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jueves, 17 de enero de 2013

EL ÚLTIMO VAQUERO (Parte 1)



No era el primer aviso, ni tampoco era el último, pero la segunda nota, clavada en la puerta de la cabaña de William Lewis, en el Valle de Chugwater, en el territorio de Wyoming, era bien clara: “Mr. Lewis, deje de robar y matar el ganado de otros hombres, y o bien quítese la vida, o abandone este territorio en el plazo de tres días”. No le hizo caso, al igual que con la primera, ni tampoco quiso seguir esas instrucciones tras recibir un disparo de rifle, en el suelo, muy cerca de una de sus botas, días después.

No era tampoco un buen hombre. Sin apenas amigos, violento y pendenciero, con varios crímenes a sus espaldas, se había instalado en Wyoming no hacía mucho tiempo. No había comprado ganado alguno, ni semillas, ni aperos de labranza. Pero se sacaba sus buenos dólares “echando el lazo” a ganado extraviado y no tan extraviado, al que en pleno campo remarcaba y los hacía pasar como propios. Pero ese ganado tenía dueño, y eran miembros de la poderosa Wyoming Stockgrowers Associaton (la poderosa WGSA). Y esa gente no perdonaba actos semejantes…así que al día siguiente del disparo en el suelo, mientras se iba a supervisar sus corrales, un disparo en pleno centro del pecho, seguido de dos rápidos disparos en abdomen y cadera le mataron antes de tocar el suelo. 

Días después, otro personaje similar, que había perdido un brazo en la guerra de Secesión, pero que pese a ello no tenía problema alguno en cobrarse ganado de otros propietarios, grandes y pequeños, de nombre Fred Powell, recibió, tras los avisos pertinentes, y en presencia de uno de sus empleados, un certero disparo en el corazón. Es Abril de 1895, territorio de Wyoming, y está comenzando, quizás, la última guerra ganadera a la antigua usanza.

El ganado vacuno, al igual que el ferrocarril y la minería, sería uno de los grandes motores económicos del oeste americano en las últimas décadas del siglo XIX. Con grandes esfuerzos y riesgos, salpicados de dolorosos fracasos y ruinas, en diversos territorios se habían formado las grandes fortunas ganaderas. El ferrocarril, al principio amenazante, había supuesto la posibilidad de extender el comercio de carne y otros productos a grandes distancias, facilitando el mantenimiento de grandes manadas de ganado, y la creación de inmensas fortunas. Eran hombres pudientes y muy poderosos, pero a partir de 1880, su sistema de vida y negocio comenzó a estar seriamente amenazado.

 Wyoming fue de los últimos territorios donde se constituyeron los grandes emporios ganaderos, y pese a parecer enormemente atractivo para ello, la dureza del terreno y del clima, causó no pocos fracasos y ruinas, y demandó un gran trabajo para conseguir sacar adelante las grandes explotaciones. Los ganaderos supervivientes, muy ricos, y tras años de mucho esfuerzo, se asociaron en la ya mencionada WGSA para defender sus intereses. Pero a finales de los ochenta, todo comenzó a cambiar, y de forma muy vertiginosa.

Lo primero fueron unos años, concretamente de 1887 – 88 de grandes tormentas de nieve e inviernos muy largos, que mataron a gran número de cabezas de ganado, y cuyas intensas heladas dejaron muy tocados los pastos de la región. Las pérdidas económicas fueron inmensas. Lo segundo, fue que el gobierno federal comenzó a vender y repartir tierras a los inmigrantes que venían del este, favorecido por las grandes compañías ferroviarias, que deseaban desesperadamente ese aumento de colonos, a fin de lograr hacer rentables de una vez por todas, las ruinosas líneas del noroeste. Los colonos, fueron miserablemente engañados: se les prometió tierras bien feraces, cerca de ríos, en las que sólo había que arar, sembrar y esperar las cosechas. De hecho, se les llegó a enseñar fotografías realizadas a cosechas sensacionales e inmensas…tomadas en otros territorios. Al llegar, se encontraron con tierras difíciles de labrar y un clima adverso para ganados y hombres por igual.

Foto moderna de traslado de ganado en Wyoming.

Las tierras que se les asignó, propiedad del gobierno, llevaban muchos años siendo usadas por los grandes barones ganaderos, que ya las veían como propias. Pero además, los colonos traían un nuevo invento con ellos, terriblemente amenazador para el delicado equilibrio socioeconómico del territorio: el alambre de espino. En 1874, el empresario de Illinois, Joseph F. Glidden perfeccionó el alambre de púas (recogida en la famosa patente nº 157.124), al modelo de hilo trenzado que conocemos hoy en día. Para la década de 1880, se fabricaba, bien barato el metro, en grandes cantidades, y se vendía sensacionalmente. Fue el final de las grandes praderas, de las grandes extensiones de pasto para el ganado, y de la necesidad de tantos cowboys. Y los pequeños propietarios, asentados muchas veces en zonas de paso, o cerca de abrevaderos naturales, rápidamente procedieron a cercar sus propiedades con el nuevo invento.
Joseph F. Glidden.
Patente 157.124.

Y peor aún: al tener poca experiencia en la ganadería en esa región, comenzaron a completar sus cabañas, con reses “extraviadas” (o directamente robadas) a los grandes barones ganaderos, a los que se las remarcaba rápidamente (marcajes que la asociación no reconocía al no estar registrados, registro bien caro, que había que hacerlo…en la propia asociación). Otros, procedentes de la inmigración europea, se dieron cuenta que el terreno era malo para el vacuno, pero bueno para el ganado ovino y caprino, el cual introdujeron en gran número en el territorio; ganado odiado por los barones, pues consideraban que debido a que arrancaba el pasto de raíz al comerlo, lo agotaban y destrozaban para sus grandes manadas vacunas. El conflicto estaba servido…

Al principio se intentó la vía legal, intentando eliminar la perniciosa costumbre de “echar el lazo” al ganado ajeno. Pero en los tribunales, los jurados estaban compuestos por los amigos, familiares y vecinos de los pequeños propietarios imputados, que casi nunca les condenaban. Enrabietados, los miembros de la WGSA comenzaron a meter bien a fondo la pata…rápidamente contrataron pistoleros, vaqueros amenazados por el nuevo cambio y crearon la controvertida figura del “cattle detective”, o detective del ganado, no para investigar los robos solamente, sino para llevar la justicia que ellos decidieran a esos propietarios. Incluso colocaron a uno de ellos, Frank M. Canton como Sheriff del condado de Johnson.

