instauración del República Federal en España…y aquí, había mucha más miga de la que parecía, pues no era empezar la casa por el tejado…era comenzar alicatando el baño sin poner cimientos previos.

Entre los propios republicanos había su buena pelea: los “intransigentes”, el núcleo más duro, que querían que las cortes trocase en Convención, se liquidase la separación de poderes, y se impusiese sí o sí el federalismo más radical. Y contaban además con dos generales bien activos, Juan Contreras (que acabaría de general en jefe del Cantón de Cartagena) y Blas Pierda (recién salido del castillo de Montjuïc, y con un buen currículo ya de revolucionario experto); los “centristas” cuya cabeza visible era Pi y Margall, que establecía la necesidad de dotar primero al proceso con una nueva constitución; y los “moderados” con pesos pesados como Emilio Castelar o Nicolás Salmerón (ese curioso sabio español, metido a político, que intentaba enfocar su labor y discursos mediante la metafísica), que intentaban emular repúblicas como la francesa o la norteamericana, con una cabida más amplia de todas las opciones políticas. La sesión del 10 de junio, se haría legendaria…

De entrada, la dimisión de Figueras y su equipo de gobierno. Lo segundo, que Orense se lanzaría a la proclamación definitiva de la “República Federal”, buscando poderes máximos para las Cortes que presidía. Cuatro largas horas de estériles debates, llamadas al orden, amenazas de duelo y de querellas en tribunales…incluso de muerte. Al final, los diputados agotados, concluyen en una única moción en la que se ponen de acuerdo: volver a elegir al sufrido Estanislao, como presidente de la República. Si queréis disfrutar de tales sesiones, cualquier libro de anécdotas parlamentarias o incluso, uno de los episodios nacionales La Primera República, de don Benito Pérez Galdós (apasionado espectador de tales debates), cumplidamente colmaran vuestro deseo.


De inmediato, Don José María Orense, marqués de Albaida, presenta, burlado en su maniobra su dimisión fulminante…nuevo tumulto, nuevas peleas, y al final, una solución de compromiso: se elige a Don  Francisco Pi y Margall como presidente de las cortes…con gran pataleo entre los “intransigentes”.

Litografía de la época del Marqués de Albaida, tomada de Todocoleccion.net.

            Aquellas horas finales de la tarde del 10 de junio de 1873 habían acabado con los ánimos de don Estanislao. Y más aún, contando con que un nutrido grupo de “intransigentes”, entre ellos, los dos generales antes mencionados habían amenazado y animado abiertamente a la toma revolucionaria del poder, cuya primera medida sería el fusilamiento de Estanislao Figueras. Y eran gente que no andaba con bravatas…

Así que llegado a casa, y tras un frugal refrigerio, Don Estanislao cogió su mejor gabán, un sombrero, una bolsa con moneda diversa, un pequeño equipaje; y tras dejar una nota de dimisión la mesa de su despacho, se dirigió, sin comentárselo a nadie, a la estación de Atocha (previo paseo tranquilizador por el Retiro), donde abordó, como simple pasajero, el expreso nocturno a París.

Se dice que las personas tendemos a jurar o expresar nuestros más íntimos deseos, anhelos y preocupaciones en nuestro idioma nativo. Y Estanislao, eligió el catalán, dejando para la historia de España una deliciosa frase en dicho idioma (frase que historiadores atribuyen a que también pronunció en algún consejo de ministros): Ja en tinc els collons plens de tots nosaltres (estoy hasta los cojones de todos nosotros, y ruego perdonéis los conocedores del catalán si alguna falta cometí en la transcripción).

El sufrido, D. Estanislao Figueras.

Es fácil imaginar, en un clima político tan tempestuoso, lo que dicho proceder ocasionó. Correos cabalgando de un lugar a otro de la capital, intentando reunir a sus Señorías en el congreso, en reunión de emergencia. Y una vez allí, la que se organizaría en dicha sesión. Nuestro idioma tiene una palabra bien sonora para ello: Guirigay, que según nuestro diccionario es Gritería y confusión que resulta cuando varios hablan a la vez o cantan desordenadamente. Más que Cortes, un pandemónium

Y en esas que de repente, tras varias horas de estéril pelea, se presenta un oscuro capitán de la Guardia Civil en el congreso, con un mensaje urgente procedente del coronel en jefe del XIV tercio de la Benemérita, acuartelado en la cercana calle de Serrano. Por aquel entonces, como ahora, la Guardia Civil era la institución pública más apreciada por los españoles, y dicho tercio, además, por sus logros y disciplina era considerado como uno de los mejores del Cuerpo. Y el citado mensaje era bien contundente.

Anunciaba, dicho coronel a las cortes, que ante la ausencia de poder ejecutivo en España, él mismo, se acababa de autoproclamar como Presidente Ejecutivo de la República. Es más, amenazaba a los señores diputados que si en el periodo de tiempo de una hora no se elegía presidente y gabinete ministerial, procedería al envío, con correaje y mosquetón reglamentario, a tantos guardias civiles como diputados había, con la misión de obligarles a estar sentados en sus escaños, y a no poder levantarse hasta elegir gobierno, y terminar con una situación que ya era objeto de hazmerreír en todas las cancillerías europeas.