Frank M. Cotton.

En 1889, en una de sus primeras acciones, ahorcaron, acusándoles de cuatreros, en su propio rancho, a los propietarios del Saloon local, una pareja venida del este, llamados Jim Averell y Ella Watson. No sólo causaron fuerte repulsa por ahorcar a una mujer, sino que además se hizo con nudo corredizo, y no con el tradicional, en un intento de causar más sufrimiento a las víctimas. Pese a que hubo seis arrestos, la presión política y las amenazas a los posibles testigos impidieron la celebración de juicio. No sería ni el primero ni el último de los linchamientos.

Ella Watson. Su brutal linchamiento conmocionó todo un país.

Los pequeños propietarios, bajo el liderazgo de Nat Champion, propietario del KC Ranch, se asociaron en 1891 en la Northern Wyoming Farmers and Stock Growers’ Association (NWFSGA), y en amplio desafío, comenzaron a registrar las marcas de pequeños ganaderos por un precio módico. Era un claro desafío a la poderosa WGSA, y éstos recogieron el guante…de tal manera, que saldrían bien escaldados ante la opinión pública.

Se decidieron por la acción más directa posible. En Paris, Texas, contrataron un nutrido grupo de pistoleros, en total unos 23, a los que pagarían, aparte de dotarles con equipo completo desde armas a caballos y ropa, unos 5 dólares diarios, y unos 50 dólares por cada ranchero, de una nutrida lista negra, asesinado. Al grupo se les unieron varios miembros prominentes de la WGSA, un cirujano, el Doctor Charles Penrose, dos periodistas, Ed Towse del Cheyenne Sun y Sam T. Clover del Chicago Herald…y hasta un senador del estado de Wyoming, Bob Tisdale. El grupo llegó a Wyoming, en abril de 1892, en un tren especial fletado por los poderosos barones ganaderos. Pasarían a la historia como los “Invasores de Wyoming” o los “Reguladores de Wolcott” (por Frank Wolcott, presidente de la WGSA en aquellos momentos).

Los "Reguladores de Wolcott"
La primera acción, dura, directa y a la cabeza: el asedio y asalto del KC Ranch de Nat Champion, en 9 de abril de 1892. Terminó en el incendio del rancho, y a Champion,  con un revólver en la mano y un cuchillo en la otra, saliendo a campo abierto y siendo abatido por los reguladores. Tal despliegue fue observado por testigos, y un miembro de la NWFSGA, el pequeño ranchero Jack Flagg, que salió disparado a  uña de caballo a buscar al Sheriff… no a Frank Canton, no, que de hecho estaba en el asedio del KC, si no hasta Buffalo, donde allí el Sheriff organizó una partida de 200 hombres que salieron a por los pistoleros texanos.

Dicha partida logró sorprender y asediar a los “invasores” en el Rancho TA, en Crazy Woman Creek. Uno de los reguladores, logró eludir el cerco, y contactar con el gobernador del estado de Wyoming (en funciones), Amos W. Barber, el cual presionó al presidente de los EEUU, el republicano Benjamín Harrison, que con prontitud envió al rescate al 6º de caballería de Fort McKinney. Los soldados salvaron a los reguladores de una muerte cierta, y los pusieron a disposición de la justicia. Fueron puestos rápidamente en libertad, y nadie fue juzgado por el asalto al KC Ranch.

Benjamin Harrison.

El escándalo político fue de primera magnitud. Se tuvo que retirar de la región al 6º de caballería, que ya estaba a sueldo, de forma descarada, de los grandes barones ganaderos; y sustituirlo por el 9º de caballería…una unidad de soldados de color, de los famosos “soldados búfalo”, lo que ocasionó a su vez sus buenos conflictos. Modernamente, se dice, que las repercusiones del proceder de dicho presidente republicano, siguen hasta hoy, pues el estado de Wyoming, tradicionalmente, sigue siendo un feudo del partido demócrata.

Estas pésimas decisiones fueron una gran derrota para la imagen pública y el poder de la WGSA, debilitándola de forma notoria. Y una gran victoria para los pequeños propietarios, pero también fue un imán para gente como William Lewis o Fred Powell, cuatreros sin escrúpulos, que vieron en dicho vacío de poder una oportunidad de vida. Estaba claro que los grandes barones no se iban a quedar de brazos cruzados, y esta vez, eligieron una alternativa mucho más discreta, pero más terrorífica…y aquí, en nuestra historia, es cuando debe entrar el protagonista de este post: el legendario Tom Horn. 

Tom Horn.

Tom Horn nace el 21 de noviembre de 1860 en Missouri, en el condado de Escocia. Quinto hijo de doce, sus padres eran granjeros, de fuertes convicciones religiosas, y muy rápidos a la hora del castigo físico. Tanto, que a los 15 años abandonaría el hogar paterno, harto de las continuas palizas que su padre le propinaba. Después de un corto periodo como corro a caballo, terminaría ingresando en el ejército, como explorador, en una de las campañas más duras de todo el siglo XIX: la guerra contra los Apaches.

Pese a su escasa educación académica, su gran talento para la supervivencia, inteligencia natural y vivacidad, llamarían poderosamente la atención de uno de los grandes jefes de exploradores de todas las épocas: Al Sieber. Rápidamente aprendería el joven Horn a hablar, con gran fluidez, el español, el apache, e incluso se comenta que el alemán natal de su mentor. Además se convertiría en un gran explorador, experto tirador y en un duro y paciente rastreador. Más adelante, le sería muy útil todo ese rango de grandes habilidades. Serviría en dicha campaña hasta el final, cuando tenía ya 27 años, y muy molesto por el duro trato que se le daría a los apaches al terminar la contienda. Se dice que incluso fue intérprete en la rendición del gran y legendario chamán Gerónimo…

Al Sieber.
Foto ya mítica de Gerónimo.

Intentó la minería durante una corta temporada. “Muy lenta y pesada”, diría en sus memorias, por lo que comenzaría a participar en rodeos, y torneos de lazo; destacando en ambas. Pero en abril de 1887, se trasladaría a Pleasant Valley, Arizona, donde caería en medio de una de las guerras ganaderas más brutales de finales de siglo, la que enfrentaría a dos grandes clanes: los Graham, criadores de ganado vacuno, con los Tewksbury, criadores de ovino. Sería empleado como ayudante por el Sheriff del condado de Yavapai, Bucky O’Neil, para luego pasar a ser ayudante en el condado de Apache. En sus memorias declaró que su trabajo era el de un “mediador”, pero se sabe que aceptó “encargos” de uno y otro bando, sin atisbo de pudor alguno. No vería el fin de la guerra, pues dos años después, una detención de ciertos miembros de los Graham terminó en varios de ellos muertos, en un oscuro y rápido tiroteo, a manos de Tom Horn. La guerra acabó en 1892, lisa y llanamente porque ambas familias se habían aniquilado con tanta saña…que ya no quedaba apenas nadie en pie para continuarla.

Se uniría después a la agencia Pinkerton, haciendo de Colorado y el territorio de Oklahoma sus campos principales de actuación. No le gustó el trabajo, pues se sentía demasiado encorsetado y dirigido, lo que le llevaría a frecuentes roces con sus superiores. En una de sus misiones, conocería a uno de los ganaderos más importantes de Wyoming, John Coble, miembro de la WGSA, con quien establecería una amistad que duraría toda la vida.

Allí conoció de primera mano los problemas de los grandes barones, y la necesidad que tenían de cierto tipo de “operativos” que hiciesen cierto tipo de trabajos especialmente sucios, y sin la vergonzosa publicidad de los “invasores de Wyoming” o los linchamientos de mujeres. La libertad era casi total, y la paga era muy buena; llegando a cobrar incluso unos astronómicos 600 $ por muerte. Dejó a los Pinkerton (se dice que incluso lo echaron por un turbio asunto que incluía un robo), y se puso a trabajar de “detective de ganado”.

Lewis y Powell no fueron sus primeras víctimas, ni tampoco las últimas; pero sí dos muertes que impresionaron y mucho, y lograron que abandonase el territorio un gran número de colonos. En total, se discute, que aquellos años pudo haber matado entre 25 a 35 personas. Su técnica, siempre la misma: tras los correspondientes avisos, súbitamente y desde la distancia, se recibía un preciso disparo mortal del calibre .30 – 30. No había defensa ante tal fantasma, y se podía recibir en cualquier momento: al salir de casa, al cabalgar, al volver de una buena juerga en el Saloon, mientras se marcaba reses…el terror que ocasionaron tales tácticas fue inmenso, y además, unos hechos ante los cuales la ley de la época se encontraba impotente: no había testigos, y sí numerosos amigos y empleadores que proporcionaban la adecuada coartada a su “ángel exterminador”.

viernes, 11 de enero de 2013

EL SÁTRAPA DE LOKOT



Uno de los aspectos más olvidados y desconocidos de toda la Segunda Guerra mundial, para el aficionado a la historia militar, fue la lucha contra los partisanos. Tras la guerra, surgió una importante leyenda sobre sus heroicos y desesperados actos, llegando a magnificar muchísimo su verdadera contribución, pero a la vez, tendiendo a ignorar su gran sacrificio y valor. E incluso, ocultando otras dolorosas realidades, como la gran efectividad que los alemanes y sus aliados alcanzaron ya en muchas de sus operaciones en 1944 (algunas realmente osadas), y el gran apoyo que muchas veces tuvieron entre la propia población de los territorios conquistados años antes.

Dos carros T-70 ex - soviéticos y un Hotchkiss H39 ex - francés, pertenecientes a una Sicherung Division.

El tipo y número de unidades empleadas en esta guerra fue enormemente dispar. Algunas bien conocidas y eficaces, como las divisiones de las Waffen SS Prinz Eugen y Florian Geyer. Un número importante de las fuerzas usadas eran divisiones y regimientos de infantería regular de la Wehrmacht. Normalmente eran unidades consideradas de tercera fila, con equipo obsoleto o muy básico, y constituidas por hombres que o bien no eran considerados como físicamente preparados para los rigores del frente, o su edad ya estaba bien avanzada la treintena o cuarentena. El ejército alemán crearía lo largo de la segunda guerra mundial las conocidas como Sicherungs Divisionen (en total, unas 15), compuestas por reemplazos considerados de baja calidad para el ejército regular. Muchos de sus miembros, simples ciudadanos, padres de familia con varios hijos, se vieron súbitamente lanzados a la durísima guerra de guerrillas del frente oriental, enfrentados a un enemigo tenaz y cruel, y convirtiéndose ellos mismos en seres malvados y sin escrúpulos. Pocos volvieron a casa, y aquellos que volvieron, aún hoy, apenas han querido hablar de sus terribles experiencias. Incluso participarían las temibles unidades de la policía militar del ejército, Feldgendarmerie, y una sub sección de la misma, que ejecutaría un gran número de soldados y nazis de retaguardia en el último año de la guerra, los Feldjägers.