Preciosa miniatura (siento haber perdido el enlace, y no saber su autor), de Guardias Civiles con el precioso y fiable Mosqueton Remignton Rolling Block de 1871.


Me imagino el cruce llamadas telefónicas airadas que hoy en día, entre subsecretarios, secretarios generales, ministros, ministrables y parlamentarios de gin tonic, tal proceder hubiese provocado, todos del mismo pelaje: “ponme firme a este listillo ahora mismo…”. Pero en aquel tiempo, la Guardia Civil era tan valorada como hoy en día, y a los políticos todavía les quedaba un poco de vergüenza torera. Y ese oscuro coronel, se la había sacado bien afuera…

Pi y Margall, tomando las riendas de la situación, sonrojado del ridículo tan espantoso que provocaban las continuas discusiones sinsentido en el Parlamento, logró un acuerdo histórico de Gobierno, en poco menos de dicha hora. Devolviendo el billete por el mismo cauce, anunció al impetuoso mando la constitución del nuevo Gobierno de España. Fue respondido con la carta de dimisión de la presidencia y los mejores deseos y suerte para el nuevo gabinete.

Hoy en día, muchos historiadores serios niegan la existencia de esta anécdota que traigo al blog; y otros como el hispanista Raymond Carr, recogiéndola, la dejan en simple anécdota sin consecuencias, otorgando todo el mérito del acuerdo a la probada capacidad y sagacidad política del mencionado político republicano.

Tampoco es que el gobierno consensuado por Pi arreglase nada, pues duró poco a la vista de las grandes convulsiones del verano de 1873 (sólo duraría unos 27 días en la presidencia). La República estaba ya herida de muerte por sus mismos valedores, arrastrada por la cortedad de miras y el radicalismo de muchos. Al final, tras perder el gobierno Cautelar, en Enero de 1874, el General Pavía, gran valedor suyo en la fulminación del cantonalismo llevó a cabo la disolución de las cortes el 3 de enero. Luego vendría la dictadura del general Francisco Serrano que iniciaría la restauración borbónica. Además, traería al ejército la firme convicción del uso del pronunciamiento como forma viable de resolver crisis políticas. En 1936, pagaríamos con muchísimo dolor y sangre tan nefasta y errónea lección.

El general "bonito", D. Francisco Serrano, uno de los grandes protagonistas de la historia española del convulso siglo XIX.

Pero…¿quién fue el desconocido coronel de la anécdota? Pues a falta de datos concretos sobre una anécdota que muchos niegan la identidad más probable recae sobre el Coronel Jefe del XIV Tercio de la Guardia Civil en aquellos momentos, D. José de la Iglesia y Tombés; que tendría después de estos hechos, todavía una excelente carrera en la Benemérita, entre cuyos méritos, podría ser incluido el de haber sido presidente del gobierno por una hora…

Oficiales de la Guardia Civil en traje de gala (disculpad posibles errores, la uniformología no es mi fuerte). Por desgracia no he encontrado ninguna imagen del Coronel D. José de la Iglesia.


viernes, 31 de mayo de 2013

LA TRILOGÍA DE LA ARMADA



Después de un, no deseado, pero impuesto por las circunstancias de la vida, parón en temas del blog, nada mejor que reiniciar de nuevo la actividad, con la recomendación de un buen libro.

Esta misma semana, a las librerías ha llegado el excelente “De Madera y Acero. El resurgir de la armada Española”. Y para empezar, nada mejor que hablar de sus dos autores, D. Carlos Canales Torres y D. Miguel del Rey Vicente, dos de nuestros mejores autores en temas navales, y cuya trayectoria está bien ligada a la revista Ristre.


Abogado el primero y escritor el segundo, tienen una actividad en la publicación de temas históricos bien prolífica, casi siempre, ligados a la editorial EDAF. Son capaces de compaginar el rigor y la profundidad histórica con un estilo ágil y muy ameno, que permite leerles de un tirón todos sus libros, y si tienen un gran defecto sus escritos es éste: que te los terminas enseguida.

D. Carlos Canales Torres.


D. Miguel del Rey Vicente.
“De madera y Acero” culmina (espero que pese a ello, no dejen de escribir sobre estos temas)  su excelente trilogía de la armada española desde el año 1500 hasta 1931, y junto con “Las Reglas del Viento” y “Naves Mancas”, no sólo ofrece un relato histórico de las acciones de nuestros marinos de guerra durante casi cuatro siglos, sino también de su vida personal, sus dificultades y las vicisitudes de las diferentes políticas navales españolas. Si te gusta la historia naval, y muy en especial la de España, y no tienes ninguno, realmente te estás perdiendo alguna de las mejores obras jamás escritas sobre el tema.

La trilogía al completo.

Editada como las anteriores por EDAF, lo que significa garantía de grandísima calidad y esmerada publicación. Buen papel, cómodo formato, bien ilustrados, y con esos magníficos desplegables que caracterizan los libros de la citada editorial. Francamente, son imprescindibles en cualquier buena biblioteca de los aficionados a la historia militar.


Cuidados desplegables de "Naves Mancas" y "De madera y acero". ¿A quién no le gustan los libros así?

Ahora sólo me queda ver si firman ejemplares en esta feria del libro (la de Madrid…¡cuál si no!).