Recreador moderno con el uniforme de Feldjäger. La banda roja y esa gorgejera serían especialmente temidas en los últimos años de la guerra.
Sicherung Division, foto tomada al parecer en Bélgica. Obsérvese la disparidad de armamento y equipo.

Otro escalón fueron las temibles SS – polizei schützen regimenters, las grandes formaciones olvidadas de Himmler (se crearían unas 38 en total, que pasarían a control directo de las SS en febrero de 1943). Pensadas como fuerzas de ocupación y con funciones antipartisanas, al principio formadas por numerosos policías civiles, con escaso y anticuado equipamiento, al final tendrían que luchar en primera línea durante las grandes ofensivas soviéticas de 1943 – 1944. Algunas, lo harían con efectividad y arrojo, otras se desbandarían a la primera embestida…pero en todas, lo más común fue su destino: su aniquilación casi completa en dichas ofensivas. Varios de ellos, llegarían a ser más brutales inclusos en los temibles Eisantzgruppen de las SS (como por ejemplo un batallón que en un solo año ejecutó a 38.000 civiles rusos, batiendo la marca de dichas unidades nazis)), pero apenas se enjuiciarían a sus integrantes supervivientes, que volverían en la Alemania de posguerra a realizar funciones de policía.

Eisantzgruppen en plena "faena". Y es una foto de las suaves...


Pero había otro tipo de formaciones, muy olvidadas incluso en la historia de los países ocupados, por la inmensa vergüenza que suponían: las unidades auxiliares. Constituidas a partir de los propios habitantes del lugar, nunca faltarían a los alemanes un buen número de voluntarios dispuestos a cooperar en tareas de seguridad y antipartisanas, siendo, por lo general, incluso más brutales que las propias formaciones de las SS, y responsables de un sin número de crímenes de guerra y atrocidades.

Tropas de seguridad alemanas, ejecutando civiles, acompañadas de un "auxiliar" del lugar. Nunca faltaron voluntarios nativos...

Y entre todas ellas, destaca una por encima de todas: la infame Brigada Kaminski.

Bronislaw Vladislavovich Kaminski, nació el 16 de junio de 1899 en Vitebsk. Estudió ingeniería química en San Petersburgo, y llegó a servir en el ejército rojo durante la guerra civil rusa. Sufrió la gran purga de 1937, en la que fue condenado a trabajar varios años, como ingeniero químico, en la destilería de Sharashka, en la región de Bryansk. Una vez liberado, se le “reasignó”, con el mismo trabajo en una destilería, a la región de Lokot, en una zona creada para aquellas personas condenadas, que tras cumplir la pena impuesta, se les prohibía, por sus actos antirrevolucionarios, volver a su domicilio habitual. Y éste es el primer gran punto oscuro de su biografía. Conociendo un poco la gran severidad de las penas que se imponían en ese periodo, sorprende ver la “blandura” de la que se aplicó a Kaminski, lo que ha llevado a muchos historiadores a sostener la teoría de que fue debida a que, seguramente, tras ser detenido, cooperó plenamente con la NKVD. Fuera como fuese, no hay duda que el hecho le causó un profundísimo resentimiento contra su gobierno.
Bronislaw Kaminski.


En octubre de 1941, los alemanes conquistaron dicho área, y casi desde el primer momento, encontraron una colaboración importante por parte de la población local. En noviembre de 1941, acompañado de un profesor de una escuela técnica llamado Konstantin Voskoboinik, propusieron a los ocupantes germanos la creación de una administración local, con milicia propia. Aceptaron encantados, constituyendo el inicio de lo que se llamaría la “autonomía de Lokot”, en muchos textos, y el comienzo, con poco más de dos centenares de hombres, del Russkaya Osvoboditelnaya Narodnaya Armiya, o RONA.

Los comienzos fueron difíciles: apenas dos centenares de hombres, sin apenas material (los alemanes, a estas formaciones, casi nunca les suministraban algo útil) y sin uniformes ni calzado apropiado. Pero estamos a finales de 1941, y esa parte de Rusia, era un inmenso campo de material desperdigado, desde armas ligeras, pasando por arsenales de munición, e incluso material pesado como carros soviéticos abandonados o piezas de artillería.

Beutepanzer T-26. Fueron muy usados en tareas antipartisanas.

El RONA comenzaría sus actividades antipartisanas en la primavera de 1942, y rápidamente alcanzaría unos efectivos de varios millares. Para 1943, contaba con unos 10.000 a 12.000 combatientes, equipados hasta con piezas de artillería y una compañía de carros, con diversos ingenios ex – soviéticos: desde KV-1s, pasando por T-34s (se habla de que llegaron a contar hasta con 20 de ellos, y como comparativa, por ejemplo la Das Reich, en la batalla de Kursk, alineó unos 25 de una factoría de Kharkov), y los más ligeros T-26 y BTs. En el territorio de Lokot, la norma para sobrevivir era bien clara: total sumisión a Kaminski y sus secuaces. Voskoboinik había muerto el 8 de enero de 1942, en un ataque partisano liderado por uno de los guerrilleros más famosos de la guerra en el frente del Este: Alexander Saburov, dejando así el terreno libre al brutal mandato de Kaminski.

Alexander Suburov.


La autonomía de Lokot (conocida en archivos como el área de retaguardia 532) fue regida como una auténtica satrapía, en la peor de las acepciones de la palabra. Todo exceso y brutalidad tuvo cabida en tal territorio, hasta el extremo en el que el famoso Chateu de Silling de la novela del Marqués de Sade “los 120 días de Sodoma” (que muchos conoceréis más por su adaptación a la gran pantalla por Passolini, en su inquietante “Saló”) queda a nivel de una guardería comparado con el gobierno de dicho lugar. Y no sólo a nivel personal, sino también sus desafortunados habitantes, eran esquilmados con gravosos impuestos, o robados directamente ante cualquier capricho o necesidad. Enfrentarse a dicha situación, e incluso una actitud que se considerara “tibia” de afección al régimen imperante, era durísimamente castigada.

Partisanos Soviéticos.


Los soviéticos no cejaron en sus esfuerzos en conseguir que la región fuese ingobernable, dedicando hombres y material a consolidar a un potente movimiento partisano. No lo consiguieron, la brutalidad del RONA era legendaria, y los apoyos a la resistencia no sólo escaseaban, sino que eran eliminadas personas y lugares ante la más mínima sospecha de desafección. Los alemanes estaban encantados, de tener una región segura por donde pasar sus suministros al frente…bueno, no tan segura, pues rápidamente se dieron cuenta de la rapacidad de los hombres de Kaminski, y su gran capacidad de rapiña de todo lo que estuviese cerca de ellos, y que tuviese el más mínimo valor o utilidad.

En el verano de 1943, Bryansk fue liberada, con una activa participación de grupos partisanos, ansiosos como sus colegas del Ejército Rojo, de cobrarse comprensible venganza sobre tan temibles gobernantes. Y ahí el RONA comenzó a demostrar su valía como tropas de primera línea: absolutamente ninguna, retirándose a la desbandada al primer ataque serio de varios regimientos de fusileros.

Libertadores de Bryansk: partisanos...
y soldados del ejército rojo.


A la caída del área 532, siguió la retirada, no sólo de 15.000 combatientes (que menguarían por un alto número de deserciones), sino también de 10.000 civiles, 1.500 cabezas de ganado, y todo el tren de artillería y blindados que les quedaban. Una auténtica tribu germánica en plena migración, un espectáculo del siglo IV D.C. en 1943…pero un espectáculo para ver de bien lejos, pues rápidamente, en su retirada hasta el área de Lepel, cerca de Vitebsk (en la actual Bielorrusia), se harían famosos por ser una auténtica nube de langostas, arrasando, y cometiendo todo tipo de crímenes por los territorios por los que pasaban.

En la primavera de 1944, se emplearía al RONA en varias operaciones de gran calado contra los partisanos del frente central. Las operaciones Regenschauer, Frülingfest y Kormoran, serían largamente exitosas y causarían graves daños a la infraestructura de la resistencia en dichos lugares. El que los partisanos soviéticos, antes de la operación Bagration en junio de 1944 fuesen capaces de causar graves daños y preocupaciones en la retaguardia de las fuerzas alemanes, después de tan severo castigo, dice mucho de su valor, tenacidad y capacidad de recuperación.

Foto de miembros de la Sicherung division 4 en la operación Kormoran.


El RONA en dichas operaciones se lució de lo lindo…todos los mandos que los tuvieron bajo sus órdenes se quejaron agriamente, sin excepción. Eran brutales, voraces en el saqueo incluso en la propia retaguardia alemana, salvajes en su trato con los civiles y prisioneros (más aún que las SS, que ya es decir), e inútiles en combate. Eran famosos por huir al primer enfrentamiento serio, ser indisciplinados y estar borrachos casi de continuo, y carecer de la más elemental competencia táctica. Ahora, como saqueadores, eran de primer orden.

Partisanos soviéticos en el frente central. Pese a las operaciones de comienzos de 1944, su esfuerzo para paoyar las ofensivas de verano de ese año fue enorme.


El año 1944 vería su traslado a Alemania. Seguirían causando miles de conflictos en retaguardia, y no sólo por sus borracheras y saqueos. Se haría también, tristemente famosos por sus asesinatos, saqueos, insubordinaciones, e incluso aficionarse a secuestrar personal femenino alemán, sobre todo enfermeras, para violarlas en grupo y asesinarlas. En junio de 1944, se convirtió el RONA en la SS – Sturmbrigade RONA, y a Kaminski, se le nombró General Major der SS. La idea era que el RONA se convirtiese en el germen de la 29 Waffen Grenadier Division der SS (Russische Nr 1).

Esos planes se interrumpieron con la sublevación de Varsovia de principios de agosto de 1944. Otra batalla olvidada, y de las más salvajes de toda la guerra. Una batalla, que sigue sirviendo para abrir una insalvable brecha entre rusos y polacos, y es lógicos, pues muchas generaciones tendrán que pasar para poder perdonar la tremenda traición e indignidad de Stalin, de no liberar a la ciudad mártir, estando sus fuerzas más potentes a las puertas de la misma, y sólo por conseguir ventajas políticas en la posguerra. 

Miembros de la Armia Krajowa.
otro miembro de la Armia Krajowa. El subfusil es el Blyskawica de 9x19 mm, diseñado y fabricado por la propia resistencia polaca.


El RONA fue asignado a limpiar el sector de Ochota, cerca del centro de Varsovia. El asalto se planeó el 5 de agosto…pero no se llevó a cabo, pues los miembros de dicha unidad, o estaban borrachos o estaban saqueando las viviendas del lugar. Lo peor vino a continuación…en vez de enfrentarse a los partisanos polacos, se dedicaron a saquear y quemar todo el distrito, a matar a sus habitantes, y a violar a toda mujer que tuviese el infortunio de encontrarse allí. No se salvó siquiera uno de los centros punteros del tratamiento del cáncer en la Europa de los años treinta, el Institut Radowy, fundado por la mismísima Marie Curie. Tras ser saqueado, y violado el personal femenino, todos los que estaban allí (80 pacientes y 90 miembros del personal) fueron ejecutados. A los supervivientes se les llevó a un mercado de abastos, que sería conocido como el campo Zieleniak, donde seguiría la misma estela de crímenes hasta finales de agosto de 1944.
Institut Radowa en la actualidad.
Placa conmemorativa de la masacre en el lugar.

Como era de esperar, el valor en combate de los secuaces de Kaminski siguió siendo ínfimo. Sus combates eran siempre los mismos: nunca se respetaba la hora de inicio con las unidades vecinas, ocupaban las posiciones de avanzada polacas, y se paraban a matar y saquear, especialmente las bodegas que se encontraban a su paso. Si continuaban, caían sin parar en emboscadas tendidas por los expertos partisanos polacos, así que tendían a no moverse de los primeros edificios. Las quejas de las unidades vecinas, y de las de retaguardia no paraban de aumentar. Al final, el RONA sufriría 500 bajas en toda la revuelta de la capital polaca.
Miembros del RONA en Varsovia.

Hasta un mando tan brutal como el Obergruppenführer Erich Von Dem Bach-Zelewski se quejaría al mismísimo Himmler de la falta de valía del RONA y del salvajismo que empleaban tanto con amigos como con enemigos. Así que se decidió retirarlos a un sector más tranquilo y apartado: el bosque de Kampinos, al oeste de la ciudad. 
Obergruppenführer Erich Von Dem Bach-Zelewski, en la posguerra, y tras reconocer públicamente sus atrocidades, recibió una condenasorprendentemente leve.

Allí a finales de agosto de 1944, los partisanos polacos se cobraron su venganza. Liderados por el teniente coronel Dolina, cuyo nombre real era Adolf Pilch, uno de los grandes héroes de la Armia Krajowa, atacaron la unidad de artillería del RONA a primera hora de la mañana. No pudieron elegirla mejor, pues sus contrincantes estaban todavía bien afectados por el alcohol de la noche anterior, y dormitando en el pueblo de Truskaw. Mataron a más de un centenar, y el resto huyó dejando abandonado todo el equipo pesado, y numerosas armas con sus municiones. Fue la gota que colmó el vaso.

Más del 90% de la ciudad quedó destruida al terminar la batalla...

Kaminski fue llamado a una conferencia de mandos en Lodz, a principios de septiembre de 1944. Pero lo que le esperaba era un consejo volante de guerra de las SS. No me atrevo a tratarlo como un juicio de opereta, pues si bien los acusadores precisamente no podían ejercer de tales, bien es cierto que todos los cargos de los que fue acusado eran bien ciertos, y en especial de aquellos en los cuales se le echaba a la cara su brutalidad con civiles y prisioneros…por parte de las SS…realmente increíble.

La sentencia fue rápidamente cumplida, y Kaminski fue fusilado, en fecha indeterminada, poco tiempo después (otras fuentes aseguran que fue ahorcado). Y para evitar sublevación de su gente, la GESTAPO, orquestó una falsa puesta en escena de su suerte, como si su coche, camino de la conferencia hubiese sido objeto de una emboscada de los guerrilleros polacos. Fue el final de su infame brigada…

Los supervivientes, es decir, los que no desertaron, acabarían engrosando las filas del ejército ruso de liberación de Vlasov (el POA), mientras que los civiles que los seguían acabarían realizando trabajos forzados para los alemanes en Pomerania. La 29 Waffen Grenadier Division der SS, al final fue formada, pero con fascistas italianos, siendo la Italienische Nr. 1.  Después de la guerra, tanto soviéticos como polacos, perseguirían activamente a los miembros del RONA para enjuiciarlos por sus brutales crímenes. Pocos eludirían la pena de muerte, ni siquiera el último, juzgado en fecha tan tardía como 1978.

Ejército de Vlasov al combate en uno de sus T-34

Desde luego, si en este mundo hay una vara que mida tu maldad y crueldad, seguro que no logra superar a que te ejecuten las propias SS a las que perteneces, por crueldad con los civiles y prisioneros del enemigo…

Emblema del RONA.
 



jueves, 13 de diciembre de 2012

LA CURIOSA HISTORIA DEL DETENTE - BALA



Sigue pareciéndome realmente extraño cómo germinan y se desarrollan las ideas de las entradas de este blog, pues aunque os aseguro que la mayoría comienzan de forma muy simple, mediante la lectura de algún libro o artículo que me da la idea, otros siguen caminos un poco más tortuosos.

De inicio, este post iba a ser para recomendaros las excelentes crónicas que la corresponsal de El Mundo, Mónica Bernabé, a quien ya le he dedicado un post, está enviando desde la provincia afgana de Bagdhis, mientras está empotrada con las tropas españolas. Y de cómo refleja su vida cotidiana y preocupaciones, y también operaciones militares y sus dificultades; sin olvidar tampoco la mirada experta sobre la sociedad afgana y sus miembros. Queda aquí hecha la recomendación.

Mónica Bernabé en una de sus últimas crónicas desde Afganistán. Fuente El Mundo.es
 
Pero uno de sus artículos, me llamó poderosamente la atención. Éste concretamente: “Locos por las tabletas”, del cual os dejo el link: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/01/espana/1354356487.html. En dicho artículo había este bien curioso párrafo: “Aún así el páter afirma que las nuevas tecnologías no lo son todo. Por ejemplo, explica que los soldados se vuelven locos por tener un "detente bala", una estampita pequeña en forma de huevo con la imagen de la Santa Inmaculada, patrona de la Brilat, y una inscripción que dice: "Detente, el Corazón de Jesús está conmigo". Los militares siempre llevan la estampita encima, con la fe de que eso les servirá para regresar a casa sanos y salvos.”.

Comentando el citado párrafo con unos amigos, bien aficionados a la historia militar, me llevé la sorpresa porque desconocían que era eso del “detente-bala”, por lo que me animaron a escribir el siguiente post.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y al de la Virgen María, dentro de la religión católica, constituye una de las más importantes que existen en la misma. El origen de la devoción al de Jesucristo se origina, al parecer en la alta edad media ya, pero la inmensa mayoría de los textos otorgan su desarrollo y difusión a la figura de Santa Margarita María Alacoque (1647 – 1690), de la orden de Visitación de Santa María. La santa en sus visiones (especialmente la del Corpus Chiristi de 1675), refirió a la jerarquía eclesiástica que Jesús se le aparecía, y le enseñaba su corazón, que había sido consumido y extinguido por amor a los hombres, no recibiendo más que ingratitud, y exhortándola a que difundiera la veneración a su obra. El confesor de la santa, el padre, San Claudio de la Colombiére, fue el primer propagador de dicho culto, al que luego se adscribirían los jesuitas, que lo universalizarían por todo el mundo. Si visitáis iglesias de Francia, podréis comprobar que el culto al Sacre Coeur, ya sea de Jesús o de María, está ampliamente difundido, y son numerosísimas las capillas dedicadas al mismo.
la más famosa iglesia dedicada al Sacré Coeur...

Santa Margarita para difundir el culto comenzó a coserse en el interior del hábito, y cerca del pecho, una imagen del corazón de Jesús. El signo apenas ha variado desde entonces: es un corazón, rodeado de una corona de espinas, coronado por la cruz, y con llamas ya rodeando al corazón, a la cruz sola o a todo el conjunto (el de la Virgen María, es parecido, y aunque hay varias versiones, la más común es el corazón en llamas, sin cruz, con una corona que no es de espinas, y habitualmente atravesado por una o varias espadas). Asimismo, exhortó a las hermanas de su congregación a llevar cosido el citado símbolo.
Santa Margarita María Alacoque.

El culto de forma inmediata se hizo muy popular, y no sólo cosido a las ropas, sino también en plaquitas metálicas, de los más variados materiales, que en un principio pasaron a colocarse en las viviendas. Seguro que muchos, en la casa de vuestros abuelos o familiares de más edad, habéis visto la famosa plaquita de Jesucristo señalándose el símbolo de su corazón, y la leyenda de “Dios bendiga cada rincón de esta casa”. Pues aquí tenéis su origen.

Pero, ¿cómo llega a convertirse en un símbolo portado por nuestros militares? Es bien cierto que a lo largo de la historia, el horror y la incertidumbre de la guerra han llevado a los hombres a refugiarse en su religión, adoptando ciertas creencias, desechando otras, e incluso adaptando sus cultos a dicha realidad. No hay más que leer un poco sobre el culto de Mitra en el imperio romano y la gran difusión entre sus legionarios y auxiliares. El soldado, necesitado de aferrarse a símbolos que le dieran algo de seguridad y esperanza no dudó en portar numerosos objetos de claro significado religioso, desde los collares  de los Mau Mau, pasando por las camisas sagradas de los indios de las llanuras. Todos ellos tienen su particular historia y origen en un momento muy especial.
bello ejemplo de camisa ceremonial india. Podían ser aún más simples.

En los años en los que Santa Margarita populariza el culto al Sagrado Corazón de Jesús, no nos podía ir peor. El otrora poderoso imperio español estaba convertido en jirones, despojos sobre los que las emergentes potencias europeas como Inglaterra, Francia u Holanda se precipitaban a su saqueo. Los ejércitos españoles vencidos y aniquilados, y una intensa crisis económica y social sacudía lo poco que quedaba en pie. A la cabeza, un rey, signo palpable y bien visible de la decadencia, con las inmensas taras de la continuada consanguinidad de los Austrias, de nombre Carlos II, considerado hechizado por numerosos de sus súbditos al haberle hecho beber, de muy niño, una taza de chocolate caliente en la que se habían disuelto los sesos de un ahorcado, y del que sus propio padre, el rey Felipe IV decía que había sido fruto de “un coito menguado”. El único que había hecho algo parecido a un buen gobierno era su hermanastro, bastardo del Rey Felipe IV con su amante “la calderona” (Doña María Inés Calderón), y de pomposo nombre: Don Juan José de Austria, personaje ambicioso e intrigante, que incluso había intentado portar él mismo la corona tratando de desposarse con una de sus hermanastras.

D. Juan José de Austria. Fascinante y poco conocido personaje de nuestra historia.

Si ir antes a combatir bajo las banderas del Rey, en la plenitud de los ejércitos de su católica majestad, era un negocio arriesgado, y de resultados muy inciertos, pues la muerte o la deformidad, ya fuese por la guerra o la enfermedad, siempre estaban presentes; cuando los bastos era el palo que pintaban y las derrotas eran numerosas y bien gravosas, el negocio se trocaba en pena de casi galeote, cuando no de muerte prácticamente cierta. De forma casi inmediata, a los soldados que partían en expedición, y abandonaban su hogar, la familia les comenzó o bien a entregar una pequeña chapita metálica con el Corazón de Jesús, o a coser con sus propias manos, unas pequeñas almohadillas de tela, con la imagen, y con leyendas bordadas relativas al culto, del estilo de “el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo” o “yo reinaré sobre tus enemigos”. Mediante dos finas láminas de tela, se llevaba anudado al cuello, y por dentro del uniforme.
El último Tercio. cuadro de Ferrer-Dalmau.

La simbología del Sagrado Corazón de Jesús en el catolicismo es bien importante. Representa una parte humana de Jesús, que sufre, siente dolor, angustia, desesperanza e incomodidad con el fin de lograr la redención. Muestra las vivencias del hijo de Dios desde el huerto de Getsemaní hasta su crucifixión, desde el miedo y el dolor, pasando por la esperanza, la entrega y el valor. Y la seguridad de volver, pasados los padecimientos, y cumplida la misión encomendada, al hogar de donde se partió. Como se puede deducir, para un soldado católico observante de su religión, el símbolo es poderosísimo, a lo que se añade que ha sido confeccionado por aquellos a los que siente proteger, como son su madre, hermanas, novias o mujeres; añadiendo además a lo antes descrito, un pedazo de al añorado hogar; y con la ventaja de que se trata de un objeto cuyo valor material es ínfimo, al contrario que una medalla de oro o plata, y cuya verdadera valía reside en el sentimiento íntimo que causa a su portador.
ejemplo de Sagrado Corazón en tela

El símbolo no es un escapulario, por lo que significa que no precisa ni una bendición especial (lo que no impide que sean frecuentemente bendecidos) ni una ceremonia especial para darles tal carácter. Basta con portarlo con devoción. Además, el papa Pío IX en 1872, concedió una indulgencia plenaria de 100 días, a aquellos que lo usaran, y una vez al día rezaran un padrenuestro, un avemaría y el gloria. La indulgencia es:”la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia”. La plenaria, además, borra todo rastro de pecado, dejando el alma lista para entrar en el cielo. Como se puede ver, se convierte así el detente, en algo terriblemente atractivo para un soldado, católico practicante, enfrentado a los avatares del conflicto.

otro ejemplo en tela, podían ser tan sencillos como éste.

¿Y cómo surge lo del término Detente – Bala? Pues mucha leyenda, y poca historia concreta. La primera reseña histórica del término Detente, proviene no de una guerra, sino de una enfermedad. En Marsella, en 1720, se declaró una intensa epidemia con una gran mortandad. La venerable Ana Magdalena Rezumat, que en visiones había visto la llegada de la plaga, comenzó a confeccionar unos pedazos de tela blanca, con el corazón de Jesús, y la leyenda “Oh, Corazón de Jesús, abismo de amor y misericordia, en ti confío”. Se hicieron muy populares, y de inmediato se comenzó a fabricar una versión en plaquita metálica de bordes rojos, cambiando, no se sabe bien cuando, la inscripción a “Detente, el Corazón de Jesús está aquí”. Con la gran extensión del culto también en Francia, los soldados franceses comenzaron a llevar, en gran número, a sus conflictos las citadas chapas, ya muchas con la inscripción posterior. Durante la revolución francesa y el imperio napoleónico, se consideraría un signo antirrevolucionario (y peligroso de portar), que volvería a recobrar su uso, con fuerza, tras la restauración borbónica, portándolo los soldados franceses hasta después de la segunda guerra mundial.

En España, se siguió usando mucho la tira de tela antes descrita, ya bien anudada al cuello, o cosida en el interior del uniforme; sin perjuicio del uso de placas interiores de metal, parecidas a las francesas. En cada conflicto en las que nuestras tropas participaron, se portaron los famosos detente-bala del Corazón de Jesús, atribuyéndoles no pocos milagros, y el regreso al hogar de muchos de sus portadores, que los conservaron con gran esmero hasta el final de sus días. 
no todos los detentes eran del Sagrado Corazón. Procedente de la guerra de independencia, muestra a la Virgen del Pilar. Fuente: historiasdebadajoz.blogspot.com

Una de las historias más famosas, la recoge el excelente blog de Jesús Fidelis (Jesusfidelis.blogspot.com.es), dedicado a la historia y a la recreación medieval, en la que narra el fusilamiento de cuatro soldados españoles por los insurrectos (revolucionarios para los cubanos, no os enfadéis conmigo…) cubanos de finales del siglo XIX. Al intentar fusilar al primero, su detente bala de metal desvió el proyectil, dejándolo ileso, y gritando milagro. Los cubanos, tan católicos como los españoles, e impresionados por tal hecho, no los fusilarían, y al término de la guerra los devolverían sanos y salvos a su gente. Reconocedme, que si eres católico y al fusilar a alguien te pasa esto, desde luego que no vuelves a intentarlo, y aunque seas ateo…el mal rollo que te entra si te dicen que tienes que volver a disparar, es de órdago…

Nuestra Guerra Civil de 1936, y su brutal enfrentamiento ideológico a todos los niveles, haría aún más popular el uso del citado símbolo, especialmente entre Requetés y Falangistas. Aparte del ya descrito de tela colgado al cuello, se harían muy comunes las placas metálicas, colocadas en la pechera izquierda de la camisa, con el corazón de Jesús, y la leyenda “Detente El corazón de Jesús está conmigo”. Otra versión, simplemente sería una placa con el corazón, sin portar leyenda alguna. Sería un símbolo que numerosos divisionarios españoles en Rusia portarían, tanto encima como debajo del uniforme.


¿Quiénes han recuperado en la actualidad esta tradición castrense? Después de brujulear mucho en internet, y a falta de otros datos, parece ser que han sido los integrantes de la VIII Bandera “Colón” de la Legión, (Tercio D. Juan de Austria, 3º de la Legión), que en su despliegue en Afganistán a principios de 2012, y de forma voluntaria, portaron los donados por la Hermandad del Cristo del Perdón de Elche y los amigos de las FAS de Jaén, según cuenta el Teniente Coronel D. Carlos Salgado Romero, en la revista Armas y Cuerpos de la Academia General militar (AGM).

  Como cualquier capellán castrense os puede explicar, el detente – bala, no es un amuleto. Y de hecho pese a las historias contadas sobre sus acciones milagrosas no se espera que detenga los proyectiles. Es un símbolo de oración, de fe para el que lo lleva, que representa desde el sufrimiento y las privaciones de su vida como soldado en guerra, pasando por el valor y el sentido del deber que imponen, el deseo de contar con una protección, un consuelo y la esperanza del seguro y pronto retorno a casa. Así que mientras España siga teniendo que enviar tropas a lugares en conflicto, seguirán llevando nuestros soldados un trozo de tela, metal o de cualquier otro material, con la oración, ya famosa de “Detente, el corazón de Jesús está conmigo”.

Una última reflexión personal. Aunque me sienta contento por ver recuperar una tradición más de nuestras fuerzas armadas, no puedo evitar un punto de profunda tristeza. Pese a los avances tecnológicos y sociales, y a la mejora de las condiciones de vida, la guerra nunca cambia, y los que se ven abocados a ella, siempre seguirán sufriendo dolor, incertidumbre, añoranza, angustia, sufrimiento y miedo. Y como sus ancestros, seguirán buscando refugio en los mismos símbolos, que una vez confortaron a sus tatarabuelos. Quizás es que deba ser así, y como decía el General Robert E. Lee: “es una suerte que la guerra sea tan terrible, si no, terminaría por gustarnos demasiado”.